sábado, octubre 29, 2022

106. Varón y mujer

La sexualidad no es un simple accidente de la persona, es la oportunidad para el desarrollo personal.

  

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Durante mucho tiempo, la teología cristiana influenciada por la filosofía de Platón ponderaba la bondad del alma y menospreciaba el valor del cuerpo. Con el tiempo, se llegó a considerar al cuerpo como algo corruptible y despreciable, valorando solamente el alma y la espiritualidad y tolerando el matrimonio como una realidad “poco noble”, debido a la dimensión sexual que el cuerpo comportaba.

Karol Wojtyla, a la entrada del Cónclave que elegiría a Juan Pablo I, llevaba bajo el brazo unos papeles para trabajar con el tema que por entonces le rondaba: la Teología del cuerpo. Pocos meses después, siendo ya Juan Pablo II la expuso a lo largo de 129 audiencias de los miércoles durante cinco años desde septiembre de 1979 hasta noviembre de 1984.

La teología del cuerpo expresa que la dignidad del hombre y de la mujer se reconoce desde un cuerpo de varón y un cuerpo de mujer sexuados y creados por Dios que se ha hecho Hombre. Las conclusiones de esta nueva visión del hombre son las siguientes:

- El sexo es constitutivo de la persona. Hasta ahora se consideraba el sexo como un accidente inseparable de la persona: Juan es inteligente, alto, ágil y es varón, pero Juan es persona. Sin embargo, la realidad no es así. Juan tiene muchos atributos: alto, inteligente, ágil. Pero Juan «es» varón. El sexo es constitutivo de la persona y no solamente un atributo de la misma. Porque el hombre y la mujer no tienen un sexo determinado, son su sexualidad, es decir, son corporales, son sexuados, porque la sexualidad es estructural en lo corpóreo, psíquico y espiritual, no es sólo una diferencia genital.

- El significado esponsal del cuerpo. Si la persona es capaz de amar por medio de su sexualidad entonces la persona debe ser tratada con amor. Amar significa tratar al ser humano con una dignidad especial y no como un objeto.

- La complementariedad varón-mujer es ontológica.  Que el varón y la mujer se complementan es algo que ya demostraba la biología y la psicología. Pero existe un tercer nivel donde también se complementan y del que nadie hablaba. Reside en el plano del ser: la manera de ser persona como varón y como mujer. Se puede hablar de dos tipos de personas: la masculina y la femenina.

Como la persona entera es hombre o mujer, la unidad del cuerpo y del alma se extiende a todos los rincones de la existencia humana. No se puede limitar la sexualidad humana a la procreación. El sexo lejos de ser un privilegio o una discriminación, supone la oportunidad para el propio desarrollo y la realización personal de cada uno.

Para el cristiano el término "diferente'' es sinónimo de Creación. Nada hay igual en la Creación del universo. Ni dos pájaros, ni dos piedras, ni dos margaritas, ni mucho menos, dos mujeres o dos hombres. La diferencia es el sello divino de la Creación y en cada diferencia se muestra el amor concreto de Dios por cada criatura.

La aceptación de la naturaleza humana como algo que nos viene dado, con lo que nacemos, supone aceptar que Dios nos ha dado esa naturaleza desde el amor y nos hace entender que aceptar la Creación en nosotros mismos es el mayor bien que podemos hacernos y es la única manera de realizarnos.■

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Cerebro de mujer y cerebro de varón, Natalia López Moratalla, Instituto de Ciencias para la Familia, 2007.

2. Varón y Mujer: ¿Naturaleza o Cultura? Jutta Burggraf

3. Varón y mujer. Una diferencia que cuenta. Antonio Malo Pé.

4. Blanca Castilla de Cortázar Larrea, Varón y mujer en la “teología del cuerpo” de Karon Wojtyla, www.arvo.net, 2 de marzo de 2006.

5. Eduardo Terrasa, Posibles desencuentros entre yo y mi cuerpo, Nuestro Tiempo, noviembre 2005, nº. 617, p.70.

6. Natalia López Moratalla, No existe un cerebro unisex, Entrevista publicada en ALBA, octubre 2007.

domingo, septiembre 25, 2022

105. Juntos

 

No basta la simple convivencia entre los esposos, el amor conyugal exige poner amor en la convivencia, estar pendiente del otro cónyuge, vivir para él.

 

En qué se diferencia el amor entre esposos de los demás amores. Todos admitimos que los casados son los que viven juntos y hacen vida en común. Pero, ¿realmente es así? ¿Se puede afirmar que vivir juntos es lo propio de los esposos?

Parece que no. Vivir juntos es necesario pero no es suficiente. La simple convivencia no es determinante de la vida matrimonial. Porque existen muchas convivencias que no implican un matrimonio, ni, mucho menos, un amor conyugal entre los convivientes.

Conviven los estudiantes que comparten un piso. También conviven los colegiales que residen en el mismo colegio mayor; los internos en una institución sanitaria y hasta penitenciaria. Y también conviven las parejas que no han contraído matrimonio ni se han comprometido a quererse para siempre.

Porque la promesa matrimonial de quererse toda la vida no asegura el amor conyugal, es la causa del mismo o su antecedente, pero el amor puede llegar a desaparecer si se fía todo a la promesa que se hizo el día de la boda.

Si nos fijamos en el principio de los tiempos podemos leer que Dios después de formar al hombre se compadece de su soledad y decide darle una ayuda semejante a él (Gn 2,18). Pero ninguno de los animales ni los demás seres vivientes creados es capaz de llenar esa soledad. Sólo cuando se le presenta la mujer el hombre puede expresar su profundo gozo y la reconoce carne de su carne y hueso de sus huesos.

Precisamente porque la mujer se diferencia del hombre, aunque colocándose a su mismo nivel, puede realmente servirle de ayuda y viceversa. Como dice Juan Pablo II (Mulieris Dignitatem, 7), esta ayuda semejante es una unidad de los dos –el hombre y la mujer– que son llamados desde su origen no sólo a existir uno al lado del otro o, simplemente juntos, sino que son llamados también a existir el uno para el otro. Y esta unidad del hombre y la mujer alcanza su más perfecta expresión en la unión conyugal.

Los esposos deben vivir juntos y compartir mesa, mantel, vida e ilusiones. Pero no deben vivir como simples convivientes, sino como esposos que se aman. ¿Y en qué consiste? Pues consiste en no “vivir con” sino en “vivir para”. Vivir  pensando en el esposo o la esposa, en hacerle la vida más agradable, en escucharle, acompañarle, animarle, defenderle, en fin, querer lo mejor para él o ella.

