martes, junio 07, 2016

96. Moral de situación

Temas: Moral, verdad, persona.

Resumen: El obrar humano no puede ser valorado como moralmente bueno simplemente porque la intención del sujeto sea buena o porque tiene la voluntad general de no pecar o de amar a Dios.

La llamada moral de situación sostiene que “la bondad o malicia de la acción humana no viene dada por una ley universal e inmutable, sino que se determina por la situación en que el individuo se halle”. Del estado anímico o circunstancial se quiere hacer depender la moralidad de la acción.
La cultura actual exalta la libertad y la conciencia individual hasta tal extremo que, según las circunstancias y el lugar, se llega a dudar de la obligatoriedad de los Mandamientos como expresión de la ley moral universal.
Esta exaltación de la libertad individual llegaría a considerar la propia conciencia como ley moral de cada hombre fundada en su propia voluntad: «yo pienso…, a mí me parece…, yo creo que…».  De tal manera que el Magisterio de la Iglesia no tendría autoridad para intervenir en materia moral dictando instrucciones vinculantes por cuanto tal actuación supondría una violación de la libertad individual que convertiría al hombre en un «esclavo» de la ley moral y le privaría de su «bien más preciado» que es su libertad.
Estas corrientes de pensamiento moderno olvidan que la libertad del hombre tiene como premisa esencial la felicidad del hombre. Porque cuando la libertad se aparta de la verdad el hombre queda encadenado al error y pierde la felicidad.
La Ley moral, los Mandamientos, no son una limitación de la vida del hombre o la negación de su libertad. Con el «no cometerás…» no se priva al hombre de su libertad, no se ahoga su existencia, sino que, al contrario, la Ley moral señala al hombre el camino de la verdadera felicidad y le enseña los principios de su correcto vivir. Así pues, los Mandamientos no limitan al hombre, sino que le enseñan a ser mejor hombre y solamente marcan el mínimo indispensable para una vida correcta permitiendo que el hombre aspire a ser mejor.
La ley moral es ley universal para todos los hombres y para todas las épocas de los hombres porque no es una ley coyuntural o histórica de un tiempo concreto, sino que es la ley que rige la bondad de los actos del hombre en cuanto tal hombre como existe desde siempre.
La conciencia personal debe aplicar la ley moral universal a cada acto del hombre. Es posible que en un caso concreto el hombre se equivoque y, si existiera ignorancia invencible, el acto —malo en sí mismo— no sería imputable al hombre, pero tal acto aunque no imputable seguiría siendo un acto malo. En ningún caso la conciencia puede definir o cambiar la ley moral y convertir en acto bueno lo que es un acto malo.
El obrar humano no puede ser valorado como moralmente bueno simplemente porque la intención del sujeto sea buena o porque tiene la voluntad general de no pecar o de amar a Dios. No es suficiente la buena intención para calificar de bueno a un acto, sencillamente porque la buena intención no es independiente de la ley moral. Es decir, la buena intención será buena porque se ajusta a la ley moral,  no porque haya un deseo general de ser bueno.
La libertad del hombre no consiste en una libertad «respecto de» la verdad, sino que siempre es una libertad «en» la verdad puesto que solo Dios tiene el poder de decidir lo que está bien y lo que está mal. La verdad no se elige puesto que no existen varias verdades equivalentes; la verdad se acepta.
Cualquier acto humano es malo o contrario a la ley moral cuando es contrario a alguno de los preceptos de la ley moral: los «Mandamientos de la ley de Dios», aunque la intención del sujeto fuera buena e incluso aunque el sujeto no pretenda ofender a Dios, puesto que la ofensa de la ley moral ya es ofensa de Dios que es su legislador.

