Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas

viernes, noviembre 24, 2023

116. Racionales

 

Somos racionales para razonar nuestros actos.

* * * * *

El hombre es racional y la razón es un don que nos asemeja a Dios. Por medio de la razón podemos discernir entre lo bueno y lo malo y distinguir lo que nos hace bien de lo que nos hace daño. Por la razón el hombre es capaz de elevarse sobre el mundo material y trascender las cosas y los animales y preguntarse por el origen de todo lo que existe y por el sentido de su vida. Puede ir más allá de lo que ven sus ojos y conocer las cosas por su realidad interior superando las simples apariencias.

Chesterton decía que «para entrar en la Iglesia hay que quitarse el sombrero, no la cabeza». Dios que nos ha creado racionales no quiere que dejemos de pensar, ni que nos comportemos como autómatas, al contrario, desea que utilicemos la razón para conocernos a nosotros mismos y para conocerle a Él como nuestro Creador.

En nuestra propia naturaleza se encuentra la capacidad –que a la vez es obligación– de ser razonables, de pensar y argumentar, de vivir cabalmente y no de otro modo. También de conocer nuestras limitaciones y posibilidades. Una razón autónoma y orgullosa se convierte en una razón enloquecida que se cree todopoderosa hasta la violencia y el holocausto.

El hombre no nace enseñado sino que debe aprender a vivir y en ese aprendizaje se recorre toda la vida. Como todas las potencias humanas la razón debe desarrollarse y se perfecciona por medio de la sabiduría la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Persuadido por la sabiduría el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.

La razón debe estar a la altura de su Creador y ser una razón que, aun siendo humana, no se conforma con certezas comprobables sino que aspira a buscar la razón última de las cosas. Una razón que se deja iluminar por la fe para alcanzar el conocimiento de lo que no podemos alcanzar con nuestras solas fuerzas. Una razón que no se conforma con conocer cómo es la vida del hombre, sino que aspira a conocer para qué es la vida del hombre.

Puesto que el hombre no se ha creado a sí mismo  debe saber responder al sentido último de su existencia para tener una vida lograda. Una cultura y una filosofía que no den respuesta al sentido de la vida humana no serán válidas y empujarán al hombre a la desesperación. Por esto, en la actualidad resuena con nuevo significado la máxima latina sapere aude (atrévete a saber, ten el valor de usar tu propia razón) para no dejarse engañar por los prejuicios de la cultura posmoderna que ha renunciado a buscar la verdad. ■

 

Bibliografía

1.  Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 15 y ss y 57 y ss.

2.  Catecismo Iglesia Católica, n. 1730, 1778.

3. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. n. 114

4.  Benedicto XVI, Enc, Deus caritas est, n. 28.

5.  San Juan Pablo II, Enc. Fe y Razón, n. 80 y ss.

domingo, septiembre 24, 2023

114. La realidad

Importa mucho conocer la realidad que nos rodea.

* * * * *

 

Las cosas son lo que son, ¿y qué es lo que son las cosas?, pues lo que son. El único dato cierto y seguro es la realidad de todo lo que nos rodea. Si no acertamos sobre lo que son las cosas y nosotros mismos andaremos por la vida confundidos.

La cultura actual no reconoce la realidad de las cosas y esta situación provoca que el hombre moderno no llame a las cosas por su nombre y piense que la realidad es su propia opinión sobre la realidad, que no es lo mismo.

El hombre actual tiende a vivir de emociones y sentimientos: a mí me parece…, yo siento… Y se olvida que las cosas son lo que son y que su realidad más íntima es la que las define. No se trata tanto de cambiar las palabras y llamar a las cosas de otra manera para intentar evitarlas. Esto es intentar engañarse con eufemismos. El problema es no reconocer lo que está delante de nuestros ojos y vivir equivocados. Pensar que cada uno puede seguir sus propias normas morales; creer que la importancia de los sucesos depende de la emoción que nos causen y no de su propia trascendencia objetiva; entender que sólo existe aquello que siento y padezco, mientras que la realidad que no siento es como si no existiera.

Nosotros somos hombres y mujeres actuales y ésta es la cultura en la que vivimos. Podemos dejarnos llevar por la corriente y pensar que las cosas son lo que cada uno entiende que son o podemos pensar y razonar que las cosas son lo que son, su propia realidad objetiva: lo sienta o no lo sienta, me emocione o me deje frío, lo entienda con mis razones o no entienda nada. Porque al final, y eso es lo que importa, las cosas son lo que ellas mismas son.

Por todo esto, pienso que nos importa mucho conocer la realidad que nos rodea, comprenderla y, sobre todo, descubrir la realidad más íntima de las cosas para no ir despistados por la vida. Hay cosas que son importantes y otras que no lo son, aunque nos parezca lo contrario; hay algunas cosas, pocas, pero algunas, que son fundamentales en mi vida: no todo da igual. Hay cosas que están bien y otras que están mal, sienta yo lo que sienta. Y de que acertemos en vivir nuestra vida conforme a la realidad de las cosas y no despistados depende que vivamos una vida con sentido o no.

Para esto es bueno empezar por conocer la realidad del hombre.■ 

domingo, junio 11, 2023

113. Contracorriente

 

Llevamos nuestro ambiente y nuestra cultura allá donde vamos.

* * * * *

Somos padres y madres y eso no es un simple hecho biológico. Es un derecho fundamental y, al mismo tiempo, es un deber que nos obliga en  conciencia. Derecho a educar y formar a nuestros hijos como pensamos que les conviene. Y deber de no abandonar la misión, ni delegarla en terceros sin ninguna supervisión. Son nuestros hijos.