No basta la simple convivencia entre los esposos, el amor conyugal exige poner amor en la convivencia, estar pendiente del otro cónyuge, vivir para él, vivir pendiente de él. Si el matrimonio no se vive de esta manera se convierte en una rutina que será una triste imagen del verdadero amor conyugal.■

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Adolfo J. Castañeda, ¿Qué es la Teología del cuerpo?, www.catholic.net
  2. Blanca Castilla de Cortázar Larrea, Varón y mujer en la “teología del cuerpo” de Karon Wojtyla, www.arvo.net, 2 de marzo de 2006.
  3. San Juan Pablo II, Encíclica Mulieris dignitatem, nn. 6, 7 y 8.

domingo, abril 22, 2018

104. Comunicar la verdad


RESUMEN: Lo importante es ir a lo esencial: el gran amor de Dios hacia nosotros.

Quien pretende comunicar la verdad afirma que existe. A veces, se confunde la verdad con la propia opinión. Pero la verdad no nos pertenece. Más bien, nosotros pertenecemos a la verdad si somos veraces.
La verdad no es un objeto que se posee y se trasmite. La verdad no es algo, sino Alguien: Jesús. Así lo dijo de Sí mismo.
El problema es que podemos esconder la verdad entre una maraña de preceptos, de costumbres, de ritos y otras cosas que en lugar de mostrar el rostro de Jesús lo ocultan.
Lo importante es ir a lo esencial: el gran amor de Dios hacia nosotros, la vida apasionante de Cristo, la actuación misteriosa del Espíritu Santo en nuestra mente y en nuestro corazón...
Es necesario darse cuenta y saber transmitir que un cristiano no es una persona “piadosa”, un escrupuloso cumplidor de preceptos, sino una persona feliz que ha encontrado el sentido de su vida. Precisamente por esto es capaz de transmitir a los otros el amor a la vida, que es tan contagioso como la angustia.
Si queremos hablar sobre la fe, es preciso tener en cuenta el ambiente actual. Tenemos que conocer el corazón del hombre de hoy —con sus dudas y perplejidades—, que es nuestro propio corazón, con sus dudas y perplejidades. El hombre actual es más sensible y tiene una preocupación social mayor debido a la gran cantidad de información que recibe.
Lo necesario es no ocultar la verdad. Brilla por sí misma. La verdad no necesita imponerse: convence. Tampoco cambia con los tiempos ni con las culturas. No tiene acepción de personas. Siempre será la verdad, la proclame quien la proclame.
Si fuéramos capaces de mostrar el verdadero rostro de Jesús bastaría. ¿Y cómo se consigue? Ser verdaderos, he aquí la cuestión. Para conseguirlo hay que empezar por ser mejores, es decir, adquirir virtudes: humanas y sobrenaturales, quizás por ese orden pues la naturaleza lleva a la gracia. Leales, justos, considerados, fieles, sociales, alegres, piadosos, esperanzados, etc. Y, sobre todo, humanos, muy humanos e iguales, muy iguales a nuestros iguales, los demás hombres.

sábado, marzo 31, 2018

103. Violencia y religión


1. Algunos piensan que puesto que el islam y el cristianismo son religiones monoteístas creen en el mismo y único Dios. Sin embargo, Alá no es como Dios. Alá es un gobernante, un regidor que ordena y manda por medio de su profeta Mahoma y los musulmanes deben obedecer.
Dios, por el contrario, es un padre que atiende y espera a sus hijos, su ley es la ley de amor. Dios se nos ha revelado como Uno y Trino y la esencia de la Trinidad es el Amor. Lo que Dios espera de los cristianos es que le amen por encima de todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
2. Mahoma no es igual a Jesucristo. Mahoma es un profeta, mientras que Jesucristo se define a sí mismo como Dios Hijo.
3. El Corán no es como los Evangelios. El islam es la religión de un libro que es el Corán, mientras que los cristianos no seguimos un libro que podría ser los evangelios, sino que nos hemos enamorado de Cristo y seguimos su ejemplo y sus enseñanzas. El cristianismo tiene un Magisterio que interpreta y unifica los preceptos de Dios, mientras que el islam carece de autoridad superior y eso favorece distintas interpretaciones y lecturas del Corán.
«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas est, 25-XII-2005).
4. Libertad de conciencia: en el islam no existe libertad de conciencia porque todo el Corán es un mandato. La revelación de Alá es considerada como un bien para el hombre que se debe imponer por su propio bien. Por el contrario, Cristo se hizo hombre para liberar a los hombres del pecado y ganarles la libertad. Los cristianos somos libres para aceptar el bien o para ofender a Dios, es el misterio de la libertad de los hombres.
5. Violencia: el Corán no condena la violencia;  el Evangelio predica el perdón. No se puede afirmar que el islam sea igual a violencia, pero tampoco se puede decir que en el islam no hay violencia, por el contrario, el cristianismo tiene un mandato principal que es amar al prójimo como a uno mismo, atender al extranjero y amar a los que nos odian.
El Corán establece la guerra santa y justifica que la violencia puede ser utilizada para fines de la religión en una organización política donde no hay separación entre la confesión religiosa  y el Estado; por el contrario en el cristianismo se da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
6. Fe y razón: quizás haya que plantear el tema desde otro punto de vista. Hay muchos musulmanes —alrededor de 1.200 millones— y no todos son violentos, ni siquiera la  mayoría. Es verdad que el islam no es como el cristianismo y tiene una raíz violenta que puede favorecer y hasta justificar la violencia, pero esto no es suficiente para afirmar que el islam es violento o que es la causa de la violencia.
Con menor motivo se puede decir que el cristianismo es violento puesto que es una religión que hace del amor su enseña y la distinción de sus miembros a los que se distingue por el ejercicio de la caridad.
En términos parecidos se podría hablar de otras religiones. La religión no es fuente de violencia ni de enfrentamientos, sino más bien lo contrario, la religión es fuente de paz y de concordia. Entonces, ¿qué ocurre?
Cuando la violencia se ha querido justificar por motivos religiosos o de fe nos encontramos con unas formas de religión distorsionada, extravagante y contraria a su mismo ideario hasta provocar que los fieles de la misma fe rechacen las acciones violentas de los que dicen tener sus mismas creencias. Se trataría de una fe embrutecida, no purificada por la razón.
La consecuencia es el desprecio y abandono de la razón a la que se considera inútil para la fe y hasta un estorbo o impedimento para creer. Por tanto, al prescindir de la razón, la fe se fundamenta en la literalidad de los textos y en los sentimientos y lo único que existe es un sentimiento religioso exacerbado que se convierte en una pasión alocada que da importancia al sentimiento para reconocer la fe y entiende que solo se tiene fe si se siente.
Fácilmente se comprende que por este camino se termina en un fanatismo irracional y pasional donde el fiel creyente queda atrapado por sus sentimientos, los mitos, las supersticiones y por las consignas de aquellos a los que reconoce como sus modelos religiosos.
Este razonamiento nos podría llevar a concluir que la religión es un suceso peligroso en el hombre del que debe apartarse y mantenerse al margen y, también, del que debe defenderse. Estaríamos en el extremo opuesto, una razón sin fe que puede llegar a convertirse en una justificación de la violencia por las ideologías y por la idea de construir un mundo feliz para el hombre. La sola razón puede llegar a justificar la utilización de cualquier medio para conseguir un fin que previamente se ha considerado útil.
Esta razón sin fe se convierte en una crueldad que no reconoce la dignidad del hombre y justifica todo tipo de totalitarismos, dictaduras, genocidios, asesinatos y vejaciones de hombres y mujeres como el pasado siglo XX nos ha enseñado trágicamente.
La fe asiste a la razón de manera que le ayuda a encontrar los principios morales objetivos, válidos con carácter universal, para todos los hombres y para todas las épocas, a distinguir el bien del mal y a no renunciar a la verdad objetiva de la realidad que nos rodea.
La religión no es un problema que los legisladores deban solucionar (Benedicto XVI, Discurso en Westminster Hall 17-IX-2010) sino que es un bien social que ayuda a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de los principios morales objetivos.