La verdad sobre el hombre no es una simple opinión personal de cada hombre sobre sí mismo y sus circunstancias. La verdad sobre el hombre es la visión divina del hombre que se expresa en la ley moral universal y se concreta en los Mandamientos.  La propuesta de esta ley moral en toda su integridad y sin alterar ni ocultar su contenido comporta una exigencia derivada de la propia dignidad de cada hombre que no se debe rehusar.

domingo, mayo 08, 2016

95. Elecciones 2016

TEMAS: Política, elecciones.
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RESUMEN: 1. En las elecciones hay que elegir un partido político.
2. Se vota a los candidatos de cada provincia. La abstención no cuenta.
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Han vuelto a convocar elecciones generales para el próximo 26 de junio. Si dejamos al margen las razones por las que ha sido necesario convocar unas nuevas elecciones puesto que eso es ya “agua pasada que no mueve molino” creo que lo que ahora interesa es centrarse de nuevo en el proceso electoral que inevitablemente tendrá lugar.
Hay elecciones porque hay que elegir, hecho elemental que no debe pasar desapercibido. Nos parecerá mejor o peor, barato o caro, necesario o superfluo, nos parecerá lo que sea, pero tenemos que elegir. Y elegir significa escoger una opción política de entre varias y desechar o abandonar las restantes no elegidas. Elegir implica, pues, preferir un partido político sobre los restantes.
La democracia no exige que los votantes pertenezcan a un partido concreto, ni tampoco exige que se identifiquen con alguno de los partidos que se presentan a las elecciones. El votante puede no estar afiliado a ningún partido político —lo que suele ser habitual— y también puede no simpatizar en su totalidad con alguno de los partidos.
Por el contrario, la democracia sí exige que los ciudadanos elijan a sus representantes políticos para gestionar durante su mandato legislativo los asuntos del bien común de la nación. Es decir, que ser demócratas no supone pertenecer a ningún partido político, ni que nos guste la política, sino elegir a los representantes políticos, o sea, ser demócratas exige votar.
Votar puede ser un problema porque no se puede votar a todos, ni tan siquiera se puede votar a dos partidos que nos gustaría que llegaran a un acuerdo y gobernaran el país. Solamente se puede votar a un partido político. Y esta elección es difícil, es comprometida y es responsable. Sobre todo nos hace responsables porque no se vota por un día ni por un capricho, sino que se vota para cuatro años y para una acción de gobierno.  
Antes de nada es necesario reparar que aunque en la papeleta aparecen los nombres de unas personas que aspiran a ser diputados y senadores en verdad no se vota a unas personas sino que se vota a un partido político. En otros países es de otra manera, pero en España y con la ley electoral actual no se vota a caras —por más que se anuncien caras bonitas— sino que se votan siglas de partidos y la dirección del partido es la que marcará el gobierno del país en las materias de educación, sanidad, economía, impuestos, empleo, desarrollo, industria, justicia, etc.
Por eso, votar es una gran responsabilidad para el votante que además solamente dispone de una sola opción y si se equivoca no puede arrepentirse y cambiar su voto a mitad de legislatura. Se puede decir con toda propiedad que “lo que se vota, votado queda”.
Por esto, a la hora de depositar el voto en la urna, es importante lo siguiente:
a) Primero, votar: hay que votar porque el sistema electoral no refleja la abstención. En el congreso de los diputados no existe ningún sillón para los votos de la abstención. La abstención podrá deslegitimar a los elegidos por falta de votos, podrá satisfacer las ansias de revancha de los que no creen en el sistema electoral, podrán desahogar la ira de los que se sienten engañados por los políticos traidores que incumplen sus promesas electorales, sí la abstención podrá servir para todo eso y para más cosas, pero no sirve para elegir a los representantes políticos.
b) Segundo, conocer a quien se vota: hay que votar con conocimiento del candidato y del partido que representa. Quizá es una ingenuidad pretender que leamos los programas políticos de los partidos o que acudamos a los mítines donde se explica cada uno de los puntos principales del programa político, pero tampoco hay que votar a ciegas o a una foto o una canción. Entre una cosa y la otra hay un término medio. Tenemos la responsabilidad social de enterarnos qué pretenden unos y otros y qué piensan hacer con nuestro voto.
c) Tercero, votar con la cabeza: no se vota por venganza o por despecho, no se vota con las vísceras sino que se vota con la cabeza. Hay que pensar, hay de sopesar las distintas opciones, hay que intentar comprender los proyectos de futura sociedad que cada partido propone y adónde nos llevaría cada uno de ellos y al final votar con la inteligencia y no votar solo con el corazón.
d) Cuarto, votar con prudencia: porque la prudencia es una virtud que significa elegir lo bueno y desechar lo menos bueno. Es la virtud del elector que va a la urna. Ser prudentes, eso es lo que deseo para todos los españoles en las próximas elecciones. Porque de todos los partidos estoy seguro que lo más probable es que ninguno me convenza en su totalidad. De uno me puede gustar una cosa, de otro me puede gustar otras cosas y de otro no me gustará ninguna.
Bueno, la primera elección irá por ese camino, debo desechar los partidos en los que no me gusta nada de lo que proponen. Luego, me iré quedando con dos o tres partidos que podrían ser mis elegidos. ¡Pero tengo que elegir uno solo! Esta es la cuestión. ¿Cuál de ellos elegir?
e) Quinto, votar por mi provincia: esto es una verdad de Perogrullo. Cada uno de nosotros votamos donde estamos empadronados. Si estoy en Barcelona no estoy en Madrid, y viceversa. Y en cada provincia se presentan unos partidos concretos que no tienen que ser los mismos en todas las provincias.
No es lo mismo votar en Soria donde sólo se eligen dos diputados que en Madrid donde se eligen 36 diputados. Y la diferencia es esencial. Con la ley electoral actual en Soria la duda será si salen elegidos los dos partidos más votados o solo el partido más votado. Los votos obtenidos por los demás partidos serán votos testimoniales perdidos para los escaños del congreso.
Por esto es importante situarse en la provincia de cada uno y averiguar qué partidos tienen posibilidades reales de obtener representación y elegir de entre esos partidos, sabiendo que la elección siempre es un acto de prudencia donde se elige «lo menos bueno y se desecha lo peor».

