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miércoles, febrero 28, 2024

119. Familiar

 

La familia forma parte del plan de Dios

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El hombre no es un ser individual, aislado de los demás, sino que por naturaleza es un ser familiar. Esto quiere decir que los hombres nacen, crecen y viven en la familia. Una familia que se fundamenta en el matrimonio de los padres como una unión de un hombre con una mujer comprometidos para siempre por amor y abierta a la acogida de nuevas vidas. La familia es una comunidad de personas unidas por el amor de los padres que se prolonga entre los hermanos y parientes.

En el ambiente familiar el hombre se reconoce a sí mismo en la convivencia con los demás miembros y aprende que las verdaderas relaciones humanas se fundan en el reconocimiento de los demás y de uno mismo por sí mismos y no por sus cualidades personales.

Es en la familia donde tiene lugar el afecto natural que une a sus miembros que son reconocidos y respetados en su integridad. En el ámbito familiar el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado y, por consiguiente, qué quiere decir en concreto ser una persona.

Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la «gratuidad» que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.

La familia se presenta como una auténtica comunidad de personas basada en el amor de los padres que enseña que el hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo. Amar significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente.

Porque el distintivo de la familia es el amor. El amor de los esposos que se extiende al amor de los hijos y los hermanos entre sí y con los demás parientes. Así como sin amor la familia no es una comunidad de personas que comparten una vida, también sin el amor la familia no puede vivir, crecer y desarrollarse.

En la familia se pasa del tú al nosotros y el hombre comienza a reconocer a los demás hombres como hijos y hermanos de unos mismos padres, como primos de unos mismos abuelos. El prójimo no es un “individuo” de la colectividad humana; es “alguien” que, por sus orígenes, siempre 'próximos' por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares (Catecismo, 2212).

Urge devolver a la familia el plan original del Creador y volver a vivir la familia como un plan de Dios para cooperar en la creación del mundo y también en la creación del hombre por medio de su desarrollo integral más allá de su nacimiento.

Y la cultura actual tiene grandes dificultades para reconocer el valor de la familia porque no quiere entender dos verdades fundamentales: la primera, que el hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor; y la segunda, que cada hombre se realiza mediante la entrega sincera de sí mismo (Carta a las familias, S. Juan Pablo II, n. 16).

 

Bibliografía

1. Instrucción pastoral La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad.  LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. 2001.n. 47 y ss.

2. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. n. 209 y ss.

3. San Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994.

4. La dignidad de la familia. www.opusdei.org

5. Catecismo Iglesia Católica, n. 2212

6. San Juan Pablo II, Exh. Apos. Familiaris consortio, 22-XI-198.

jueves, abril 20, 2017

101. Honrarás a tu padre y a tu madre

RESUMEN: Dios quiere que después de amarle a Él por encima de todas las cosas, amemos a nuestros padres a quienes les debemos la vida y la fe que nos han transmitido.
Catecismo Iglesia Católica nn. 2197 a 2257.
Cuarto mandamiento: «Honrarás a tu padre y a tu madre».
1. El cumplimiento amoroso del Cuarto Mandamiento tiene sus raíces más firmes en el sentido de nuestra filiación divina. El único que puede considerarse Padre en toda su plenitud es Dios,  de quien se deriva toda paternidad en el cielo y en la tierra.
Con el cuarto mandamiento comienza la segunda parte de los mandamientos que indica el orden de la caridad y se enuncia con el amor al prójimo como a uno mismo. Dios quiere que después de amarle a Él por encima de todas las cosas, amemos a nuestros padres a quienes les debemos la vida y la fe que nos han transmitido.
El precepto se dirige expresamente a los hijos respecto de sus padres, pero también alcanza a los demás parientes, abuelos y antepasados y se extiende al respeto a los maestros, tutores y todas aquellas personas que Dios ha investido de autoridad para nuestro bien.
2. La comunidad conyugal de los padres se funda en el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de la prole. Al crear Dios al hombre y a la mujer estableció la familia humana. La familia cristiana es una comunión de personas –padres e hijos– que es imagen de la comunión de la Trinidad.
La familia es la primera escuela de humanidad, el origen de la sociedad y de los pueblos, donde los padres buscan el bien de sus hijos y los hijos honran y obedecen los mandatos de los padres con lealtad. Así, también, los gobernantes deben buscar el bien común de la sociedad y gobernar con virtud con actitud de servicio.
La sociedad es una extensión de la familia y las relaciones sociales deben estar impregnadas del mismo afecto y bondad de las relaciones familiares. En la familia todos tienen la misma dignidad y consideración. La sociedad –a semejanza de la familia– está compuesta de personas. Gobernar la sociedad no puede limitarse a garantizar el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes. Las relaciones sociales, laborales, políticas reclaman justicia y fraternidad conforme a la dignidad de las personas.
3. Los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda. El respeto de los hijos a sus padres está hecho de gratitud a quienes les deben la vida, el amor y sus desvelos por educarles. Este respeto se expresa en la docilidad y en la obediencia de los hijos. La obediencia de los hijos cesa con la mayoría de edad, pero no el respeto a los padres que permanece siempre.
Los padres no deben limitarse a procrear hijos, sino que sus deberes se extienden también a la educación y a la formación espiritual de sus hijos. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. En primer lugar, por la creación de un hogar donde la ternura, el perdón y el servicio son la norma general de conducta. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Es una grave responsabilidad para los padres dar buen ejemplo a sus hijos. Deben enseñar a sus hijos a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas.
Sin embargo, los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. Los padres deben respetar la vocación singular de cada hijo que viene de Dios. La vocación primera de cada cristiano es seguir a Jesús.
4. El cuarto mandamiento nos ordena también honrar a todos los que han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. La autoridad debe ejercerse como un servicio y siempre conforme a la dignidad de las personas y a la ley natural.
El ciudadano está obligado en conciencia a no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando sean contrarias a las exigencias del orden moral. Si los gobernantes prescinden de la luz del Evangelio sobre Dios y sobre el hombre la sociedad se aparta de la ley del bien y se convierte en totalitaria.