Educamos a nuestros hijos para que puedan ser felices en la vida: para que tengan una vida lograda. Esto no es equivalente a educarlos para ser hombres y mujeres de éxito, triunfadores. No siempre el éxito es sinónimo de felicidad. Pero tenemos el derecho y el deber de enseñarles a descubrir lo importante de la vida y a saber despreciar los señuelos de felicidad que les puedan deslumbrar.

En definitiva, los padres tienen el derecho y el deber de formar las conciencias de sus hijos. Porque lo más digno para cualquier persona es ser leal a lo que su conciencia bien formada le presenta como verdad, una verdad que no oprime ni limita, sino que les hace libres.

La cultura actual –bien lo sabemos– no va por estos caminos. Por decirlo de una manera suave, la cultura actual ha vuelto la espalda al sentido común, al orden natural de las cosas. En esta situación, la tentación es segregarse, apartarse del mundo y formar un pequeño y reducido grupo de amigos y familiares que piensen como nosotros y ahí, en esa zona de seguridad, educar a nuestros hijos.

En mi opinión, eso no sería una buena idea porque, entre otras cosas, no solucionaría el verdadero problema que es educar a nuestros hijos para la vida. ¿Qué sucedería cuando los hijos abandonen la casa familiar y con ella abandonen la zona de seguridad? ¿Acaso nos les estaríamos educando en un mundo irreal?

No se trata de apartarse del mundo. Se trata de transformar el mundo estando en el mundo. No se trata de combatir una cultura descabezada y loca, sino que se trata de cambiar la cultura llevando nosotros mismos nuestra cultura. Hacer ambiente donde no hay ambiente. Pero para crear ambiente y cultura es requisito ineludible estar presente en el ambiente y en la cultura.

Estar presente es participar y tomar parte activa en la vida social. Es decir, estar presentes en los actos, en las reuniones, en las asociaciones, en las juntas, en la vida pública. No se cambia una sociedad solo con el pensamiento o con el deseo, por muy excelentes que sean, sino con hechos concretos. Hechos concretos como pueden ser algunos de los siguientes:

1.- Defender la dignidad de la persona haciendo descubrir que el hombre es siempre un valor en sí mismo y eso constituye el fundamento de la igualdad de todos los hombres.

2.- Venerar el inviolable derecho a la vida humana en cada fase de su desarrollo, desde la concepción hasta la muerte natural y cualquiera que sea su condición de salud o minusvalidez.

3.- Exigir el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre. No se trata de ser confesional sino de respetar la relación personal de cada hombre con Dios.

4.- Reconocer el valor insustituible de la familia para el desarrollo de la sociedad. La primera dimensión social del hombre es el matrimonio y la familia.

5.- Multiplicar el servicio de la caridad como lo que va más allá de la justicia hasta superarla atendiendo a todas las necesidades del ser humano.

6.- Participar activamente en la acción política promoviendo el bien común de todos los hombres con espíritu de servicio a toda la sociedad.

7.- Situar al hombre en el centro de la vida económica y social, en la organización del trabajo  y de la economía, convirtiendo el lugar de trabajo en una comunidad de personas y no de intereses.

8.- Hacerse presentes en el mundo de la ciencia, la investigación, la universidad, la creación artística y la reflexión filosófica.  En especial, hacerse presente en los medios de comunicación social para transmitir un estilo de vida conforme con la dignidad del hombre.

Los padres y las madres que quieren lo mejor para sus hijos no renuncian al mundo, sino que intentan mejorarlo.■

 

Bibliografía

1. Exhortación apostólica Christifideles Laici, Juan Pablo II,  Roma, 30 de diciembre de 1988, nn. 36-44.

2. Exhortación apostólica, Amoris Laetitia, Francisco, Roma, 19 de marzo de 2016, nn. 263 y ss.

3. Mariano Fazio, Contracorriente hacia la libertad, Ed. El buey mudo, 2021.

viernes, mayo 12, 2023

112. Posverdad

 

La cultura actual prescinde de la razón y vive de las emociones.

* * * * *

La cultura actual entiende que las cosas son lo que a cada uno le parecen. Esto significa que no reconoce una realidad propia de las cosas: las cosas no son lo que ellas mismas son. Y esto supone que se ha renunciado a la realidad objetiva de las cosas.

Al negar la existencia real de las cosas, lo único que se acepta es el valor de la propia experiencia personal: el “yo creo”, “yo pienso”. Por tanto, deja de existir el bien y el mal como realidades objetivas, independientes de las opiniones personales y se sustituyen por los “me parece bien” o “me parece mal”. Es la cultura actual de la “posverdad”.

El relativismo niega la existencia de cualquier verdad, todo es relativo y depende de las circunstancias. Salvo una cosa: el relativismo, que es una afirmación tan verdadera y tan absoluta que nadie puede cuestionar. Hasta tal punto, que el que se atreva a afirmar que el relativismo es cuestionable será condenado como hereje por atreverse a dudar de la verdad del relativismo. Es la dictadura del relativismo que resulta ser la verdadera amenaza para la verdad en el siglo XXI, en lugar de la religión, como muchos postulan.

El nihilismo postula que no hay nada que valga del todo y para siempre, no hay nada de valor en esta vida y nada hay después de esta vida: todo es nada. La vida se convierte en sólo una experiencia para adquirir sensaciones pasajeras que dan paso a otras sensaciones que les suceden, donde nada es definitivo.