domingo, junio 04, 2017

102. Amar la vida

RESUMEN: La vida humana es sagrada porque el hombre es el único ser a quien Dios ama por sí mismo.
Catecismo Iglesia Católica nn. 2258 a 2330.
Quinto mandamiento: «No matarás».
1. El quinto mandamiento ordena no matar. Solo Dios es el dueño de la vida y de la muerte porque solo Él es su creador. El hombre es alguien singular: la única criatura de este mundo a la que Dios ama por sí misma. Está destinado a conocer y amar eternamente a Dios, y su vida es sagrada. Ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1, 26-27), y éste es el fundamento último de la dignidad humana y del quinto mandamiento.
Se mata cuando se comete homicidio; en el suicidio cuando se atenta contra la propia vida; en el aborto cuando no se permite nacer al concebido; en la eutanasia cuando no se deja vivir al enfermo o anciano; cuando se acude a la violencia para intentar solucionar los conflictos y las diferencias entre las personas y las naciones; cuando se ejerce la guerra injusta contra los hombres; cuando se justifica el terrorismo en la lucha política.
También se atenta contra la vida y contra el quinto mandamiento cuando no se ama al prójimo como merece su dignidad humana. Cuando se odia al otro por el motivo que sea; cuando se guarda rencor y enemistad al vecino y al familiar, cuando se desea el mal y también cuando no se respeta a los que conviven con uno mismo. Cuando se insulta, cuando se es indiferente. No todo tiene la misma gravedad y repercusión, pero todo eso sí atenta contra el respeto a la vida humana.
2. Con el quinto mandamiento comienzan una serie de mandatos que se formulan inicialmente con la negación. Se dice «no» para comenzar y parece que estos mandamientos son más prohibiciones que mandatos positivos. Parece que no piden nada, sino que se limitan a prohibir una acción. Pero, realmente, no es así.
Lo propio del cristiano es amar, porque Dios es amor. Si toda la Ley se encierra en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, ¿el quinto mandamiento que quiere que amemos? Es claro que quiere que amemos la vida. No matar es amar la vida, la propia y la de los demás, con más motivo la de los indefensos, la de los inocentes, la de los enfermos, la de los débiles, la de los incapaces de defenderse.
Amar la vida y no hacer daño a ninguna persona, sea joven o viejo, enfermo o sano, blanco o de color, inteligente o no, válido o inválido. Amar la vida porque la vida es un regalo de Dios a los hombres para llegar a la vida eterna.
3. Amar es desear el bien de la persona amada. Quien desea el mal de otra persona podemos estar seguros de que no le ama. Lo primero es el amor a uno mismo. Y amarse a uno mismo es desear el bien para uno mismo. No es nada malo, todo lo contrario, es muy conveniente desearnos el bien y buscarlo para nosotros mismos, en primer lugar, y luego para los demás. Así todos seremos mejores.
También ordena este mandamiento cuidar la propia salud y la salud ajena o la de aquellas personas que dependen de nosotros. Va en contra de este mandamiento ponerse en situación de peligro o daño para la salud como el consumo de drogas o el abuso del alcohol, la conducción temeraria y peligrosa, la realización de actividades arriesgadas o peligrosas sin motivo justificado, por pura diversión o buscando nuevas emociones.
Cuidar la salud también significa guardar el debido descanso y evitar el agotamiento. Guardar las horas de sueño y de reposo saber limitar el horario de trabajo en sus justos límites poniendo por obra que el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. El descanso es necesario para cuidar la salud y para servir mejor a Dios.
4. Pero el daño a la vida no es solo físico. También se atenta contra este mandamiento cuando se falta contra la dignidad de las personas al faltar contra  su integridad moral al poner en situación de peligro su vida moral; más grave aún si se tiene cierta autoridad sobre otras personas tal y como se encuentran los padres, tutores, profesores, maestros, superiores.
El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave. Se puede causar escándalo por comentarios injustos, por la promoción de espectáculos, libros y revistas inmorales, por seguir modas contrarias al pudor, etc.