Para los ciudadanos, el amor y el servicio a la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. En este orden se han de entender el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto y la defensa del país. Rezar y pedir por los gobernantes es una obligación moral de los ciudadanos.■

domingo, abril 12, 2015

84. Unas buenas lentejas

TEMAS: Matrimonio, familia, persona, cuerpo.

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RESUMEN: 1. La cultura occidental en la que vivimos y a la que pertenecemos ha ido descomponiendo la institución matrimonial.

2. La naturaleza humana convierte la simple comunión de vida y amor en la unión de un varón y una mujer para siempre fieles y abiertos a la vida y esto sí que es un matrimonio.

3. El matrimonio no es algo artificial, impuesto por una concepción particular de la persona y de la fidelidad, sino que es la propia naturaleza del varón y de la mujer la que ordena el amor recíproco de manera fiel, creadora de vida y familiar.


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Me envían un mensaje que dice así: “El otro día me empecé a preparar un gin-tonic, le estuve echando cosas un buen rato y me salieron unas lentejas buenísimas”.

Tenemos la convicción de que las instituciones son el resultado de la suma de sus componentes. Tanto pones en la cazuela, tanto te sale de guiso a comer. Si pones de más, en lugar de tener un gin-tonic tendrás unas lentejas.

Y cuando queremos conocer cómo son y cómo funcionan las diseccionamos en cada uno de sus componentes, como si se tratara de verdaderas máquinas que se pudieran desmontar en cada de sus piezas para averiguar cómo funcionan.

Sin embargo, este planteamiento no funciona con las personas ni con todo lo que les rodea. Las personas no somos una suma de componentes. Está claro que el cuerpo humano está compuesto de agua y un poquito de materia, pero si nos enseñan un saquito de polvo y cinco litros de agua no decimos: “un hombre”. ¿Qué falta? pues falta la idea del hombre.

Lo mismo sucede con las obras de los hombres. Por ejemplo, las novelas. Si descomponemos El Quijote de Cervantes descubriríamos que está hecho con un montón de letras, tinta y papel. Pero si nos dan toda una linotipia de caracteres y unos folios no decimos: “El Quijote”. ¿Qué falta? falta la idea del artista.

Pienso que sucede algo parecido con el matrimonio. La cultura occidental en la que vivimos y a la que pertenecemos ha ido descomponiendo la institución matrimonial. Y dice que el matrimonio se compone de dos personas que se quieren y quieren vivir juntas el resto de sus vidas compartiendo las penas y las alegrías; también están los hijos de ese matrimonio y también está la duración de ese matrimonio que es para siempre, por lo menos así se dice en un principio.

Pero si ponemos encima de la mesa todos estos componentes y los juntamos no nos sale un matrimonio, sino que nos sale una comunidad de vida y amor en la que cabe cualquier unión de hombres y de mujeres, de solo hombres o de solo mujeres o, incluso, de un hombre con varias mujeres o de una mujer con varios hombres.

Y ¿qué es lo que diferencia el matrimonio de esa comunión de vida y amor que tenemos encima de la mesa de laboratorio? Porque es verdad que el matrimonio también es una comunión de vida y amor, pero no es solamente una comunidad de vida y amor.

A todos esos elementos que tenemos encima de la mesa les falta la idea del matrimonio que es la idea de la misma naturaleza de los hombres y de las mujeres. La diferencia estriba en la naturaleza del hombre de sexo masculino, en la naturaleza de la mujer se sexo femenino, en la idea de la propia sexualidad humana que existe para expresar el amor y crear vida, en la consecuencia de todo lo anterior que son los hijos de ese amor de los esposos y en esa familia que nace de esa unión que reclama la fidelidad de los esposos para ser digna de acoger a las personas que la integran y educarlas en humanidad.

La naturaleza humana convierte la simple comunión de vida y amor en la unión de un varón y una mujer para siempre fieles y abiertos a la vida y esto sí que es un matrimonio. Un matrimonio que es en primer lugar una institución natural y para los cristianos, además, una institución sacramental cuando los bautizados se casan como la Iglesia dispone.

Porque en el matrimonio están dos personas, pero no sirven cualesquiera personas, tienen que ser precisamente un hombre y una mujer. En el matrimonio esas dos personas  se aman, pero no vale que se quieran, se tienen que prometer amor para toda la vida, es decir, se tienen que comprometer por encima de las emociones de cada momento. En el matrimonio está presente el sexo pero no como accesorio divertido sino como ordenación del amor y fuente de la vida. En el matrimonio está la fidelidad de los esposos pero no como una condena que se debe cumplir, sino como un don precioso que asegura la felicidad conyugal.