Al día siguiente de la votación se hará el recuento de votos y cada partido tendrá que valorar si puede gobernar solo o necesita pactos con otros partidos. Eso dependerá, en gran parte, de los votos que obtenga y le hayamos dado los electores y también del estilo dialogante y realista de sus gobernantes que sepan aceptar la realidad política tal y como es y sepan adaptarse a ella.■

sábado, marzo 05, 2016

94. Nieve en Segovia

TEMAS: Ley natural, cultura, ciencia.

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RESUMEN: 1. Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible.
2. El acueducto de Segovia está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos.
3. La foto del acueducto cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza.

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Ayer, sábado y 27 de febrero de 2016, nevó en muchos lugares de España. Entre otros sitios, nevó en Segovia. Los periódicos de hoy aparecen con la foto del acueducto romano de Segovia cubierto de nieve mientras —a sus pies— la ciudad procura reponerse de la nevada y volver a la actividad normal en medio de las dificultades propias del temporal de frío y nieve.
El acueducto romano se construyó a principios del siglo II d.C. en tiempos del emperador Trajano y es una obra de ingeniería para llevar agua a la ciudad desde un manantial que se encuentra a más de 17 kilómetros de distancia. Dispone de un canal de conducción, estanques de recogida del agua y de decantación de las arenas y una gran arquería que es la que siempre aparece en las fotos de los turistas y de los periódicos.
Hoy veo de nuevo la foto del impresionante acueducto segoviano bajo la nueve y no puedo dejar de admirar que después de 19 siglos de nevadas, tormentas, aguaceros, riadas, temblores de tierra, guerras y todas las demás inclemencias e imprevistos que hayan podido suceder sigue estando en pie haciendo grandes a sus constructores.
Me entero que está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos, por el sistema de empujes de piedras, a peso y por encaje de los propios sillares de piedra de manera que aprovechando la fuerza de la gravedad se sujetan los distintos sillares y así hasta el día de hoy.
Me quedo pensativo. Los romanos construyeron contando con las leyes naturales. Las fuerzas y los pesos para construir andamios y poleas y para trasportar los bloques de piedra hasta el lugar de su posición. Y la fuerza natural de la gravedad que mantiene unas piedras sobre otras, empujándose para no moverse.
Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible. La primera ciencia es una ciencia natural no solo porque integra la naturaleza, sino porque ella misma se integra en el mundo natural como una pertenencia más del universo. La segunda ciencia se rebela contra las leyes naturales, se enfrenta decididamente contra ellas y pretende crear un mundo nuevo.
Las consecuencias de las dos clases de ciencia son bien distintas: la primera, se mantiene, es útil; la segunda, exige mucha atención, muchos cuidados y, cuando le faltan,  deviene inútil y acaba destruida.
La foto del acueducto de Segovia cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza. ■

domingo, enero 17, 2016

93. Dignidad trascendente

TEMAS: Dignidad, Europa, cultura.