El quinto mandamiento nos ordena amar la vida y aceptar la vida porque todo es don.■

jueves, abril 20, 2017

101. Honrarás a tu padre y a tu madre

RESUMEN: Dios quiere que después de amarle a Él por encima de todas las cosas, amemos a nuestros padres a quienes les debemos la vida y la fe que nos han transmitido.
Catecismo Iglesia Católica nn. 2197 a 2257.
Cuarto mandamiento: «Honrarás a tu padre y a tu madre».
1. El cumplimiento amoroso del Cuarto Mandamiento tiene sus raíces más firmes en el sentido de nuestra filiación divina. El único que puede considerarse Padre en toda su plenitud es Dios,  de quien se deriva toda paternidad en el cielo y en la tierra.
Con el cuarto mandamiento comienza la segunda parte de los mandamientos que indica el orden de la caridad y se enuncia con el amor al prójimo como a uno mismo. Dios quiere que después de amarle a Él por encima de todas las cosas, amemos a nuestros padres a quienes les debemos la vida y la fe que nos han transmitido.
El precepto se dirige expresamente a los hijos respecto de sus padres, pero también alcanza a los demás parientes, abuelos y antepasados y se extiende al respeto a los maestros, tutores y todas aquellas personas que Dios ha investido de autoridad para nuestro bien.
2. La comunidad conyugal de los padres se funda en el consentimiento de los esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de la prole. Al crear Dios al hombre y a la mujer estableció la familia humana. La familia cristiana es una comunión de personas –padres e hijos– que es imagen de la comunión de la Trinidad.
La familia es la primera escuela de humanidad, el origen de la sociedad y de los pueblos, donde los padres buscan el bien de sus hijos y los hijos honran y obedecen los mandatos de los padres con lealtad. Así, también, los gobernantes deben buscar el bien común de la sociedad y gobernar con virtud con actitud de servicio.
La sociedad es una extensión de la familia y las relaciones sociales deben estar impregnadas del mismo afecto y bondad de las relaciones familiares. En la familia todos tienen la misma dignidad y consideración. La sociedad –a semejanza de la familia– está compuesta de personas. Gobernar la sociedad no puede limitarse a garantizar el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes. Las relaciones sociales, laborales, políticas reclaman justicia y fraternidad conforme a la dignidad de las personas.
3. Los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda. El respeto de los hijos a sus padres está hecho de gratitud a quienes les deben la vida, el amor y sus desvelos por educarles. Este respeto se expresa en la docilidad y en la obediencia de los hijos. La obediencia de los hijos cesa con la mayoría de edad, pero no el respeto a los padres que permanece siempre.
Los padres no deben limitarse a procrear hijos, sino que sus deberes se extienden también a la educación y a la formación espiritual de sus hijos. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. En primer lugar, por la creación de un hogar donde la ternura, el perdón y el servicio son la norma general de conducta. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Es una grave responsabilidad para los padres dar buen ejemplo a sus hijos. Deben enseñar a sus hijos a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas.
Sin embargo, los vínculos familiares, aunque son muy importantes, no son absolutos. Los padres deben respetar la vocación singular de cada hijo que viene de Dios. La vocación primera de cada cristiano es seguir a Jesús.
4. El cuarto mandamiento nos ordena también honrar a todos los que han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. La autoridad debe ejercerse como un servicio y siempre conforme a la dignidad de las personas y a la ley natural.
El ciudadano está obligado en conciencia a no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando sean contrarias a las exigencias del orden moral. Si los gobernantes prescinden de la luz del Evangelio sobre Dios y sobre el hombre la sociedad se aparta de la ley del bien y se convierte en totalitaria.

Para los ciudadanos, el amor y el servicio a la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. En este orden se han de entender el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto y la defensa del país. Rezar y pedir por los gobernantes es una obligación moral de los ciudadanos.■

domingo, marzo 26, 2017

100. Santificarás las fiestas

RESUMEN: Santificar las fiestas es hacerlas santas y agradables al Señor.

Catecismo Iglesia Católica nn. 2168 a 2195.
Tercer mandamiento: «Santificarás las fiestas».
1. Santificar las fiestas es lo mismo que convertir todas las fiestas en santas, es decir, en agradables al Señor. Es convertir los días de fiesta en días llenos de cosas buenas y, sobre todo, llenos de Dios. Son santos los días dedicados a adorar a Dios, a darle gloria.
El tercer mandamiento proclama la santidad de sábado: “El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor” (Ex 31, 15). El sábado representa la coronación de la primera creación, es el día en que Dios vio que era bueno y descansó. Pero a la primera creación le sucede la nueva creación inaugurada por la resurrección de Cristo que sustituye el sábado por el domingo o día del Señor en que se recuerda la resurrección de Cristo.
En el Evangelio Jesús da ejemplo de respetar y santificar el sábado, pero con su autoridad enseña la verdadera interpretación de esta ley al señalar que: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27).
El mandamiento precisa que el domingo y las demás fiestas de precepto hay obligación de participar en la misa. Se cumple con el precepto cuando se asiste a la misa en rito católico tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde.

2. Durante el domingo y las fiestas de precepto no se deben realizar trabajos o actividades que impidan dar a Dios el culto debido y vivir la alegría propia de la Resurrección. Santificar las fiestas forma parte, junto con la adoración y la alabanza, de la virtud de la religión que se contiene en los tres primeros mandamientos.
Las necesidades familiares pueden ser una legítima excusa para faltar al descanso dominical, pero se debe cuidar de no convertir la excusa en un hábito que haga desparecer el sentido del domingo como día dedicado al Señor convirtiendo en norma las excusas para acabar no santificando las fiestas.

3. El domingo es el día en que se asiste a la parroquia que es una comunidad de fieles que celebran juntos la resurrección del Señor. Es bueno recordar que la expresión pública del culto a Dios en la fiesta del domingo en la parroquia es un derecho de cualquier ciudadano a vivir y expresar sus creencias religiosas y además es un deber del poder público garantizar este derecho en convivencia pacífica.
Puesto que Dios es el Bien y le corresponde toda la gloria los cristianos tenemos derecho a dar culto público a Dios, sin obligar o violentar a nadie, pero expresando libremente nuestras creencias.
Al santificar las fiestas en público tenemos la ocasión de sentir la parroquia como una extensión familiar con quienes comparten nuestra misma fe. Del mismo modo, las procesiones, romerías y demás expresiones públicas del fervor popular, en cuanto que son actos de gloria y alabanza a Dios, son actos lícitos y justos que no deben ser impedidos por el poder civil.
Los cristianos deben santificar también el domingo dedicando a su familia el tiempo y los cuidados más difíciles de prestar los otros días de la semana. El domingo es un tiempo de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación, que favorecen la oración y el crecimiento de la vida interior y cristiana.

Santificando el domingo, santificando las fiestas y santificando la expresión popular de las fiestas se santifica la creación y se devuelve al Señor lo que salió de sus manos santo y sin mancha.■

sábado, marzo 04, 2017

99. No tomarás el nombre de Dios en vano

RESUMEN: Jesús nos enseña a llamar a Dios “Padre” (Abbá) que es el modo familiar de decir padre en hebreo (papá).