La idea del matrimonio que enseña la naturaleza humana convierte al matrimonio en una institución natural y lo aleja de una simple emoción privada. El matrimonio no es algo artificial, impuesto por una concepción particular de la persona y de la fidelidad, sino que es la propia naturaleza del varón y de la mujer la que ordena el amor recíproco de manera fiel, procreadora y familiar. ■




BIBLIOGRAFÍA
·        Card. Carlo Caffarra, Fe y cultura frente al matrimonio, www.infocatolica.com
·        Card. Carlo Caffarra, La reconstrucción del matrimonio, Aceprensa, http://www.aceprensa.com/articles/la-reconstruccion-del-matrimonio/


domingo, marzo 29, 2015

83. Los leones tienen alas

TEMAS: Cultura, vida, familia
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RESUMEN: 1. Antes los padres podían levantar una valla alrededor del peligro y decir a sus hijos algo así como “no vayas a tal sitio”.

2. Es conveniente conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarse sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida.

3. Se trata de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades.



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Nuestros hijos han nacido en una cultura donde dominan las nuevas tecnologías y las redes sociales. Para cualquier adolescente es normal comunicarse con su grupo y enviar mensajes y correos. Lo anormal sería no hacerlo, eso significaría que sería una persona rara, extraña a su tiempo.

Hasta hace poco tiempo, los padres podíamos estar relativamente tranquilos porque delimitábamos el terreno peligroso. Podíamos levantar una valla alrededor del peligro y decir a nuestros hijos algo así como “no vayas a tal sitio”, “no entres en tal lugar”, “no hables con tal persona”. Habíamos cercado el peligro, habíamos enjaulado a las fieras.

La sorpresa es que las nuevas tecnologías nos presentan un mundo virtual donde los espacios no son físicos, los lugares no se pueden vallar, las personas no están en zonas, sino que, por mucho que levantemos una valla alrededor de los leones, los nuevos leones virtuales tienen alas, sobrevuelan la valla y pueden devorar a nuestros pequeños.

¿Esto significa que las nuevas tecnologías con malas?, ¿significa que debemos mirar al pasado y renegar de los avances de la técnica? No, nada de eso. Esto significa que debemos conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarnos sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida, pero hay que aprender a vivir con las nuevas tecnologías. Como señala Benedicto XVI, «si se usa con sabiduría, puede contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano».

Hay que tener presente que las nuevas tecnologías se han hecho tan presentes en nuestras vidas que forman parte de ellas y con más razón de las vidas de nuestros hijos. No se entiende la vida cotidiana sin un teléfono móvil, sin internet, sin los servicios de mensajería. Las nuevas tecnologías no son algo extraordinario, lo extraordinario es poder “desconectarse” de ellas durante algún tiempo.

Por esto, para los padres cristianos de hoy, su tarea de educar consiste en enseñar a sus hijos a utilizar las nuevas tecnologías de una manera acorde con la fe cristiana y con la dignidad del hombre. Cada hijo debe aprender a tomar sus decisiones con madurez, de manera adecuada a su edad y con naturalidad, sabiendo distinguir lo que está bien y lo que está mal aunque nadie nos vea y estemos solos delante de un ordenador.

Quizás lo más difícil de comprender es que no se trata de aprender un nuevo sistema, porque se trata de un sistema que se encuentra en constante evolución y lo que has aprendido a manejar hoy estará obsoleto pasado mañana. Se trata, más bien, de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades y terriblemente atrayente.

Porque el mundo virtual en realidad es un mundo real: detrás de cada conversación, detrás de cada imagen, detrás de cada pantalla siempre hay una persona real con una vida. La vida no es un juego y las nuevas tecnologías tampoco. ■





BIBLIOGRAFÍA
·        Libro electrónico «Tecnologías digitales y vida cristiana». http://opusdei.es/es-es/article/libro-electronico-tecnologias-digitales-y-vida-cristiana/
·        Juan Carlos Vásconez, Educar en las nuevas tecnologías, http://opusdei.es/es-es/article/educar-en-las-nuevas-tecnologias/
·        San Juan Pablo II, Carta apostólica «El rápido desarrollo», A los responsables de las comunicaciones sociales, Ciudad del Vaticano, 21 de febrero de 2005.
·        Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial De Las Comunicaciones Sociales, Ciudad del Vaticano, 12 de mayo de 2013.


sábado, febrero 14, 2015

80. Sí, quiero.

Fecha: 14 de febrero de 2015


TEMAS: Familia, matrimonio.
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RESUMEN: 1. El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma.

2. Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón.

3. Muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.


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Hoy es 14 de febrero, día de San Valentín y es costumbre celebrar el día de los enamorados. Algunas parejas se felicitan y se entregan regalos de cariño que les hace presente su amor. Pero el amor de un hombre y de una mujer tiene su mayor expresión en el matrimonio que es la entrega total del uno al otro recíprocamente. Como es entrega, lo que se entrega se dispone y ya no se pertenece.

El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma delante de un sacerdote, un juez, un alcalde. No, el matrimonio es un compromiso de amor que, si es sincero, necesariamente debe ser definitivo, para siempre.

El matrimonio significa decir al cónyuge que para siempre será la persona que más amaré en esta vida. Y —como nadie puede dar lo que no tiene— eso solamente lo puede decir una persona que sea dueña de sí misma y, por tanto, pueda disponer de toda su vida.

Para querer a una persona, ¡no seamos ingenuos!, no hay que ponerla a prueba. Todos sabemos que cuando se prueba no se trata de la misma forma que si ya fuera nuestro. La razón es que cuando se prueba, por definición, no nos pertenece. La convivencia a prueba no es igual que una convivencia en firme, sin paso atrás, donde es necesario comprender al otro, conocer al otro, aceptar al otro tal y como es y, sobre todo, quedarse al lado del otro para siempre.