Por tanto, no existe ninguna referencia absoluta y, en consecuencia, todo está permitido con tal que se pueda realizar. Y, en última instancia, se podrá realizar si se impone por el uso de la fuerza.

Cuando no existe una razón válida para hacer algo, la única apelación posible es el propio sentimiento, o las emociones. Ya no haré algo porque esté bien, sino porque “me parece” bien. No porque deba hacerlo por algún motivo, sino porque “siento” la necesidad de hacerlo.

Sin embargo, no se trata de ignorar los propios sentimientos, porque eso sería inhumano. Pero tampoco se trata de ignorar la razón, porque eso también sería inhumano. Se trata de aprender a armonizar la razón y los sentimientos. Y, claro, al hablar de la razón tenemos que aceptar que las cosas son razonables o no razonables, no como a cada uno le parecen. Existe una razón objetiva que se dirige hacia la realidad de las cosas y de las personas.

La consecuencia de esta deriva cultural es que el hombre actual no sabe cuál es el sentido de su vida: ¿para qué vivo? ¿por qué tengo que hacer el bien y evitar el mal? ¿qué hago en este mundo?

Si el hombre se hubiera hecho a sí mismo podría saber el sentido de su vida, sabría para qué existe. Pero no es así porque el hombre no se ha creado a sí mismo. Sólo el origen del hombre puede explicar el sentido de la vida del hombre.

La posverdad nos enseña que cuando se renuncia a la verdad su vacío lo ocupa la violencia en estado puro. ■

 

Bibliografía

1.   JUAN PABLO II, Enc. Fe y Razón, nn. 46, 81, 90, 91.

2. ORIENTACIONES MORALES ANTE LA SITUACIÓN ACTUAL DE ESPAÑA.- Instrucción Pastoral de la LXXXVIII Asamblea Plenaria de la CEE. Madrid, 23 de noviembre de 2006.

3. FERNANDO RODRÍGUEZ-BORLADO. Causas de una juventud anémica, Aceprensa, 27 enero 2022.

4. GREGORIO LURI,  Precariedad y alarmismo: “Una familia estable es un chollo psicológico”,  Aceprensa, 21 enero 2022.

domingo, abril 02, 2023

111. Posmoderno

 

Además de la razón importan los sentimientos porque el hombre también tiene corazón.

* * * * *

Somos posmodernos porque vivimos en la actualidad que es la posmodernidad. La posmodernidad es la continuación de la modernidad que surgió con la Ilustración en 1789 y cuyo principal postulado era el imperio de la razón que dio lugar al racionalismo. Cuando todo se juzga por la razón humana y sólo se admite lo que la razón acierta a comprender se acaba renunciando a lo que la razón humana no entiende –es decir– se acaba apartando a Dios de la vida pública. Allá cada uno con sus creencias, pero sólo son reales las certezas racionales –dirán–.

La modernidad desembocó en dos guerras mundiales, los totalitarismos comunistas y nacionalistas, los gulag, los campos de concentración, el holocausto del pueblo judío, la hambruna china con sus millones de muertos de hambre, etc. Postuló todo para el hombre pero sin el hombre y, a veces, contra el mismo hombre.

El hombre moderno se olvidó del hombre, de cada hombre y de sus sentimientos. Sin embargo, además de la razón importan los sentimientos porque el hombre también tiene corazón. Y la posmodernidad deriva en el sentimentalismo y el individualismo, que es en lo que estamos ahora.

La posmodernidad tiene postulados buenos porque se fija en la persona y en sus sentimientos como algo valioso, digno de protección. Reconoce los derechos humanos, la dignidad de la mujer como igual al hombre, el valor de la ecología  y la naturaleza como algo insustituible que debemos cuidar, la solidaridad de todos los pueblos en las catástrofes, el valor de la paz y la mediación en los conflictos, la negociación como parte esencial en la resolución de conflictos, etc.

Pero la posmodernidad también tiene sus sombras, postulados erróneos que nacen de ideas preconcebidas y son verdaderos prejuicios. Exalta la libertad, concebida como una ausencia de compromisos, una libertad para decir no, en lugar de una libertad para decir sí. Confunde el amor verdadero con el deseo personal, no se quiere el bien de la persona amada, sino satisfacer los propios caprichos. Se muestra incapaz de entender los compromisos definitivos y la fidelidad en las relaciones personales y conyugales porque entiende la vida como un conjunto de experiencias que se suceden donde nada es definitivo. Y, en fin, concibe a la persona humana como una yuxtaposición de dos naturalezas –la animal y la espiritual– que pugnan por convivir juntas en un cuerpo humano, resistiéndose a admitir que existe una naturaleza humana única, animal y racional que no puede separarse.

Conviene conocer las luces y las sombras de la posmodernidad para saber situarse en  nuestra cultura y evitar conceptos erróneos que nos impedirían comprender la verdadera realidad de las personas y de las cosas y, en fin, aprender a aceptarnos como en realidad somos. ■

viernes, marzo 03, 2023

110. Soy racional

 

La capacidad de discernir permite al hombre vivir conforme a los dictados de la razón y no conforme a sus instintos o apetencias.

* * * * *

 

De todos es conocida la sentencia de René Descartes “pienso, luego existo”, la cual aparece en su obra Discurso del método (1637). Fue uno de los principios de la Ilustración y el racionalismo. Se dejaron atrás las creencias y solamente se admitían las certezas: los hechos probados.