Catecismo Iglesia Católica nn. 2142 al 2167.
Segundo mandamiento: « No tomarás el nombre de Dios en vano».
1. Este mandamiento pide respetar y honrar el nombre de Dios, que se debe pronunciar para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo. Al igual que el primer mandamiento éste forma parte de la virtud de la religión y concreta el uso de nuestras palabras referidas a las cosas de Dios y sagradas.
Este mandamiento enriquece el primero, puesto que no solo manda adorar a Dios sino que además permite que el hombre pueda poner a Dios mismo como testigo de las grandes decisiones de su vida y hasta permite que el hombre pueda comprometer su vida en el nombre de Dios por medio de promesas y votos.
Esta es la razón por la cual los cristianos comenzamos el día invocando el nombre del Señor en nuestras oraciones al ofrecer la jornada y también, de ordinario, en los actos de culto a Dios con la señal de la cruz al recitar «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
2. Este mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de Dios y, en particular, la blasfemia que consiste en proferir contra Dios, interior o exteriormente, palabras de odio, de reproche, de desafío. La blasfemia es un insulto al Señor y es de suyo pecado grave, materia de confesión.
También prohíbe el juramento en falso. Jurar es poner a Dios por testigo de lo que se afirma como garantía de veracidad de nuestras palabras o promesas. El que jura en falso, el que hace una promesa que no tiene intención de cumplir o que no está dispuesto a mantener después de realizada es un perjuro. El perjurio es una grave falta de respeto hacia Dios que es el dueño de toda palabra. Es una falta grave contra el Señor que siempre es fiel a sus promesas.
Las palabras malsonantes que emplean el nombre de Dios sin intención de blasfemar son una falta de respeto a Dios y constituyen una falta que se debe evitar, de la misma manera que también se debe evitar el uso irreverente del nombre de Dios, por ejemplo, en chistes o bromas acerca del Señor o de las cosas dedicadas al culto divino porque demuestran falta de cariño al Señor.
3. El respeto del nombre de Dios exige no recurrir a él por motivos vanos o sin verdadera necesidad.  Se honra el nombre de Dios haciendo una promesa agradable al Señor o que muestre alabanza al nombre del Señor. También se le honra en el culto público, en las procesiones y, sobre todo, haciendo un acto de reparación interior cada vez que se pronuncia sin respeto el nombre de Dios diciendo, por ejemplo, «bendito sea el nombre de Dios».
El cristiano tiene un modo propio de hablar y de nombrar a Dios en sus necesidades y en sus alegrías. Expresiones tradicionales de la cultura cristiana como «gracias a Dios» o «si Dios quiere» pueden servir de ayuda para tener presente al Señor en nuestra conversación y en nuestros actos.
Cuando un hombre y una mujer realizan el sacramento del matrimonio, se hacen una serie de promesas poniendo a Dios como testigo de ellas. De esta forma Dios entra en la historia de ese matrimonio y se le hace partícipe de sus alegrías y de sus penas.
4. El cristiano conoce el nombre del Señor por especial revelación de Dios mismo. Entre todas las palabras de la revelación hay una de singular importancia que es el nombre de Dios. Dios confía su nombre a los que creen en Él. Revelar el nombre es una confidencia y un acto de intimidad de Dios que muestra el infinito amor que tiene al hombre.
Dios manifestó a Moisés su nombre como el Ser por esencia al decir “Yo soy el que  soy”. Dios es “Yo soy” “Yahvé: Él es”. Por respeto a la santidad de Dios el pueblo de Israel no pronunciaba su nombre sino que lo sustituía por el título “Señor” (Adonai, en hebreo; Kyrios, en griego). En el Nuevo Testamento Dios revela el misterio de su vida trinitaria: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús nos enseña a llamar a Dios “Padre” (Abbá) que es el modo familiar de llamar al padre en hebreo (papá).
En la oración del Padrenuestro que nos enseña el mismo Jesús rezamos “Santificado sea tu nombre” y esto es lo que hacemos cuando adoramos y alabamos al Señor. Pero también pedimos que su nombre sea santificado a través de nosotros, es decir, que le demos gloria con nuestra vida y que los demás le glorifiquen.
Dios mismo llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre. Nos ama a cada uno personalmente, de uno en uno. Para Dios no somos multitud, siempre somos uno y nos llama por nuestro nombre. El nombre de todo hombre es sagrado, es la imagen de la persona y pide respeto en señal de la dignidad de quien lo tiene. En el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano.

El nombre de Dios es admirable, en su nombre se obran maravillas, se hablan nuevas lenguas, se curan enfermedades. Bendito sea el nombre del Señor, El nombre de Dios es Misericordia.■

sábado, febrero 18, 2017

98. Amarás a Dios sobre todas las cosas

RESUMEN: Amar a Dios sobre todas las cosas significa amarle más que a uno mismo y también amarle más que a ninguna otra persona o cosa.

Catecismo Iglesia Católica nn. 2083 al 2141.
Primer mandamiento: «Amarás a Dios sobre todas las cosas».
Es el primer mandamiento, el de mayor importancia porque del cumplimiento cabal del mismo depende el cumplimiento de todos los demás mandamientos. Si no se cumple este mandamiento no se pueden cumplir los siguientes.
Lo que pide este mandamiento es guardar la fe y alimentarla y, al mismo tiempo, rechazar todo lo que se opone a la fe. Amar a Dios significa que no se puede amar a otros dioses porque solo Dios es el Señor. Cualquier tipo de superstición, de idolatría, de superchería, o de divinización de los objetos atenta contra este mandamiento.
Amar a Dios sobre todas las cosas quiere decir adorarle, mostrarle reverencia, respeto y culto como lo más importante en nuestra vida y creer en Él y esperarlo todo de Dios. En la manera como una persona adora, respeta y reverencia a Dios se puede conocer cómo le ama y, sobre todo, si le ama por encima de todas las cosas.
El primer mandamiento del Decálogo se lesiona cuando se prefieren otras cosas a Dios, aunque sean buenas, pues entonces se las está amando desordenadamente. En estos casos, el hombre pervierte la ordenación de las criaturas, usando de ellas para un fin opuesto o distinto de aquel para el que fueron creadas.
La adoración es el primer acto de la virtud de la religión y significa reconocerle como Creador, Salvador, Señor y Dueño de todo lo visible y lo invisible. Al mismo tiempo, también significa reconocer que uno mismo comparado con Dios es la «nada» de la criatura.
Amar a Dios sobre todas las cosas supone elegir a Dios por encima del amor o de las preferencias personales por otras personas, cosas, bienes o éxitos personales o profesionales. El amor a Dios implica un estilo de vida propio en el que Dios es lo primero y luego está todo lo demás, sin excluir nada de lo que es lícito y bueno, que por eso es agradable a Dios, pero con un orden de preferencia posterior al amor a Dios.
Debemos hacer con frecuencia actos positivos de amor y de adoración al Señor en cada genuflexión y en cada oración. También en nuestro trabajo bien hecho, acabado, cumplido.