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RESUMEN: 1. Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos.
2. El hombre tiene dignidad porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno.
3. La historia del siglo XX no puede caer en el olvido para recordar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.

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En estos momentos en que reina una cierta confusión en las ideas políticas y sociales me parece oportuno recordar las ideas del discurso pronunciado por el Papa Francisco ante el Parlamento europeo en la ciudad de Estrasburgo (Francia) el 25 de noviembre de 2014 sobre la dignidad trascendente del hombre como fuente de la reconstrucción de Europa y de los derechos humanos.
Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos. En suma y, a los pocos años de terminar la Segunda guerra mundial, confiaban en la capacidad del hombre de convivir en paz con los demás hombres.
Y esta convicción procedía de la consideración del hombre no como un individuo cualquiera, sino como una persona con dignidad, como alguien y no como algo, con un valor especial, insustituible, no intercambiable. Una convicción que se apoya en que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. No somos un sujeto económico que forma parte de una cadena de producción industrial que genera riqueza económica para el dueño de la empresa, sino que somos seres únicos, dignos, valiosos, queridos; alguien distinto a un simple elemento de producción.
Pero esta dignidad del hombre no es solo una idea —una ocurrencia—. El hombre es digno porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno. Si el hombre tiene dignidad es porque no es un «individuo» sino que es «persona». Y que el hombre sea considerado como persona implica que es un ser que diferencia el bien del mal, lo que es bueno para mí y lo que es malo para mí o para los demás.
Esto tiene más trascendencia de la que parece. Los derechos personales implican que se concibe a cada hombre como un ser digno y que, por tanto, se deben respetar los derechos de los demás hombres, además de los propios. En efecto, no se pueden imponer los propios derechos «individuales» sobre los demás porque eso no genera paz ni es fuente de una sana convivencia. Se ve claro que si el derecho de cada uno no tiene límites se convierte en una fuente de conflictos. Y la causa inicial de esos conflictos será que se concibe al hombre como «individuo» en lugar de considerarlo una persona.
Si los hombres son seres únicos quiere esto decir que son diferentes unos de otros. Todos son hombres y todos son dignos, pero también todos son únicos y, por tanto, diferentes. La sociedad civil no es uniforme, ni los hogares son cuarteles, ni el orden en la vida es disciplina militar. Al mismo tiempo, es necesario respetar al vecino, respetar al contrario en su diferencia, en su opinión, en su creencia. Y el respeto debe ser recíproco.
Cuando no se tiene una concepción digna del hombre se produce una aparente paradoja: como la persona no es única, deja de ser el centro de la política y esa centralidad la ocupa la ciencia, la técnica, la economía y otras mil cosas, en resumen, la ocupa el poder político que se considera sin ninguna limitación porque entiende que la sociedad es un conjunto de individuos intercambiables unos por otros sin mayores problemas.
La concepción humanista del hombre como un ser con dignidad trascendente es la que tuvieron los fundadores de la Unión Europea tras la «gran guerra» que mostró hasta dónde puede llegar el poder político que considera al hombre como individuo y se olvida que es una persona única e irrepetible. Esta lección de la historia del siglo XX peligra caer en el olvido y hemos de acudir a la memoria histórica —esta sí— para no olvidar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.
Sin embargo, nos debemos plantear cuál es el fundamento de la dignidad del hombre. Para unos será un gran acuerdo social, un consenso producto de la cultura y la civilización que se plasma en las leyes y constituciones de una sociedad avanzada. La conquista social es la conquista de la dignidad del hombre y su respeto por los poderes políticos.
Esta concepción de la dignidad ausente de trascendencia queda a merced de las leyes, las costumbres y las circunstancias de un país, de una civilización o del poder político concreto. ¿Quién asegura que una ley posterior derogue y altere la ley anterior y deje de respetar la dignidad del hombre o de un grupo racial de hombres? El fundamento “cultural” de la dignidad se demuestra frágil y coyuntural y la historia reciente nos muestra casos de abusos y tragedias.
Existe, en cambio, otro posible fundamento de la dignidad del hombre que no se basa en los acuerdos de los hombres sino en su propio ser. El hombre es un ser trascendente y su dignidad también es trascendente. Su dignidad hace referencia a algo fuera del mismo hombre que le viene dado, que recibe y no depende de las propias fuerzas del hombre: su propia vida.
El hombre es digno porque su vida es digna y su vida es digna porque le ha sido dada por quien es capaz de crear y dar la vida. Esta dignidad trascendente no se funda en un acuerdo de voluntades, ni en un contrato social, sino que se funda en quien es el Creador de la vida que está por encima de los hombres, de sus leyes y de sus contratos y a quien las leyes humanas no pueden «derogar».■