Quizás la mejor traducción del original francés “Je pense, donc je suis” —que se tradujo al latín como "Cogito, ergo sum"— sería: “Pienso, luego soy” (“Pienso, por lo tanto soy”). En realidad, viene a afirmar que lo propio de los hombres es la razón; en esto se diferencian del resto de los animales. Sin embargo, conviene no confundir el razonamiento con la inteligencia.

La inteligencia no es exclusiva de los hombres, también algunos animales poseen inteligencia –los delfines son capaces de resolver ciertos problemas–, sin embargo, lo que diferencia al hombre de los animales no es que sea más inteligente, sino que es capaz de transcender la realidad mediante el uso de la razón. Es capaz de plantearse preguntas sobre el sentido de la existencia, de su vida, el porqué de sus acciones, ir más allá de la realidad física mediante el uso de la razón.

La razón es la capacidad de elegir: de decidir hacer una cosa o no hacerla. Y eso es exclusivo de quien tiene libertad que es lo propio de los hombres. El hombre es capaz de elegir mientras que el animal actúa movido por el instinto. El hombre puede elegir entre el bien y el mal; actúa libremente y por eso se hace responsable de sus actos.

El hombre es capaz de decidir no comer, aun teniendo hambre, por razones de salud, de estética o incluso como signo de protesta. El hombre posee algo que está por encima del instinto, posee un principio vital singular que llamamos espíritu y que le hace capaz de razonar y sacrificarse, es decir, el hombre es un ser espiritual.

La capacidad de discernir también permite al hombre vivir conforme a los dictados de la razón, conforme a un razonamiento y no conforme a sus instintos o apetencias. Por medio de la razón el hombre es capaz de descubrir la bondad de sus actos y encaminar su vida conforme a esos criterios.

La libertad y la racionalidad es lo que hacen al hombre digno, con un valor superior al resto de los animales y esta capacidad de elegir libremente sus acciones es lo que constituye al hombre como un ser moral que va más allá de la simple materia y la biología.

La dignidad es lo que no tiene precio. Es el valor propio de cada persona. Es lo que está fuera del comercio, no se puede comprar ni vender, es lo que no puede ser sustituido por otra cosa equivalente, porque no tiene comparación. Sin embargo, la dignidad no se identifica con el mérito personal de cada persona o con su valía profesional o con sus cualidades artísticas, ni depende de su capacidad o de su estado vegetativo. La dignidad es propia de cada persona  por el solo hecho de serlo. ■


 

  

BIBLIOGRAFÍA

1. José Luis Méndez y Juan Barbeito, Una vida lograda, Ediciones Palabra, Madrid 2021, p. 15.

2. Catecismo de la Iglesia Católica, 1776.

3. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, n. 16.

sábado, marzo 05, 2016

94. Nieve en Segovia

TEMAS: Ley natural, cultura, ciencia.

* * * * *

RESUMEN: 1. Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible.
2. El acueducto de Segovia está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos.
3. La foto del acueducto cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza.

* * * * *

Ayer, sábado y 27 de febrero de 2016, nevó en muchos lugares de España. Entre otros sitios, nevó en Segovia. Los periódicos de hoy aparecen con la foto del acueducto romano de Segovia cubierto de nieve mientras —a sus pies— la ciudad procura reponerse de la nevada y volver a la actividad normal en medio de las dificultades propias del temporal de frío y nieve.
El acueducto romano se construyó a principios del siglo II d.C. en tiempos del emperador Trajano y es una obra de ingeniería para llevar agua a la ciudad desde un manantial que se encuentra a más de 17 kilómetros de distancia. Dispone de un canal de conducción, estanques de recogida del agua y de decantación de las arenas y una gran arquería que es la que siempre aparece en las fotos de los turistas y de los periódicos.
Hoy veo de nuevo la foto del impresionante acueducto segoviano bajo la nueve y no puedo dejar de admirar que después de 19 siglos de nevadas, tormentas, aguaceros, riadas, temblores de tierra, guerras y todas las demás inclemencias e imprevistos que hayan podido suceder sigue estando en pie haciendo grandes a sus constructores.
Me entero que está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos, por el sistema de empujes de piedras, a peso y por encaje de los propios sillares de piedra de manera que aprovechando la fuerza de la gravedad se sujetan los distintos sillares y así hasta el día de hoy.
Me quedo pensativo. Los romanos construyeron contando con las leyes naturales. Las fuerzas y los pesos para construir andamios y poleas y para trasportar los bloques de piedra hasta el lugar de su posición. Y la fuerza natural de la gravedad que mantiene unas piedras sobre otras, empujándose para no moverse.
Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible. La primera ciencia es una ciencia natural no solo porque integra la naturaleza, sino porque ella misma se integra en el mundo natural como una pertenencia más del universo. La segunda ciencia se rebela contra las leyes naturales, se enfrenta decididamente contra ellas y pretende crear un mundo nuevo.
Las consecuencias de las dos clases de ciencia son bien distintas: la primera, se mantiene, es útil; la segunda, exige mucha atención, muchos cuidados y, cuando le faltan,  deviene inútil y acaba destruida.
La foto del acueducto de Segovia cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza. ■

domingo, enero 17, 2016

93. Dignidad trascendente

TEMAS: Dignidad, Europa, cultura.

* * * * *

RESUMEN: 1. Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos.
2. El hombre tiene dignidad porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno.
3. La historia del siglo XX no puede caer en el olvido para recordar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.