Por el contrario, lo que sí es de todo punto necesario para saber si un matrimonio va a funcionar es conocer a la persona con la que se quiere contraer matrimonio. Conocerla no como quien conoce a un amigo o a un compañero del trabajo, ni siquiera como se conoce al amigo de toda la vida. No se trata de ese conocimiento porque con todos los anteriores no hay que compartir la vida, las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, aunque algunas de esas cosas se puedan vivir en compañía.

Conocer al cónyuge es saber quién es realmente. Es decir, qué piensa de la vida y de la muerte; que es lo que le hace realmente feliz; por qué estaría dispuesto a dar la vida; qué piensa de la familia, de los hijos y del amor para toda la vida, entre otras cosas. Porque es importante conocer a la persona con la que quiero compartir mi vida y no llevarme sorpresas al poco tiempo de estar casados al descubrir que lo blanco era de colores y que cuando dijo a rayas quiso decir con cuadrados…

Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón. Y eso realmente lo afirman sus hechos y su conducta y no las bonitas declaraciones de amor que el tiempo y el olvido pueden borrar.

Ya lo sabemos: “obras son amores y no buenas razones”.

Por cierto, muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.



Bibliografía consultada


Aceprensa,  El romance de toda una vida,  William Lloyd Stearman, blog Family Edge.

miércoles, diciembre 03, 2014

79. Divorciados y vueltos a casar

TEMAS: Familia, matrimonio, divorcio.
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RESUMEN: 1. Se encuentran casados válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero.

2. Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural.

3. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características. La comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida.

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Con ocasión de la celebración del Sínodo de Obispos, el pasado mes de octubre de 2014, se ha vuelto a hablar de la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar. Se casaron para siempre pero las dificultades posteriores les han llevado a tomar la decisión de cesar en la convivencia primero y divorciarse civilmente para volverse a casar de nuevo, esta vez, conforme a las leyes civiles solamente.

Se encuentran casadas válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero. Para considerar la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar hay que tener presente, al menos, estas consideraciones:

1) La palabra de Jesús es la doctrina de la Iglesia y sigue siendo válida en los tiempos actuales porque es palabra eterna. Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cf Mt 5, 31-32; 19, 3-9; Mc 10, 9; Lc 16, 18; 1 Co 7, 10-11), y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9).

2) La segunda unión posterior a un primer matrimonio válido no puede ser un matrimonio puesto que existe un “impedimento de vínculo” para volver a contraer matrimonio.

3) Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características.

El matrimonio válido no depende del amor de los esposos, sino de su celebración conforme a los presupuestos y requisitos exigidos. Si existió consentimiento matrimonial para hacer lo que la Iglesia quiere que se haga en el matrimonio los esposos están casados aunque se hubiera enfriado su amor. Es Dios mismo quien ha unido ese  matrimonio de manera indisoluble.

Y cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional, cometen adulterio. Jesucristo condena incluso el deseo del adulterio.

No se puede pasar por alto que la negación de la indisolubilidad del matrimonio y la aceptación del divorcio supone una ofensa grave a la ley natural que pretende romper la promesa realizada libremente por los esposos de vivir juntos hasta la muerte. San Pablo establece expresamente la prohibición del divorcio como un deseo expreso de Cristo: “A los casados, en cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer” (1Cor 7,10-11).

A partir de esta posición, la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional. El matrimonio de no bautizados, si bien está orientado a la indisolubilidad, bajo ciertas circunstancias –a causa de bienes más altos– puede ser disuelto (Privilegium Paulinum).

La mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio, en especial en lo relativo a la indisolubilidad del mismo y la apertura a la vida. Esta mentalidad puede permitir apreciar que en los tiempos actuales algunos contrayentes no se casaron conforme a la doctrina católica y al no querer hacer lo que la Iglesia quiere que sea aquel matrimonio puede estar aquejado de nulidad.

Pero la comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida. Corresponde a los tribunales eclesiásticos determinar con objetividad y apreciadas las circunstancias concretas si el primer matrimonio no fue válido y, entonces y solo entonces, regularizar la situación del segundo matrimonio.

Porque el amor es más que un sentimiento o un instinto. Es bueno recordar el valor antropológico del matrimonio indisoluble, que libera a los cónyuges de la arbitrariedad y de la tiranía de sentimientos y estados de ánimo, y les ayuda a sobrellevar las dificultades personales y a vencer las experiencias dolorosas. En particular, protege a los niños, que, por lo general, son los que más sufren con la ruptura del matrimonio.

En su esencia, el amor es entrega más que sentimiento. En el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: sólo tú, y para siempre. A las palabras del Señor: “Lo que Dios ha unido” corresponde la promesa de los esposos: “Yo te acepto como mi marido… Yo te acepto como mi mujer… Quiero amarte, cuidarte y honrarte toda mi vida, hasta que la muerte nos separe”.



Bibliografía consultada
1.      Jesucristo, justo y misericordioso. Denis Biju-Duval
2.      Sínodo de la familia: una palabra de esperanza, Ramiro Pellitero, iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com
3.      Una primera mirada al Sínodo de la Familia, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com
4.      ¿Qué mensaje ha dado el Sínodo?, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com

5.      Testimonio a favor de la fuerza de la gracia, Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos, S.E. Mons. Gerhard L. Müller.

domingo, noviembre 16, 2014

78. Familia 2014

TEMAS: Familia, matrimonio.

RESUMEN: 1. La Iglesia es consciente de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para la felicidad del hombre y de la sociedad.

2. La manipulación de los hechos ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

3. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.