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
1. Discurso del Papa Francisco al Parlamento europeo, Estrasburgo, Francia,  25 de noviembre de 2014.
2. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1701 y ss.
3. Compendio de Doctrina social de la Iglesia Católica.

sábado, enero 09, 2016

92. Qué son las obras de misericordia

TEMAS: Misericordia.
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RESUMEN: 1. Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
2. Con ocasión del Año de la Misericordia se pone otra vez el sacramento de la confesión en el centro de la vida cristiana. Porque permite vivir la grandeza de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación.
3. Las obras de misericordia se inspiran en la predicación de Jesucristo que en su vida predicó la misericordia y la compasión del prójimo como medio de dar a conocer el Evangelio.

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Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447)
Con ocasión del Año de la Misericordia se pone otra vez el sacramento de la confesión en el centro de la vida cristiana. Porque permite vivir la grandeza de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación. Dios perdona todos los pecados con la mediación de la Iglesia. Acudir a la confesión será fuente de verdadera paz interior. Se prevé que la iniciativa «24 horas para el Señor» se incremente cada diócesis el próximo año, el viernes y sábado antes del IV domingo de Cuaresma.
Las obras de misericordia se inspiran en la predicación de Jesucristo que en su vida predicó la misericordia y la compasión del prójimo como medio de dar a conocer el Evangelio. La práctica de las obras de  misericordia es la forma de manifestar la autenticidad del mensaje cristiano. «El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios» (Conc. Vaticano II, Decreto Apostolicam Actuasitatem, 6).
La raíz del pecado se encuentra en el corazón del hombre, en su libre voluntad que se aparta del amor de Dios. En el corazón de cada hombre también reside la caridad, principio de las obras buenas y puras a las que hiere el pecado. El cristiano por medio de la práctica de las obras de misericordia puede remitir las penas del pecado para despojarse del «hombre viejo» y revestirse del «hombre nuevo» (Cfr. Ef 4, 24).
«Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo» (Misericordiae Vultus, 6).
Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.
Obras de misericordia corporales: 
1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos

Obras de misericordia espirituales: 
1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca
4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos. ■


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
·        http://infocatolica.com

·        Catecismo de la Iglesia Católica.

domingo, enero 03, 2016

91. Votar en blanco

TEMAS: Política, elecciones.

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RESUMEN: 1. Cuando se vota en blanco no se vota a nadie y el sistema lo interpreta así, no lo interpreta como un signo de protesta o como una opción política. No existe ningún escaño en el Congreso que diga «al voto en blanco».
2. Se vota en una provincia concreta, en la de cada uno. No es lo mismo votar en Madrid que en Soria o en Alicante. Porque los escaños se distribuyen en función de la población de cada provincia.
3. La asignación de escaños que establece la ley electoral favorece a los partidos que obtienen más votos en cada provincia.
4. Las elecciones no son un referéndum. Las elecciones se realizan para elegir diputados y lo que importa al final es el resultado: ganar un escaño de diputado en el Congreso, no los votos nacionales que se obtengan.