* * * * *

En estos momentos en que reina una cierta confusión en las ideas políticas y sociales me parece oportuno recordar las ideas del discurso pronunciado por el Papa Francisco ante el Parlamento europeo en la ciudad de Estrasburgo (Francia) el 25 de noviembre de 2014 sobre la dignidad trascendente del hombre como fuente de la reconstrucción de Europa y de los derechos humanos.
Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos. En suma y, a los pocos años de terminar la Segunda guerra mundial, confiaban en la capacidad del hombre de convivir en paz con los demás hombres.
Y esta convicción procedía de la consideración del hombre no como un individuo cualquiera, sino como una persona con dignidad, como alguien y no como algo, con un valor especial, insustituible, no intercambiable. Una convicción que se apoya en que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. No somos un sujeto económico que forma parte de una cadena de producción industrial que genera riqueza económica para el dueño de la empresa, sino que somos seres únicos, dignos, valiosos, queridos; alguien distinto a un simple elemento de producción.
Pero esta dignidad del hombre no es solo una idea —una ocurrencia—. El hombre es digno porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno. Si el hombre tiene dignidad es porque no es un «individuo» sino que es «persona». Y que el hombre sea considerado como persona implica que es un ser que diferencia el bien del mal, lo que es bueno para mí y lo que es malo para mí o para los demás.
Esto tiene más trascendencia de la que parece. Los derechos personales implican que se concibe a cada hombre como un ser digno y que, por tanto, se deben respetar los derechos de los demás hombres, además de los propios. En efecto, no se pueden imponer los propios derechos «individuales» sobre los demás porque eso no genera paz ni es fuente de una sana convivencia. Se ve claro que si el derecho de cada uno no tiene límites se convierte en una fuente de conflictos. Y la causa inicial de esos conflictos será que se concibe al hombre como «individuo» en lugar de considerarlo una persona.
Si los hombres son seres únicos quiere esto decir que son diferentes unos de otros. Todos son hombres y todos son dignos, pero también todos son únicos y, por tanto, diferentes. La sociedad civil no es uniforme, ni los hogares son cuarteles, ni el orden en la vida es disciplina militar. Al mismo tiempo, es necesario respetar al vecino, respetar al contrario en su diferencia, en su opinión, en su creencia. Y el respeto debe ser recíproco.
Cuando no se tiene una concepción digna del hombre se produce una aparente paradoja: como la persona no es única, deja de ser el centro de la política y esa centralidad la ocupa la ciencia, la técnica, la economía y otras mil cosas, en resumen, la ocupa el poder político que se considera sin ninguna limitación porque entiende que la sociedad es un conjunto de individuos intercambiables unos por otros sin mayores problemas.
La concepción humanista del hombre como un ser con dignidad trascendente es la que tuvieron los fundadores de la Unión Europea tras la «gran guerra» que mostró hasta dónde puede llegar el poder político que considera al hombre como individuo y se olvida que es una persona única e irrepetible. Esta lección de la historia del siglo XX peligra caer en el olvido y hemos de acudir a la memoria histórica —esta sí— para no olvidar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.
Sin embargo, nos debemos plantear cuál es el fundamento de la dignidad del hombre. Para unos será un gran acuerdo social, un consenso producto de la cultura y la civilización que se plasma en las leyes y constituciones de una sociedad avanzada. La conquista social es la conquista de la dignidad del hombre y su respeto por los poderes políticos.
Esta concepción de la dignidad ausente de trascendencia queda a merced de las leyes, las costumbres y las circunstancias de un país, de una civilización o del poder político concreto. ¿Quién asegura que una ley posterior derogue y altere la ley anterior y deje de respetar la dignidad del hombre o de un grupo racial de hombres? El fundamento “cultural” de la dignidad se demuestra frágil y coyuntural y la historia reciente nos muestra casos de abusos y tragedias.
Existe, en cambio, otro posible fundamento de la dignidad del hombre que no se basa en los acuerdos de los hombres sino en su propio ser. El hombre es un ser trascendente y su dignidad también es trascendente. Su dignidad hace referencia a algo fuera del mismo hombre que le viene dado, que recibe y no depende de las propias fuerzas del hombre: su propia vida.
El hombre es digno porque su vida es digna y su vida es digna porque le ha sido dada por quien es capaz de crear y dar la vida. Esta dignidad trascendente no se funda en un acuerdo de voluntades, ni en un contrato social, sino que se funda en quien es el Creador de la vida que está por encima de los hombres, de sus leyes y de sus contratos y a quien las leyes humanas no pueden «derogar».■

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
1. Discurso del Papa Francisco al Parlamento europeo, Estrasburgo, Francia,  25 de noviembre de 2014.
2. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1701 y ss.
3. Compendio de Doctrina social de la Iglesia Católica.

domingo, marzo 29, 2015

83. Los leones tienen alas

TEMAS: Cultura, vida, familia
* * * * *

RESUMEN: 1. Antes los padres podían levantar una valla alrededor del peligro y decir a sus hijos algo así como “no vayas a tal sitio”.

2. Es conveniente conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarse sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida.

3. Se trata de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades.



* * * * *
Nuestros hijos han nacido en una cultura donde dominan las nuevas tecnologías y las redes sociales. Para cualquier adolescente es normal comunicarse con su grupo y enviar mensajes y correos. Lo anormal sería no hacerlo, eso significaría que sería una persona rara, extraña a su tiempo.

Hasta hace poco tiempo, los padres podíamos estar relativamente tranquilos porque delimitábamos el terreno peligroso. Podíamos levantar una valla alrededor del peligro y decir a nuestros hijos algo así como “no vayas a tal sitio”, “no entres en tal lugar”, “no hables con tal persona”. Habíamos cercado el peligro, habíamos enjaulado a las fieras.