A todos nos corresponde la responsabilidad de actuar en nuestra vida manifestando que Dios es el primero, a quien amamos por encima de todas las cosas, viviendo con Dios presente en todos nuestros actos, en nuestros pensamientos, en nuestros amores.■

domingo, enero 29, 2017

97. Los Diez Mandamientos

RESUMEN: Los Diez Mandamientos son la expresión de la ley natural que permite a los hombres encontrar el camino para tener una vida feliz.

Antes de empezar a hablar sobre los Diez Mandamientos conviene tener presentes algunas consideraciones que ayudan a entenderlos:
1. En primer lugar, hay que aceptar y reconocer que “sólo Dios es bueno”. Esto equivale a afirmar que el Bien no es una opinión personal, sujeta a cambios, a modas y a circunstancias, sino que lo bueno y lo malo es un criterio absoluto que no depende de cada persona. Solo Dios es bueno y solo Dios es el dueño del Bien, quien determina lo que es bueno y lo que es malo, por oposición a lo bueno.
Si este postulado no se acepta, los Diez Mandamientos quedarán reducidos a unas indicaciones, a unos criterios de experiencia, como pueden existir tantos otros, que cada uno elige según su propia convicción.
2. En segundo lugar, el Decálogo significa literalmente, las “diez palabras” porque son las palabras de Dios manifestadas a Moisés en el monte Sinaí y expresan lo que Dios –Señor del Bien– dispone que es bueno y, por tanto, lo que hace bien al hombre. Lo contrario a los Diez Mandamientos no hará bien al hombre, es decir, le hará mal hombre o peor hombre.
Los Diez Mandamientos es la ley natural que rige al hombre en su vida para hacerle el bien a sí mismo y para hacer el bien a los demás: es lo que el hombre debe cumplir para ser feliz. Porque no se encuentra la felicidad fuera de la naturaleza, dejando de ser hombres. Somos hombres y solamente podremos ser felices siendo hombres y no siendo pájaros o cualquier otra cosa.
El hombre es un ser moral, que no solamente tiene biología y anatomía,  que también tiene libertad, sentimientos y corazón, es decir, la vida humana es vida moral que se rige y aspira al Bien y se aparta del Mal.
3. En tercer lugar, los Diez Mandamientos forman un todo indisociable y conjunto. No pueden cumplirse unos mandamientos con los que estoy más de acuerdo y no cumplir otros que me resultan más incómodos porque, entonces, estoy faltando a todos. Se aceptan y cumplen los diez mandamientos o no se cumplen en su totalidad. No se pueden fraccionar, ni se cumplen a medias.
Así es. No se puede adorar a Dios sin amar a todos los hombres que son sus criaturas; ni tampoco se puede honrar a otra persona sin bendecir a Dios que es su Creador. No vale defender la vida y no condenar el aborto; o santificar las fiestas y no ser honesto.
4. Dios es el Señor del Bien y lo expresa en el Decálogo que tiene una unidad coherente en todos sus preceptos pero también tiene un orden interno. Los mandamientos tienen un orden: es decir, hay que cumplirlos todos pero por su orden porque es precisamente su orden el que explica y justifica todos los demás. Por eso se empieza por el primer mandamiento y se sigue por los demás y, también por eso, el mismo Jesús, los resume en dos que encierran toda la ley: amarás al Señor tu Dios… y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Todos los mandamientos son importantes, pero no de la misma forma ni en la misma proporción. No conviene obsesionarse con uno cualquiera y descuidar el amor a Dios sobre todas las cosas y por encima de la honra, de la fama, etc.
5. Los Diez Mandamientos no son algo ilógico y absurdo. No son un capricho de Dios para con los hombres. Son la expresión de la ley natural del hombre y, por tanto, son accesibles por la sola razón humana. Si Dios los revela a Moisés no es porque los hombres no podamos conocer que “hacer el bien y evitar el mal” es algo necesario. Tampoco porque no seamos capaces de saber que se debe respetar la honra, la propiedad, el buen nombre, y todo lo demás de los otros.
Todo lo que disponen los Diez Mandamientos lo puede conocer la razón natural de cualquier hombre. Pero la experiencia nos dice que los sentimientos, las pasiones, la ignorancia, el miedo y tantas otras circunstancias pueden oscurecer la razón y enturbiar la inteligencia. Por experiencia sabemos que no todos los hombres son capaces de conocer con la misma intensidad la ley natural que rige la moralidad de sus actos. Dios también conoce al hombre. Dios conoce al hombre mejor que el mismo hombre porque es su creador y le hace saber la ley natural para facilitarle su conocimiento y su aplicación en la vida diaria de cada uno.
6. Los Mandamientos es algo que conviene saber, refrescar y no olvidar, como conviene saber cómo se conduce un automóvil para poder disfrutar de sus ventajas y sacarle el máximo provecho. Sucede que con el paso del tiempo y la vida diaria se tienden a olvidar las cosas y también se pueden olvidar los Mandamientos. Sí, es verdad, sabemos lo que dicen y, más o menos, podemos recordar el sentido general de cada uno de ellos.  Pero si no se recuerdan a menudo, si no se reflexiona sobre cada uno, si no se concretan en lo que hacemos cada día, en nuestro trabajo, en nuestros comportamientos, en nuestros hábitos, corremos el peligro de desdibujarlos, de convertirlos en anónimos, de perder su perfil y su nitidez y acabar teniendo tan solo una ligera idea de lo que dicen los Mandamientos.

Sin embargo, los Mandamientos no son una lista de prohibiciones o de faltas, como podría ser el código criminal. Los Mandamientos no son una lista de “noes” sobre lo que no se puede hacer. Es justo al contrario. Lo que son es una lista de indicaciones para ser feliz. Es la recomendación del mismo Creador para volver a ser como al principio. Por eso mismo, son un lista de “síes” y, sobre todo, son una lista de cosas que hay que hacer que se pueden resumir en que hay que amar a Dios y a los hombres, pero con un orden: primero a Dios sobre todas las cosas, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y luego, sin que sea incompatible con lo primero, a los hombres como a uno mismo.■

martes, junio 07, 2016

96. Moral de situación

Temas: Moral, verdad, persona.