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El año 1981 el Papa san Juan Pablo II publicaba su Exhortación Apostólica Familiaris consortio en la que se recogía las conclusiones del reciente Sínodo sobre la familia. En ella se hacía eco de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para el hombre y la sociedad. La Iglesia sabe que el hombre necesita de la familia y del matrimonio para su desarrollo y subsistencia, en definitiva, para ser hombre. Al mismo tiempo, la Iglesia es consciente de las tensiones y ataques que sufren esas dos instituciones en la cultura actual dominada por una concepción ideológica del hombre.

En este contexto actual, la Iglesia quiere ponerse al servicio del hombre iluminando de nuevo la realidad de la familia y del matrimonio para hacer visibles sus verdaderos valores al mundo de hoy.

El pasado mes de octubre ha tenido lugar la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada por el papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», se desarrolló en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014, se la conoce popularmente como el Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, y se lo ha considerado uno de los hechos más significativos del pontificado de Francisco.

Probablemente se trata de una de las reuniones de obispos que suscitó mayor interés mediático previo y polémicas más encendidas desde el Concilio Vaticano II. Este sínodo se caracterizó por constituir la preparación de otro más largo y más extenso, la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos (2015), que tratará un tema similar («Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia») al término del cual el papa presentará una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema.

El 26 de junio de 2014 se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede el "Instrumentum laboris" que será analizado por los obispos durante el Sínodo sobre la Familia a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Como se recuerda, el 8 de octubre de 2013 el Papa Francisco convocó la tercera Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Para ello se envió a las diferentes conferencias episcopales el Documento preparatorio, sintetizado en el “Instrumentum Laboris”.

Debido a la amplitud del tema, el Santo Padre ha establecido un itinerario de trabajo en dos etapas, que constituyen una unidad orgánica. Así, en la Asamblea General Extraordinaria de 2014, los padres sinodales evaluarán y profundizarán los datos, testimonios, sugerencias de las Iglesias particulares a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Un año después, la Asamblea General Ordinaria de 2015 reflexionará en un segundo momento –insertándose en el precedente trabajo sinodal- sobre las temáticas afrontadas para individuar líneas operativas pastorales.

Lo que ha tenido lugar es una preparación del Sínodo de 2015 que ha estado precedida por un documento preparatorio y que ha concluido con un nuevo documento que recoge las intervenciones y cuestiones sobre las que habrá que trabajar los próximos meses que se denomina Relatio post disceptationem y significa precisamente eso: una relación de intervenciones.

Pero la comunicación de los hechos no ha sido todo lo clara que cabía esperar y la manipulación de los mismos parece que ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

La cuestión central es el hombre. El hombre no se inventa a sí mismo, tampoco puede, por tanto, inventarse la familia ni el matrimonio. Otra cosa será lo que la legislación de cada país quiera decir de los mismos, pero eso y la realidad de las cosas a veces es pura coincidencia. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.


Bibliografía consultada
1.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea General del Sínodo, la gran confusión (I), Josep Miró i Ardèvol.
2.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea del Sínodo, un error de método, Josep Miró i Ardèvol.

3.      Al servicio de la familia, Rafael María de Balbín.

domingo, septiembre 15, 2013

77. La familia ante la Modernidad

Fecha: 01 de septiembre de 2013                     



TEMAS: Año de la Fe.

RESUMEN: 1. La mentalidad cientifista considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental.
2. El relativismo no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra.
3. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso.
4. Se entiende como bien personal solamente aquello que reporta algún tipo de utilidad o placer.


La familia es propia del tiempo y de la cultura actual en las que vive y se desarrolla. La cultura actual es consecuencia de la concepción filosófica denominada Modernidad cuyos fundamentos y errores se pueden resumir en los siguientes:

1. El positivismo cientifista:  La mentalidad positivista contemporánea se encuentra vinculada al progreso científico y a la mentalidad cientifista que considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental. Al negar la posibilidad de conocer una verdad superior a la inteligencia del hombre se está negando la existencia misma de una verdad que supera y transciende al hombre y, por tanto, se está negando cualquier tipo de creencia puesto que las creencias no son científicas.
Pero existen otras certezas no experimentales que son las que refieren ―precisamente― al hombre, a la vida y al sentido de la vida puesto que son verdades que no se fundan en la misma experiencia, sino en el origen de la creación y nos hacen conocer las cosas y la realidad tal y como son (como las ve el Creador).

2. El relativismo historicista: en nuestra sociedad domina el relativismo que no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra. El relativismo al negar cualquier tipo de verdad objetiva y de referencia absoluta termina en el subjetivismo más exagerado: en el “yo pienso”, “yo creo”, “a mí me parece”, “he obrado conforme a mi conciencia”.
En el fondo, el relativismo piensa que el hombre es incapaz de conocer la verdad y debe conformarse con sucedáneos de la verdad, con convicciones personales que le ayuden a vivir. Pero la verdad objetiva existe y el hombre, con ayuda de la fe, puede llegar a alcanzarla. La verdad no se puede confundir con una opinión personal. Que el hombre pueda conocer la verdad no quiere decir que la verdad sea evidente para todos los hombres: es necesario estudio, reflexión y, ciertamente, esfuerzo.
Otra versión del relativismo, que niega la capacidad del hombre de conocer la verdad, es aquella que simplemente cree una verdad que no conoce ni entiende y, además, se niega a entender. Es el llamado fideísmo y fundamentalismo. Tampoco es correcto que el hombre renuncie a su capacidad de pensar y de razonar la propia fe y deje de llegar a conocer todo aquello que puede llegar a conocer.