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Nuestra Constitución de 1978 establece en su artículo 68 que el Congreso de los Diputados estará constituido por un mínimo de 300 y un máximo de 400 diputados, y es la Ley Orgánica Electoral de 1985 la que fija el número de diputados actuales en 350 (artículo 162), determinando que la circunscripción electoral es la provincia y que cada provincia tendrá como mínimo dos diputados que puedan representar, en la mayoría de los casos, a cada uno de los dos partidos mayoritarios.
Además, las ciudades de Ceuta y Melilla tendrán cada una un diputado. Por tanto, ya están asignados un total de 102 diputados de los 350 totales. La Ley electoral también determina que los restantes 248 diputados se asignen a cada una de las provincias en proporción a la población de derecho de cada una respectivamente.
Con estos antecedentes resulta que la provincia de Soria tiene 2 diputados, la de Navarra tiene 5 y la de Madrid tiene 36 diputados, por ejemplo. La representación de cada provincia no es aritmética –a cada diputado por tantos habitantes– sino que es proporcional porque la ley quiere que todos los ciudadanos y todos sus intereses estén representados en el parlamento.
Los escaños correspondiente a cada provincia se adjudican con arreglo a unos criterios también determinados por la ley que sigue el sistema de representación proporcional de la denominada Ley d’Hondt que adjudica escaños a los partidos más votados en función del resultado de dividir el total de votos obtenido por cada partido entre el número de escaños de la provincia y luego elegir los cocientes mayores de cada división. De tal manera, que resultarán elegidos los candidatos de los partidos más votados proporcionalmente.
No se tendrán en cuenta las candidaturas que obtengan menos del 3% de los votos emitidos válidamente, incluidos los votos en blanco, porque se estima que por debajo de esta proporción la representación no es determinante.
Y los votos en blanco, que hemos visto que sirven para computar el total de votos válidos, no sirven para adjudicar escaño. Desde luego, no queda ningún escaño sin adjudicar por lo que los votos en blanco son votos que no sirven para asignar representación en el Congreso.
Las consecuencias de este sistema electoral, que es tan bueno y tan legal como cualquier otro, son las siguientes:
1) Hay que votar. No votar es renunciar a participar en el sistema político. Si no se vota no se puede pretender que algún diputado que piense como nosotros se siente en el Congreso a defender nuestras ideas.
2) Votar en blanco es votar al aire. Cuando se vota en blanco no se vota a nadie y el sistema lo interpreta así, no lo interpreta como un signo de protesta o como una opción política. No existe ningún escaño en el Congreso que diga “al voto en blanco”.
3) Se vota en una provincia concreta, en la de cada uno. No es lo mismo votar en Madrid que en Soria o en Alicante. Porque los escaños se distribuyen en función de la población de cada provincia. Pero además, el número de votantes determina el porcentaje de votos para poder acceder a un escaño. En Madrid se necesitan muchos más votos que en Soria para conseguir un escaño.
Por otra parte, el número de escaños que corresponde a cada provincia determina también el número de partidos políticos que puede conseguir representación y esto también depende del número de habitantes de la provincia. Si una provincia tiene solo dos escaños lo más probable es que obtenga los dos escaños el partido más votado o el primero y el segundo partidos más votados, los demás partidos no obtendrán ninguno porque ya no quedarán escaños para ellos.
Por el contrario, en una provincia con diez escaños es probable que obtengan representación tres o cuatro partidos distintos además de los dos más votados.
4) Los partidos pequeños lo tienen muy difícil. La asignación de escaños que establece la ley electoral favorece a los partidos que obtienen más votos en cada provincia. Esto quiere decir que los beneficiados son, de una parte, los partidos grandes con implantación nacional que obtienen votos en todas las provincias; y de otra parte, los partidos regionales o nacionalistas de implantación local en una provincia o varias concretas.
Por el contrario, con esta ley electoral, resultarán perjudicados los partidos que obtengan pocos votos en cada provincia, aunque obtengan pocos votos en muchas provincias y la suma de todas ellas sea una gran cifra. Y es que la circunscripción provincial significa que las elecciones son «por provincias» y no «por nación» porque los diputados deben obtener los votos en su provincia y no en el resto de España.
5) Las elecciones no son un referéndum. Las elecciones se realizan para elegir diputados y lo que importa al final es el resultado: ganar un escaño de diputado en el Congreso, no los votos nacionales que se obtengan. En las últimas elecciones nacionales de 2015 el partido de «En Comú Podem» ha obtenido 927.940 votos que le han significado 12 escaños en el Congreso. Por el contrario, el partido «IU» ha obtenido 923.133votos que le han supuesto 2 escaños. Como se puede apreciar no es proporcional el número de votos con el número de escaños obtenidos porque en el caso del primero los votos están concentrados, mientras que en el caso de IU los votos está dispersos en muchas provincias.
Con estos antecedentes, se ve lo necesario que resulta pensar antes de votar y votar con la cabeza antes que con el corazón. Parece que el sistema electoral español actual inclina la balanza a favor del bipartidismo, de los nacionalismos y del voto útil. Del bipartidismo porque en la mayoría de los casos resultarán ganadores de las elecciones los partidos que tengan mayor implantación en la mayoría de las provincias y esto significa que deben ser partidos grandes, de implantación nacional y con una gran base de afiliados.
Favorece a los nacionalismos porque el voto concentrado en provincias determinadas provoca que gane las elecciones en esas provincias los partidos nacionalistas o regionalistas.
Y también favorece al voto útil porque, visto lo anterior, votar a los partidos pequeños o a los partidos emergentes resulta muy arriesgado y, en la mayoría de los casos, supondrá desperdiciar el voto.