Resumen: El obrar humano no puede ser valorado como moralmente bueno simplemente porque la intención del sujeto sea buena o porque tiene la voluntad general de no pecar o de amar a Dios.

La llamada moral de situación sostiene que “la bondad o malicia de la acción humana no viene dada por una ley universal e inmutable, sino que se determina por la situación en que el individuo se halle”. Del estado anímico o circunstancial se quiere hacer depender la moralidad de la acción.
La cultura actual exalta la libertad y la conciencia individual hasta tal extremo que, según las circunstancias y el lugar, se llega a dudar de la obligatoriedad de los Mandamientos como expresión de la ley moral universal.
Esta exaltación de la libertad individual llegaría a considerar la propia conciencia como ley moral de cada hombre fundada en su propia voluntad: «yo pienso…, a mí me parece…, yo creo que…».  De tal manera que el Magisterio de la Iglesia no tendría autoridad para intervenir en materia moral dictando instrucciones vinculantes por cuanto tal actuación supondría una violación de la libertad individual que convertiría al hombre en un «esclavo» de la ley moral y le privaría de su «bien más preciado» que es su libertad.
Estas corrientes de pensamiento moderno olvidan que la libertad del hombre tiene como premisa esencial la felicidad del hombre. Porque cuando la libertad se aparta de la verdad el hombre queda encadenado al error y pierde la felicidad.
La Ley moral, los Mandamientos, no son una limitación de la vida del hombre o la negación de su libertad. Con el «no cometerás…» no se priva al hombre de su libertad, no se ahoga su existencia, sino que, al contrario, la Ley moral señala al hombre el camino de la verdadera felicidad y le enseña los principios de su correcto vivir. Así pues, los Mandamientos no limitan al hombre, sino que le enseñan a ser mejor hombre y solamente marcan el mínimo indispensable para una vida correcta permitiendo que el hombre aspire a ser mejor.
La ley moral es ley universal para todos los hombres y para todas las épocas de los hombres porque no es una ley coyuntural o histórica de un tiempo concreto, sino que es la ley que rige la bondad de los actos del hombre en cuanto tal hombre como existe desde siempre.
La conciencia personal debe aplicar la ley moral universal a cada acto del hombre. Es posible que en un caso concreto el hombre se equivoque y, si existiera ignorancia invencible, el acto —malo en sí mismo— no sería imputable al hombre, pero tal acto aunque no imputable seguiría siendo un acto malo. En ningún caso la conciencia puede definir o cambiar la ley moral y convertir en acto bueno lo que es un acto malo.
El obrar humano no puede ser valorado como moralmente bueno simplemente porque la intención del sujeto sea buena o porque tiene la voluntad general de no pecar o de amar a Dios. No es suficiente la buena intención para calificar de bueno a un acto, sencillamente porque la buena intención no es independiente de la ley moral. Es decir, la buena intención será buena porque se ajusta a la ley moral,  no porque haya un deseo general de ser bueno.
La libertad del hombre no consiste en una libertad «respecto de» la verdad, sino que siempre es una libertad «en» la verdad puesto que solo Dios tiene el poder de decidir lo que está bien y lo que está mal. La verdad no se elige puesto que no existen varias verdades equivalentes; la verdad se acepta.
Cualquier acto humano es malo o contrario a la ley moral cuando es contrario a alguno de los preceptos de la ley moral: los «Mandamientos de la ley de Dios», aunque la intención del sujeto fuera buena e incluso aunque el sujeto no pretenda ofender a Dios, puesto que la ofensa de la ley moral ya es ofensa de Dios que es su legislador.

La verdad sobre el hombre no es una simple opinión personal de cada hombre sobre sí mismo y sus circunstancias. La verdad sobre el hombre es la visión divina del hombre que se expresa en la ley moral universal y se concreta en los Mandamientos.  La propuesta de esta ley moral en toda su integridad y sin alterar ni ocultar su contenido comporta una exigencia derivada de la propia dignidad de cada hombre que no se debe rehusar.