3. El sentido de la libertad: La cultura actual tampoco entiende el verdadero sentido de la libertad individual. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es una libertad sin límites ni condiciones y por tanto la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso. Se entiende la libertad como la ausencia de límites y se concibe legítimo cualquier acto humano con la sola condición de haber sido realizado libremente con independencia de la moralidad del acto en sí mismo.
Se piensa que la libertad es algo que se pesa, que se cuenta y que se mide, como un kilo de azúcar: tengo más o menos libertad según que tenga más o menos limitaciones. Así cualquier persona llega a plantearse “cuántas cosas puedo hacer”, en lugar de plantearse “qué cosas debo hacer puesto que soy libre para hacer el bien”.
Cuando la libertad se concibe como una propiedad de la persona independiente de la verdad de la misma persona entonces se llega a concebir la libertad como la capacidad de hacer lo que cada uno quiere (aunque sea una locura que nos degrada). Por el contrario, cuando la libertad se concibe como una propiedad del hombre para realizar la verdad del hombre (realizarse, ser hombre verdadero) entonces la libertad es la capacidad de elegir el bien del hombre y desechar el mal. Entonces la libertad se convierte en un verdadero compromiso con el bien, al mismo tiempo que se reconoce una fuente de la verdad distinta de la propia opinión.

4. El “bien” entendido como placer o utilidad: cuando se concibe el bien del hombre como algo personal desvinculado de un orden moral objetivo y superior al hombre, que no transciende a la propia persona y, por tanto, queda sometido a sus propios caprichos se termina entendiendo como bien personal aquello que me reporta algún tipo de utilidad o placer.
La preferencia de la utilidad y lo placentero termina prefiriendo lo sentimental frente a cualquier tipo de exigencia o esfuerzo personal y termina en el permisivismo y en una moral de conveniencia personal.

5. Los imperativos de la ética civil: en los últimos años se ha impuesto la convicción social que entiende que las creencias religiosas son siempre una fuente de problemas sociales porque tales creencias obedecen a postulados primitivos, irracionales y antiguos que convierten a los hombres en seres antisociales, violentos y agresivos. El laicismo sostiene que la sociedad debe regirse por unas normas éticas fundadas en la razón y en el consenso civil, alejadas de cualquier tipo de imposición religiosa.
Esta ética civil es necesariamente una ética de mínimos y relativista que solo reconoce como verdadero lo que está demostrado científicamente y lo que está aceptado por la mayoría a quien solo considera legitimada para imponer sanciones y límites al individuo.

Es necesario relacionar los dos términos del binomio fe-cultura, pues, como dijo Pablo VI: La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. (Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 20). ■


domingo, junio 03, 2007

26. Familia


Fecha: 1 de junio de 2007

TEMAS: Persona, Familia.
RESUMEN: 1. Al hablar de la familia muchas personas piensan que la familia es algo así como un invento católico, confesional. Es una institución válida solamente para los creyentes.

2. Solamente la familia basada en el matrimonio de los padres, con un compromiso de estabilidad, de fidelidad y mutuo esfuerzo es la familia que funciona y es un bien para la sociedad.

3. El problema de la familia de hoy es el hombre de hoy. Porque al hombre actual no le preocupa la familia sino que le preocupa su propia felicidad, su libertad, sus conquistas, sus éxitos... Y en todo esto se olvida de su familia que es precisamente la única que le puede asegurar su existencia.

4. Este es el primer afán de los padres: conseguir que su familia sea una verdadera comunidad de vida y de amor, donde todos se conocen a todos y a sus problemas, donde se respetan como son, donde se ayudan.

5. La familia no se basa en un encuentro ocasional de un hombre y una mujer que se cruzaron un día y se gustaron. No. Esto sería una visión muy pobre de la familia. La familia se basa en un compromiso de amor, un sí mantenido a lo largo de los años, más allá del momento presente y contra toda prueba. La familia se funda a prueba de amor.

6. La gran aventura de la familia no se hace en nombre de la economía, ni del progreso, ni del bienestar social. Por todas estas razones un hombre no se une a una mujer para formar una familia. La gran aventura de la familia se hace solo en nombre del amor.

SUMARIO: 1. Familias naturales.- 2. Problemas.- 3. La buena familia.- 4. Volver al principio.

1. Familias naturales

Al hablar de la familia muchas personas piensan que la familia es algo así como un invento católico, confesional. Es una institución válida solamente para los creyentes. Otros piensan que la familia es una conveniencia social, herencia de una civilización, consecuencia de una determinada cultura y, en cualquier caso, prescindible si se dieran los presupuestos culturales y educativos necesarios. «Si educamos bien a esta generación podremos prescindir de la familia», opinan muy seguros de la vetusta institución familiar.

Seamos científicos. Los científicos observan la naturaleza, los fenómenos naturales. Cuando se repiten determinadas conductas y los efectos son consecuentes se produce una relación de causalidad: causa-efecto. El efecto tiene lugar porque ha existido una causa que lo provoca. Del conjunto de acontecimientos naturales abstraen consecuencias y consiguen formular enunciados generales, principios operativos, maneras de ser y hasta leyes de funcionamiento. Bueno, veamos...