La sorpresa es que las nuevas tecnologías nos presentan un mundo virtual donde los espacios no son físicos, los lugares no se pueden vallar, las personas no están en zonas, sino que, por mucho que levantemos una valla alrededor de los leones, los nuevos leones virtuales tienen alas, sobrevuelan la valla y pueden devorar a nuestros pequeños.

¿Esto significa que las nuevas tecnologías con malas?, ¿significa que debemos mirar al pasado y renegar de los avances de la técnica? No, nada de eso. Esto significa que debemos conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarnos sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida, pero hay que aprender a vivir con las nuevas tecnologías. Como señala Benedicto XVI, «si se usa con sabiduría, puede contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano».

Hay que tener presente que las nuevas tecnologías se han hecho tan presentes en nuestras vidas que forman parte de ellas y con más razón de las vidas de nuestros hijos. No se entiende la vida cotidiana sin un teléfono móvil, sin internet, sin los servicios de mensajería. Las nuevas tecnologías no son algo extraordinario, lo extraordinario es poder “desconectarse” de ellas durante algún tiempo.

Por esto, para los padres cristianos de hoy, su tarea de educar consiste en enseñar a sus hijos a utilizar las nuevas tecnologías de una manera acorde con la fe cristiana y con la dignidad del hombre. Cada hijo debe aprender a tomar sus decisiones con madurez, de manera adecuada a su edad y con naturalidad, sabiendo distinguir lo que está bien y lo que está mal aunque nadie nos vea y estemos solos delante de un ordenador.

Quizás lo más difícil de comprender es que no se trata de aprender un nuevo sistema, porque se trata de un sistema que se encuentra en constante evolución y lo que has aprendido a manejar hoy estará obsoleto pasado mañana. Se trata, más bien, de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades y terriblemente atrayente.

Porque el mundo virtual en realidad es un mundo real: detrás de cada conversación, detrás de cada imagen, detrás de cada pantalla siempre hay una persona real con una vida. La vida no es un juego y las nuevas tecnologías tampoco. ■





BIBLIOGRAFÍA
·        Libro electrónico «Tecnologías digitales y vida cristiana». http://opusdei.es/es-es/article/libro-electronico-tecnologias-digitales-y-vida-cristiana/
·        Juan Carlos Vásconez, Educar en las nuevas tecnologías, http://opusdei.es/es-es/article/educar-en-las-nuevas-tecnologias/
·        San Juan Pablo II, Carta apostólica «El rápido desarrollo», A los responsables de las comunicaciones sociales, Ciudad del Vaticano, 21 de febrero de 2005.
·        Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial De Las Comunicaciones Sociales, Ciudad del Vaticano, 12 de mayo de 2013.


sábado, julio 06, 2013

75. Uno y Trino


Fecha: 01 de julio de 2013             


* * * * *
TEMAS: Cultura, Fe.
* * * * *

RESUMEN: 1. No deberíamos estar tan preocupados por saber qué es Dios y, por el contrario, deberíamos intentar conocer cómo es Dios y cómo se manifiesta por medio de la Revelación.
2. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Todos los cristianos nos iniciamos en la vida de la gracia en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el sacramento del Bautismo.
3. Jesús llamaba a su Padre «abbá», papá, con el  apelativo cariñoso del término arameo en que los niños se dirigen a su propio padre.
4. El hombre racional no es capaz de entender qué es Dios, por el contrario, sí podemos entender que pretender definir a Dios es indiferente para el corazón del hombre.

* * * * *
1. Misterio
Dios es un misterio y la inteligencia humana es incapaz de entenderlo. Si se tratara de un asunto de capacidad podríamos decir que el misterio de Dios no «cabe» en la inteligencia del hombre.
Por esto no deberíamos estar tan preocupados por saber qué es Dios y, por el contrario, deberíamos intentar conocer cómo es Dios y cómo se manifiesta por medio de la Revelación.
Es evidente que Dios es Creador, Juez, Legislador, el Bien, la Belleza y la Verdad. Pero todo eso son atributos y cualidades de Dios que no le definen. Si tuviéramos que definir a Dios en una sola palabra ninguna de las anteriores nos serviría. Dios es el Creador de todo lo visible y lo invisible, pero no es un creador lejano, ausente, ajeno a las cosas de los hombres y al transcurrir de la historia.
Dios, por medio de Jesucristo se ha revelado y nos ha comunicado que es Trinidad: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. No son tres dioses, sino que solo existe un solo Dios. Pero no son la misma persona, puesto que la persona del Padre no se confunde con la del Hijo ni con la del Espíritu Santo.

2. La Trinidad
La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Todos los cristianos nos iniciamos en la vida de la gracia en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el sacramento del Bautismo y siempre que hacemos la señal de la cruz nos santiguamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Por la misma razón damos gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo reparando en cada una de la “íes”  cada una de las Personas de la Trinidad.
Que Dios es Trinidad lo sabemos por Revelación divina, no por ciencia humana. Y si lo sabemos es que así es y para nuestro bien. Sin embargo, sigue siendo un misterio para el hombre que no puede entender. Decía san Agustín «si lo has entendido, no es Dios». Parece que Dios juega con los hombres a una adivinanza imposible.