domingo, mayo 08, 2016

95. Elecciones 2016

TEMAS: Política, elecciones.
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RESUMEN: 1. En las elecciones hay que elegir un partido político.
2. Se vota a los candidatos de cada provincia. La abstención no cuenta.
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Han vuelto a convocar elecciones generales para el próximo 26 de junio. Si dejamos al margen las razones por las que ha sido necesario convocar unas nuevas elecciones puesto que eso es ya “agua pasada que no mueve molino” creo que lo que ahora interesa es centrarse de nuevo en el proceso electoral que inevitablemente tendrá lugar.
Hay elecciones porque hay que elegir, hecho elemental que no debe pasar desapercibido. Nos parecerá mejor o peor, barato o caro, necesario o superfluo, nos parecerá lo que sea, pero tenemos que elegir. Y elegir significa escoger una opción política de entre varias y desechar o abandonar las restantes no elegidas. Elegir implica, pues, preferir un partido político sobre los restantes.
La democracia no exige que los votantes pertenezcan a un partido concreto, ni tampoco exige que se identifiquen con alguno de los partidos que se presentan a las elecciones. El votante puede no estar afiliado a ningún partido político —lo que suele ser habitual— y también puede no simpatizar en su totalidad con alguno de los partidos.
Por el contrario, la democracia sí exige que los ciudadanos elijan a sus representantes políticos para gestionar durante su mandato legislativo los asuntos del bien común de la nación. Es decir, que ser demócratas no supone pertenecer a ningún partido político, ni que nos guste la política, sino elegir a los representantes políticos, o sea, ser demócratas exige votar.
Votar puede ser un problema porque no se puede votar a todos, ni tan siquiera se puede votar a dos partidos que nos gustaría que llegaran a un acuerdo y gobernaran el país. Solamente se puede votar a un partido político. Y esta elección es difícil, es comprometida y es responsable. Sobre todo nos hace responsables porque no se vota por un día ni por un capricho, sino que se vota para cuatro años y para una acción de gobierno.  
Antes de nada es necesario reparar que aunque en la papeleta aparecen los nombres de unas personas que aspiran a ser diputados y senadores en verdad no se vota a unas personas sino que se vota a un partido político. En otros países es de otra manera, pero en España y con la ley electoral actual no se vota a caras —por más que se anuncien caras bonitas— sino que se votan siglas de partidos y la dirección del partido es la que marcará el gobierno del país en las materias de educación, sanidad, economía, impuestos, empleo, desarrollo, industria, justicia, etc.
Por eso, votar es una gran responsabilidad para el votante que además solamente dispone de una sola opción y si se equivoca no puede arrepentirse y cambiar su voto a mitad de legislatura. Se puede decir con toda propiedad que “lo que se vota, votado queda”.
Por esto, a la hora de depositar el voto en la urna, es importante lo siguiente:
a) Primero, votar: hay que votar porque el sistema electoral no refleja la abstención. En el congreso de los diputados no existe ningún sillón para los votos de la abstención. La abstención podrá deslegitimar a los elegidos por falta de votos, podrá satisfacer las ansias de revancha de los que no creen en el sistema electoral, podrán desahogar la ira de los que se sienten engañados por los políticos traidores que incumplen sus promesas electorales, sí la abstención podrá servir para todo eso y para más cosas, pero no sirve para elegir a los representantes políticos.
b) Segundo, conocer a quien se vota: hay que votar con conocimiento del candidato y del partido que representa. Quizá es una ingenuidad pretender que leamos los programas políticos de los partidos o que acudamos a los mítines donde se explica cada uno de los puntos principales del programa político, pero tampoco hay que votar a ciegas o a una foto o una canción. Entre una cosa y la otra hay un término medio. Tenemos la responsabilidad social de enterarnos qué pretenden unos y otros y qué piensan hacer con nuestro voto.
c) Tercero, votar con la cabeza: no se vota por venganza o por despecho, no se vota con las vísceras sino que se vota con la cabeza. Hay que pensar, hay de sopesar las distintas opciones, hay que intentar comprender los proyectos de futura sociedad que cada partido propone y adónde nos llevaría cada uno de ellos y al final votar con la inteligencia y no votar solo con el corazón.
d) Cuarto, votar con prudencia: porque la prudencia es una virtud que significa elegir lo bueno y desechar lo menos bueno. Es la virtud del elector que va a la urna. Ser prudentes, eso es lo que deseo para todos los españoles en las próximas elecciones. Porque de todos los partidos estoy seguro que lo más probable es que ninguno me convenza en su totalidad. De uno me puede gustar una cosa, de otro me puede gustar otras cosas y de otro no me gustará ninguna.
Bueno, la primera elección irá por ese camino, debo desechar los partidos en los que no me gusta nada de lo que proponen. Luego, me iré quedando con dos o tres partidos que podrían ser mis elegidos. ¡Pero tengo que elegir uno solo! Esta es la cuestión. ¿Cuál de ellos elegir?
e) Quinto, votar por mi provincia: esto es una verdad de Perogrullo. Cada uno de nosotros votamos donde estamos empadronados. Si estoy en Barcelona no estoy en Madrid, y viceversa. Y en cada provincia se presentan unos partidos concretos que no tienen que ser los mismos en todas las provincias.
No es lo mismo votar en Soria donde sólo se eligen dos diputados que en Madrid donde se eligen 36 diputados. Y la diferencia es esencial. Con la ley electoral actual en Soria la duda será si salen elegidos los dos partidos más votados o solo el partido más votado. Los votos obtenidos por los demás partidos serán votos testimoniales perdidos para los escaños del congreso.
Por esto es importante situarse en la provincia de cada uno y averiguar qué partidos tienen posibilidades reales de obtener representación y elegir de entre esos partidos, sabiendo que la elección siempre es un acto de prudencia donde se elige «lo menos bueno y se desecha lo peor».

Al día siguiente de la votación se hará el recuento de votos y cada partido tendrá que valorar si puede gobernar solo o necesita pactos con otros partidos. Eso dependerá, en gran parte, de los votos que obtenga y le hayamos dado los electores y también del estilo dialogante y realista de sus gobernantes que sepan aceptar la realidad política tal y como es y sepan adaptarse a ella.■

sábado, marzo 05, 2016

94. Nieve en Segovia

TEMAS: Ley natural, cultura, ciencia.

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RESUMEN: 1. Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible.
2. El acueducto de Segovia está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos.
3. La foto del acueducto cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza.

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Ayer, sábado y 27 de febrero de 2016, nevó en muchos lugares de España. Entre otros sitios, nevó en Segovia. Los periódicos de hoy aparecen con la foto del acueducto romano de Segovia cubierto de nieve mientras —a sus pies— la ciudad procura reponerse de la nevada y volver a la actividad normal en medio de las dificultades propias del temporal de frío y nieve.
El acueducto romano se construyó a principios del siglo II d.C. en tiempos del emperador Trajano y es una obra de ingeniería para llevar agua a la ciudad desde un manantial que se encuentra a más de 17 kilómetros de distancia. Dispone de un canal de conducción, estanques de recogida del agua y de decantación de las arenas y una gran arquería que es la que siempre aparece en las fotos de los turistas y de los periódicos.
Hoy veo de nuevo la foto del impresionante acueducto segoviano bajo la nueve y no puedo dejar de admirar que después de 19 siglos de nevadas, tormentas, aguaceros, riadas, temblores de tierra, guerras y todas las demás inclemencias e imprevistos que hayan podido suceder sigue estando en pie haciendo grandes a sus constructores.
Me entero que está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos, por el sistema de empujes de piedras, a peso y por encaje de los propios sillares de piedra de manera que aprovechando la fuerza de la gravedad se sujetan los distintos sillares y así hasta el día de hoy.
Me quedo pensativo. Los romanos construyeron contando con las leyes naturales. Las fuerzas y los pesos para construir andamios y poleas y para trasportar los bloques de piedra hasta el lugar de su posición. Y la fuerza natural de la gravedad que mantiene unas piedras sobre otras, empujándose para no moverse.
Existe una ciencia que cuenta con la naturaleza de las cosas y con las leyes naturales para construir, para progresar. Sin embargo, también existe otra clase de ciencia que desafía a la naturaleza y pretende oponerse a las leyes naturales para evitarlas y hasta anularlas si fuera posible. La primera ciencia es una ciencia natural no solo porque integra la naturaleza, sino porque ella misma se integra en el mundo natural como una pertenencia más del universo. La segunda ciencia se rebela contra las leyes naturales, se enfrenta decididamente contra ellas y pretende crear un mundo nuevo.
Las consecuencias de las dos clases de ciencia son bien distintas: la primera, se mantiene, es útil; la segunda, exige mucha atención, muchos cuidados y, cuando le faltan,  deviene inútil y acaba destruida.
La foto del acueducto de Segovia cubierto de nieve, restaurado y convertido en monumento me hace admirar a sus constructores  y a su cultura. Pero, en realidad, el acueducto nevado es un sentido homenaje a la Naturaleza. ■