Sin embargo, en todos los casos parece que no resulta apropiada la abstención ni votar en blanco porque no aprovechan para nada ni tampoco aprovechan a ninguna opción política. ■

lunes, diciembre 28, 2015

90. Año de la Misericordia

TEMAS: Misericordia.
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RESUMEN: 1. El motivo de la convocatoria de este Año Jubilar es el amor: «Como ama el Padre, así aman los hijos».

2. La apertura de la puerta significa que se abre un camino extraordinario hacia la salvación. El Papa debe tocar la puerta con un martillo tres veces mientras dice: «Abridme las puertas de la justicia; entrando por ellas confesaré al Señor».
3. El lema de este año santo es «Misericordiosos como el Padre». «Es mi vivo deseo, dice el Papa, que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales» (n.15).
4. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es «viator», un peregrino que recorre su camino hasta llegar a la meta anhelada.

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El Papa Francisco anunció el día 13 de marzo de 2015, en la Basílica de San Pedro, un Jubileo extraordinario, la celebración de un Año Santo de la Misericordia. Este Jubileo de la Misericordia se inició el presente año con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre de 2015,  y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
El anuncio oficial y solemne del Año Santo tuvo lugar coincidiendo con el segundo domingo de Pascua que es el Domingo de la Divina Misericordia, fiesta instituida por San Juan Pablo II.
El motivo de la convocatoria de este Año Jubilar es el amor: «Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros». (n.9)
La carta consta de 25 puntos que dan respuesta a preguntas muy concretas sobre el Jubileo, y detalla cómo quiere el Papa Francisco que vivamos este Año Santo.
En la tradición católica, el Jubileo consiste en que durante un año se conceden indulgencias a los fieles que cumplen con ciertas disposiciones eclesiales establecidas por el Vaticano. El Jubileo puede ser ordinario o extraordinario, como en este caso.
La Iglesia Católica tomó como influencia el jubileo hebreo y le dio un sentido más espiritual. En ese año se da un perdón general, indulgencias, y se invita a profundizar en la relación con Dios y con el prójimo.
El primer año jubilar fue convocado en el año 1300 por el Papa Bonifacio VIII. Se estableció que los siguientes jubileos se conmemoraran cada 25 años, con el objetivo de que cada generación experimente al menos uno en su vida.
El rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de los años permanece sellada. Tienen una Puerta Santa las cuatro basílicas mayores de Roma: San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María Mayor.
La apertura de la puerta significa que se abre un camino extraordinario hacia la salvación. El Papa debe tocar la puerta con un martillo tres veces mientras dice: Aperite mihi portas justitiae, ingressus in eas confitebor Domino- «Abridme las puertas de la justicia; entrando por ellas confesaré al Señor».
Cuando se abren, se entona el Te Deum y el Santo Padre atravesará esta puerta junto a sus acompañantes.
La misericordia es un tema muy sentido por el Papa Francisco quien ya como obispo había escogido como lema propio «miserando atque eligendo». Se trata de una cita tomada de las homilías de san Beda el Venerable, el cual, comentando el episodio evangélico de la vocación de San Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me» (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme). Esta homilía es un homenaje a la misericordia divina. Una traducción del lema podría ser: «Con ojos de misericordia».
El lema de este año santo es «Misericordiosos como el Padre». «Es mi vivo deseo, dice el Papa, que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales» (n.15). Redescubrir las obras de misericordia corporales: dar de comer al que pasa hambre, acoger al forastero, asistir a los enfermos y visitar a los presos, etc. Y ejercitar las obras de misericordia espirituales: dar consejo a quien lo necesite, consolar al afligido, corregir al que se equivoca, perdonar ofensas, rezar por los vivos y los difuntos...
La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es «viator», un peregrino que recorre su camino hasta llegar a la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. (n.14).


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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