3. Padre, Hijo y Espíritu Santo
En primer lugar, Dios es Padre, es el Creador no creado del cielo y de la tierra, de lo visible y lo invisible. Es el principio y el fin, el alfa y el omega, es todo lo que debemos adorar. Pero Dios, además, se revela como Padre, como un padre cariñoso que busca y quiere a sus hijos. Jesús llamaba a su Padre «abbá», papá, con el  apelativo cariñoso del término arameo en que los niños se dirigen a su propio padre.
Dios Padre es el padre de la parábola del hijo pródigo que sale a buscar y a esperar al hijo, el que va a buscar la oveja perdida, el que compra el campo para buscar el tesoro. A ese padre cariñoso y familiar es al que podemos dirigirnos como hijos necesitados y pedirle su ayuda y amparo. No debemos tener miedo a un padre cariñoso.
El Hijo ha sido engendrado por el Padre, no creado sino engendrado por el Padre, y por eso es de la misma naturaleza del Padre y es Dios. El Padre engendra al Hijo en la eternidad, en cada momento, fuera de la historia y del tiempo, no existe un antes ni un después, sino un eternamente engendrado.
El Padre que es la Sabiduría conoce todo con perfección absoluta y se conoce a Sí mismo de manera perfecta. De tal manera que ese conocimiento perfecto de Sí mismo engendra al Hijo que es la Palabra y la Razón de Dios. Se podría intentar explicar diciendo que el Padre tiene una imagen de Sí mismo que es tan perfecta y tan fiel que no es una imagen sino una realidad y que es otra Persona distinta del Padre pero que no puede ser menos que el Padre y es también Dios, aunque no puede ser otro Dios porque habría dos dioses y el Dios absoluto no puede ser más que uno. Luego la imagen que el Padre tiene de Sí mismo es Dios Hijo, que también es Dios pero es la persona del Hijo.
El Hijo se ha encarnado, se ha hecho un hombre como nosotros para redimirnos de la esclavitud del pecado y por amor se ha dejado clavar en la cruz para ganarnos la vida eterna. Jesús es el Salvador, pero no un salvador cualquiera de entre varios posibles, sino el Salvador necesario. Fuera de Cristo no hay salvación, fuera de las palabras de Cristo —el Evangelio—, no hay salvación. Y además, Cristo es nuestro modelo es el modelo a quien imitar en la vida para alcanzar la vida eterna.
El Espíritu Santo no ha sido creado, ni tampoco ha sido engendrado, sino que procede del Padre y del Hijo. El Padre y el Hijo se aman eternamente y el acto de voluntad de querer tan perfecto produce en el que quiere una nueva realidad que es el Espíritu Santo.
La relación de amor entre el Padre y el Hijo tiene como fruto la procedencia del Espíritu Santo. Es el Amor, el Consolador de los cristianos, el Santificador que con sus dones nos alcanza la vida eterna con Dios, es el Señor y dador de vida que habló por los profetas.
Es llamado Espíritu por analogía con el soplo vital que nos anima y nos marca el ritmo de nuestras emociones. Es el don por excelencia porque lo propio de Dios es darse. La voluntad tiende hacia lo que fue el principio del conocimiento. Dios Padre pensando en Sí mismo concibe el Verbo y partiendo del Verbo ama todas las cosas en Sí mismo.

El hombre racional no es capaz de entender qué es Dios, por el contrario, sí podemos entender que pretender definir a Dios es indiferente para el corazón del hombre. Lo que el mismo Dios quiere cuando nos revela el misterio trinitario es mostrarnos la esencia divina para dar verdadero sentido a nuestras vidas. Y si tuviéramos que resumir a Dios en una sola palabra en justicia solo podríamos decir que Dios es Amor. ■


Felipe Pou Ampuero

Bibliografía
1.      Catecismo de la Iglesia Católica, 232-267.
2.      Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 44-49.
3.      Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, Roma 11 de octubre de 2011.
4.      San Josemaría, Homilía Humildad, en Amigos de Dios, 104-109.
5.      J. Ratzinger, El Dios de los cristianos. Meditaciones, Ed. Sígueme, Salamanca 2005.
6.      Resúmenes de fe cristiana,  Tema 5: La Santísima Trinidad, www.opusdei.org

domingo, junio 16, 2013

74. Globalización


Fecha: 01 de enero de 2013                       


* * * * *
TEMAS: Cultura, Globalización.
* * * * *

RESUMEN: 1. Globalización puede ser definida como un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo que unifican sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.
2. A la abundancia de datos y la inmediatez de los mismos se enfrenta la idea sosegada, meditada y asimilada, hecha propia, personalizada por medio del conocimiento.
3. La realidad es la verdad de las cosas y también del mismo hombre que dice que la verdad del hombre es su valor único e insustituible: su dignidad.
4. La característica fundamental del humanismo cívico debe ser anteponer el valor de la verdad a cualquier interés práctico o coyuntural. Ninguna estrategia puede justificar el sacrificio deliberado de la verdad.


* * * * *
1. Mercado global
Alejandro Llano citando a santo Tomás de Aquino dice que «dos cosas hay que corrompen la justicia: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso».
Los que se dedican a las encuestas y estadísticas nos recuerdan que el 65% de las personas que habita la Tierra no ha realizado nunca una llamada telefónica. También nos dicen que en la isla de Manhattan  hay más conexiones electrónicas que en toda África.
La globalización puede ser definida como un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo que unifican sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.  Pero la realidad es que hoy por hoy, la globalización mundial es un gran zoco donde los que dominan el mundo pueden vender más caro y comprar más barato, sobre todo, porque se rige por las leyes económicas y no por las leyes morales.
Convendría reparar en que las relaciones electrónicas que son la base técnica de la globalización tienen una índole fundamentalmente técnica, mientras que las relaciones familiares son básicamente humanas. La cuestión central es que el hombre sigue siendo hombre y no se ha convertido en una máquina que encaja en un engranaje global.
Así sucede que el hombre global tiene medios técnicos que le permiten recibir abundante información en tiempo real, pero en muchas ocasiones carece del criterio y la formación necesaria para poder entender y asimilar la ingente información recibida: «información mucha, pero conocimiento poco».