De las numerosas encuestas y estudios que se realizan sobre la familia una organización[1] se ha propuesto ordenarlos razonadamente y obtener conclusiones ajenas a cualquier planteamiento religioso o confesional. Estos estudios vienen a decir lo que cualquier persona sensata ya sabe, aunque lo confirman con evidencias científicas: la familia basada en el matrimonio de los padres, con un compromiso de estabilidad, de fidelidad y mutuo esfuerzo es la familia que funciona y es un bien para la sociedad. Esta clase de familias son las «familias naturales» que funcionan. Veamos qué dicen en concreto los estudios.

Los estudios nos dicen que los hijos de las familias estables y serenas tienden a obtener mejores resultados académicos. Son niños que tienen un comportamiento emocionalmente más estable. Son hijos que tienen por costumbre cenar o comer con sus padres y pasar ratos de conversación con ellos.

Estas familias naturales parece que son la mejor preparación para evitar el sexo prematuro de los adolescentes o el mundo de la droga. No siempre esto es así, pero lo que dicen las encuestas de lo que se observa en la calle es que los adolescentes de las familias estables y naturales tienen menos riesgo al sexo prematuro y a las drogas que los adolescentes de otras familias no estables.

Las familias naturales y estables son las que ofrecen un hogar “seguro” a los hijos, donde se encuentran como en su casa, no en territorio de guerra. Los hijos quieren estar en su casa y conciben el hogar familiar como un lugar “a cubierto”.

Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia (38,5 casos por mil) que las madres que nunca han estado casadas (81 casos por mil). Los padres casados gozan de mayor bienestar psicológico frente a los padres divorciados que sufren depresiones en mayores porcentajes, tengan o no tengan a sus hijos con ellos.

Aunque a muchas personas esto les suene a receta ya sabida no está de más considerar que cuando las cosas son así en la mayoría de los casos debe existir alguna razón que lo explique. Y esta es la gran pregunta que hoy nos formulamos: ¿existe un modelo de familia?

Porque sabemos que la familia basada solo en el sentimiento es muy frágil. El sentimiento decae, se trivializa, se hace rutinario y aburrido. El sentimiento debe crecer en el cariño y para quererse es necesario conocerse. La familia no es solo un sentimiento, tiene que ser racional, humana, aunque basada en el amor.

Y la familia es siempre la misma, aunque en cada tiempo la familia es la correspondiente. Es una realidad permanente y dinámica que debe ser asumida en la línea de la renovación y de la innovación.

Al hablar de la renovación de la familia nos sale al paso como primer escollo el atrincheramiento de algunas personas y concepciones en posiciones del pasado, son concepciones cerradas a cualquier cambio o adaptación de la familia al tiempo actual[2]. Ni viajamos en caballería, ni escribimos con pluma de ave. Es evidente que los tiempos cambian y si queremos que la familia siga siendo la familia auténtica es necesario adaptarla a cada tiempo.

Este esfuerzo de adaptación exige de un lado abandonar modos y maneras que no pueden ya tener lugar porque ahora se vive de otra manera. Y, de otro lado, también exige discernir lo que los nuevos tiempos traen consigo a fin de no impedir que el hombre siga siendo hombre y no un sueño irreal. Es tarea difícil, es verdad, pero necesaria.


2. Problemas

Y cuál es el problema de la familia de hoy. El problema de la familia de hoy es el hombre de hoy. Porque al hombre actual no le preocupa la familia sino que le preocupa su propia felicidad, su libertad, sus conquistas, sus éxitos... Y en todo esto se olvida de su familia que es precisamente la única que le puede asegurar su existencia.

Han cambiado las condiciones de trabajo y la economía, el trabajo de la mujer fuera del hogar, los horarios de trabajo y los desplazamientos en las grandes ciudades. Sí, han cambiado muchas cosas pero sobre todo lo que ha cambiado es el valor que el hombre de hoy le ha dado a estos cambios y qué es lo que le importa realmente.

Al hombre de hoy no le importa «hacer familia», estar con la familia, contar sus alegrías y preocupaciones en su familia. Al hombre de hoy le importa pasarlo bien, disfrutar de la vida, sentirlo todo. Y no tiene ningún reparo en sacrificar la familia para conseguir sus propósitos. La familia es la gran sacrificada en aras de una mejor posición social, de mejores colegios, de mejores coches, de mejores vacaciones, de mejores viviendas, de mejores electrodomésticos...

Y es que en toda elección siempre existe una jerarquía. Se elige lo que se prefiere y se desecha lo no preferido. Hay que elegir: o paso más tiempo con mi familia o lo paso con el trabajo. O me esfuerzo por crear un buen ambiente familiar o me refugio en leer el periódico. O me intereso por las cosas y problemas de los de mi familia o veo la televisión. Y no podemos hacer dos cosas a la vez.


3. La buena familia

Todos nacemos en una familia y es la misión de los padres enseñar a vivir a los hijos. Porque la misión de los padres no se limita a dar la vida, la vida biológica podríamos decir. La misión de los padres supone dar además de la vida el sentido de la vida y esto es enseñar a vivir a sus hijos. La familia es el primer lugar donde se aprende la buena voluntad, el saber compartir, el ofrecerse a los demás.

Es misión de los padres crear un clima familiar adecuado donde pueda brotar y crecer la personalidad de cada uno de los hijos y donde éstos tengan acceso a las primeras experiencias de vida en común. Este clima familiar es el resultante del respeto a las personas que conviven con nosotros, la confianza recíproca, la participación en los problemas y en las tareas[3].

Esto supone convivir, vivir juntos, en común. Pero también supone a los padres la valentía de decir serenamente la verdad a los hijos y corregirles cuando se desvían, sin rendirse a un cómodo permisivismo que, bajo la apariencia de comprensión, encierra una traición a los hijos y a la misma sociedad. Así la familia se convierte en una verdadera escuela de valores y de virtudes.