2. Conocer o saber
Porque tener información no es lo mismo que estar informado. Para estar informado es necesario conocer la información recibida. El conocimiento es una actividad humana que hace referencia al saber, al entendimiento y la inteligencia que son actividades netamente humanas que precisan de tiempo, reflexión y estudio. Y aquí reside la mayor dificultad. La reflexión exige tiempo, lentitud, sosiego, tranquilidad, distancia y perspectiva.
A la abundancia de datos y la inmediatez de los mismos se enfrenta la idea sosegada, meditada y asimilada, hecha propia, personalizada por medio del conocimiento. Y esto es algo que la globalización no permite, no quiere y hasta casi hace suponer que es precisamente a lo que se opone. Globalización y pensamiento parece que se excluyen.
Sin embargo, el hombre debe empeñarse en ser precisamente hombre y eso significa tanto como volver a pensar, hacerse preguntas y aprender a responderlas. En una palabra, saber qué hay detrás de toda la información que le llega a toda velocidad. Y aquí aparece un problema: el hombre no nace enseñado, sino que la propia vida es aprendizaje hasta poder decir que «para saber hay que llegar a saber».
Conocimiento y sabiduría que excede de la mera información, de la acumulación de datos, de la inmediatez de la noticia, para llegar hasta la fecundidad, a la profundidad y con ellas a las raíces y el sentido de todo.

3. De la eficacia a la dignidad
Uno de los principios de la Ilustración es la racionalización del mundo y de la sociedad por medio de la ciencia y la tecnología, del progreso histórico y la democracia liberal como la solución a todos los problemas políticos y sociales.
Sin embargo, la toma de conciencia de la crisis de la modernidad viene dada por la comprobación histórica de que ninguna de sus aspiraciones racionalistas se ha cumplido: el hombre no ha sido más feliz bajo los postulados racionalistas. Al final, se comprende que la realidad no es lo que nosotros comprendemos con nuestro entendimiento, sino que solamente podemos ver lo que es real.
La realidad es la verdad de las cosas, de la naturaleza entera y también del mismo hombre y la realidad nos dice que la verdad del hombre es su valor único e insustituible: su dignidad. La dignidad humana hace referencia necesariamente a su valor ético por encima de parámetros económicos, mercantiles o de intercambio. El hombre no vale mucho ni poco, el hombre «es». Y este reconocimiento ético del hombre nos lleva a entender que debemos aprender a distinguir entre lo que parece bueno y lo que es bueno; lo que apetece y lo que conviene; lo que distrae y lo que enriquece. Y esto se aprende, no se lleva en el “adn” de origen, sino que se debe adquirir.

4. Ante todo el hombre
El eje decisivo ahora es el hombre: lo humano o no-humano. Lo que importa es el desarrollo de la persona en toda su amplitud ética, cultural, social, técnica y científica. Y lo no-humano que se opone al hombre es la masificación, la cosificación del hombre considerado como mercancía, como elemento de producción, como material sustituible y reciclable.
Y es que debemos recordar la vieja enseñanza de la metafísica: aunque nosotros no lo seamos, la realidad es siempre fiel a sí misma. Y lo más interesante de esta globalización en la que vivimos y estamos inmersos es que lo humano —la calidad ética y cultural— se pondrá de manifiesto cada vez de manera más clara gracias a la transparencia que aportan las nuevas tecnologías.
En esta sociedad global donde importa el conocimiento más que la información el valor por antonomasia debería ser la verdad. Por esto mismo, resulta más llamativo aún cómo se ha trivializado la verdad en la sociedad tecnológica y global. La característica fundamental del humanismo cívico debe ser anteponer el valor de la verdad a cualquier conveniencia práctica o coyuntural. Ninguna estrategia puede justificar el sacrificio deliberado de la verdad.
Cuando una sociedad sacrifica la verdad se convierte en una sociedad que busca otros fines distintos. Sin el referente de la verdad, sin la medida de los valores que la buscan y la hacen presente entre los hombres, la convivencia social se convierte en un totalitarismo más o menos visible que sólo atiende a fines de poder a costa del sacrificio del hombre. De este totalitarismo práctico no está exenta la sociedad global del mercado único de compras y ventas. ■


Felipe Pou Ampuero

Bibliografía
1.      Alejandro Llano Cifuentes, Globalización y cultura, en su libro Cultura y pasión, Eunsa, Pamplona, 2007.
2.      Card. Bertone, respuesta en nombre de Benedicto XVI, al primer ministro británico Gordon Brown, 18 junio 2008.
3.       Juan Pablo II,  Mensaje a los empresarios, 3 marzo 2004.
4.      Rafael Domingo, Nuevos principios para un nuevo orden mundial, ABC, 2 de mayo de 2006.
5.      Benedicto XVI, Los tres desafíos del mundo globalizado, carta a Mary Ann Glendon, Vaticano 28 abril 2007.
6.       Alejandro Navas, La generación Ipad, La Razón.