La familia se esfuerza por vivir el cariño y va más allá del mero respeto a las personas, que no discrimina ni juzga, sino que se traduce en ayuda y en olvido de uno mismo tanto dentro como fuera del hogar. El perdón de los enemigos, la comprensión y el respeto a los que piensan de otra manera, la superación de las venganzas y del odio, la defensa de los débiles y otras formas más del cariño fraterno solamente son auténticas si se han ensayado en el seno familiar entre los hermanos y los esposos.

El consumismo, el capricho y el lujo que hoy tientan a tantos hogares, ahogan la dimensión trascendental del hombre y empobrecen a la persona a la que reducen a una simple cosa más. Es en la familia donde debe gestarse una nueva civilización que valore más el «ser» que el «tener», en la que el progreso de las demás familias y de los pueblos se mida más por la calidad de la vida que por la renta per cápita de sus habitantes.

Un clima familiar donde se destierre la violencia hasta en las mismas expresiones verbales, en los juegos infantiles y en donde no se valore tanto el «ganar o perder» sino el «compartir y ayudar».

Un clima familiar donde sea patente que nadie tiene el monopolio de la verdad. Es provechoso escuchar y respetar a todas las personas, enriquecerse con sus aportaciones y valorar sus posturas. La diversidad de los miembros de la familia es una gran oportunidad para aprender a poner en práctica el diálogo y el respeto a los demás.

Este es el primer afán de los padres: conseguir que su familia sea una verdadera comunidad de vida y de amor, donde todos se conocen a todos y a sus problemas, donde se respetan como son, donde se ayudan.


4. Volver al principio

Es necesario que sepamos diferenciar en la actual evolución de la familia qué elementos nuevos son auténticamente válidos y compatibles con el hombre y cuáles otros no lo son. Hace falta pensar en la familia y empeñarse en la familia para conseguir la familia que necesita el mundo de hoy.

Es claro que cambia el mundo, los modos de vida, los avances de la ciencia y todo lo demás. Y también es claro que el hombre sigue siendo el mismo. Vive de otra manera, pero es el mismo hombre.

Se podría llegar a pensar que la familia ya no es necesaria, pero esto no es sino una quimera. El hombre sigue necesitando de una familia para crecer, para aprender, para saber vivir. Cualquier otro intento se ha demostrado erróneo y el que lo quiera volver a intentar se volverá a equivocar.

La familia se debe fundar en el matrimonio de los padres. No tanto en cuanto matrimonio confesional y religioso por el solo hecho de serlo, sino el matrimonio como un compromiso de fidelidad, un pacto de amor para siempre de los esposos que fundan la familia como una verdadera comunidad de amor. La familia no se basa en un encuentro ocasional de un hombre y una mujer que se cruzaron un día y se gustaron. No. Esto sería una visión muy pobre de la familia. La familia se basa en un compromiso de amor, un sí mantenido a lo largo de los años, más allá del momento presente y contra toda prueba. La familia se funda a prueba de amor.

La gran aventura de la familia no se hace en nombre de la economía, ni del progreso, ni del bienestar social. Por todas estas razones un hombre no se une a una mujer para formar una familia. La gran aventura de la familia se hace solo en nombre del amor. Es el amor original de los esposos lo que diferencia a una familia de una reunión de amigos, de un piso compartido, de un encuentro pasajero, hasta de una simple convivencia en común.

Es el amor lo que hace de la familia el lugar del «sí definitivo». Las personas buenas se permiten el placer de acercarse a los demás y preocuparse por su felicidad. Esas personas han llegado a comprender que es el amor lo que marca la diferencia en la vida.

Y todos estos argumentos que nos pueden parecer naturales y obtenidos de la observación de la naturaleza no son opuestos sino que se ven confirmados desde la visión cristiana de la familia. Para un cristiano la misión de la familia sigue siendo el designio creador de Dios. En el plan de la creación, el matrimonio no es una casualidad o despiste del creador. Al contrario, la cuestión de la relación entre el hombre y la mujer hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano que se hace la eterna pregunta «¿quién soy?»[4] El hombre y la mujer han sido creados el uno para el otro, para amarse, y en esa comunidad de amor, convocar la nueva vida de cada uno de sus hijos a los que se acoge en la comunidad familiar.

Existe un modelo de familia. Un modelo que podríamos llamar familia natural porque lo dispone la naturaleza. No es el hombre el que inventa la familia, sino que la familia es una institución natural que acompaña al hombre. De la misma manera que el hombre es lo que es y no su capricho, la familia tiene sus reglas y sus normas y no las podemos olvidar.

La familia es el lugar donde se nace y donde se muere, es el lugar donde se vive. El hombre no puede olvidar esto a no ser que quiera dejar de ser hombre y vivir como un animal. La experiencia nos dice que no podemos ir contra la naturaleza, la naturaleza humana en nuestro caso.



Felipe Pou Ampuero

[1] Familyfacts.org, Las 10 ventajas del matrimonio y la familia natural sobre cualquier otra opción, www.ForumLibertas.com
[2] Conferencia Episcopal Española, XXXI Asamblea Plenaria, Matrimonio y Familia, Madrid, 6 de julio de 1979, n. 23.
[3] Conferencia Episcopal Española, XXXI Asamblea Plenaria, Matrimonio y Familia, ... n. 56.
[4] Benedicto XVI, Familia y comunidad cristiana, Vaticano, 7 de junio de 2005.