martes, noviembre 01, 2005

9. Creación y Evolución



CREACIÓN Y EVOLUCIÓN
Fecha: 01 de noviembre de 2005

TEMAS: Creación, evolución.

RESUMEN: No importa tanto saber cómo se ha formado el universo, sino descubrir el sentido de la Creación. Dios quiere hacerse comprensible al hombre. El relato de la Biblia dice que Dios ama al mundo y al hombre. Es posible admitir el origen del hombre en cuanto cuerpo mediante la hipótesis del evolucionismo. Sin embargo, la doctrina de la fe afirma que el alma espiritual ha sido creada directamente por Dios. Ser criatura significa aceptar las propias limitaciones.


SUMARIO: 1. La Biblia.- 2. Evolución.- 3. Rebelión.- 4. Adoración.- 5. Existe.

1. La Biblia
Al final, el hombre se encuentra consigo mismo preguntándose: ¿quién soy yo?, ¿qué hago aquí?, ¿para qué existo?, ¿de quién dependo? Al final, nos damos cuenta que por encima de todas las cuestiones fundamentales tenemos que volver al principio y en el principio está el origen del mundo y de la vida. Pero la verdadera pregunta que nos queremos responder no es tanto la de cómo se ha formado técnica o científicamente el mundo y la vida, sino la de quién es el responsable de todo esto. En palabras de Juan Pablo II «no se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos y ha aparecido el hombre, cuanto más bien en descubrir qué sentido tiene tal origen, si lo preside el caos, el destino ciego o bien un Ser trascendente, inteligente y bueno llamado Dios»[1]
Nos encontramos, entonces, con el relato de la creación que refiere la Biblia, es la Palabra de Dios. Pero al hombre ilustrado le viene a resultar un relato simple, infantil, de gentes sin cultivar, casi un relato mágico y novelesco. Debemos recordar que la Biblia no es un tratado científico, ni tiene intención de serlo, no quiere ofrecer una explicación técnica sobre el origen del universo y del mismo hombre[2]. Es un libro religioso y no es lógico, ni posible extraer de él una explicación que no pretende dar. El relato bíblico nos quiere situar en un plano diferente, el trascendente: nos dice que el universo entero tiene un principio y que ha sido creado por Dios de la nada más absoluta.
Esto lo dice con palabras muy sencillas y llanas que pueden ser entendidas por un hombre del siglo XXI y por un hombre de cualquier época, porque se dirige a todos los hombres y mujeres, de cualquier edad, cultura, raza y hasta de cualquier creencia, porque manifiesta una verdad absoluta: Dios es el Creador. Luego Dios es anterior a todo el universo porque cuando Dios existía todavía no existía el universo. Además también nos dice que Dios es distinto al universo porque no está dentro del universo sino fuera de él porque lo ha creado. Dios es Otro, es el Otro por excelencia de la creación.
Por medio del relato de la Biblia Dios quiere hacerse comprensible al hombre, Dios quiere que el hombre sepa que es su Creador, de quien procede, su origen. No es un Dios anónimo o escondido, menos aún es un Dios misterioso que no quiere comunicarse con el hombre. Y al mismo tiempo, la Biblia también es un esfuerzo del hombre por acercarse a Dios, por comprenderle por medio de su Palabra revelada, por llegar a conocer la verdad, la que le ha sido revelada.
Dios se revela a sí mismo sobre todo como Creador. Creador es el que llama a la existencia al universo, a todos los animales y al mismo hombre desde la nada. Los crea siendo todopoderoso, sin ninguna necesidad. No cabe pensar otro motivo de la creación que el mismo amor de Dios. Vio Dios cuanto había hecho y era muy bueno. A través de estas palabras somos llevados a entrever en el amor divino el motivo de la Creación, la fuente de la que brota
[3].
Y dentro de esta verdad de la Creación, el relato de la creación del hombre a imagen y semejanza del Creador distingue al hombre creado del resto de todo el mundo visible y, en particular, del mundo de los animales. El alma humana hace al hombre capaz de conocer a los demás seres y de imponerles el nombre, así como reconocerse distinto de ellos. Este alma hace al hombre capaz de comprender el don de la existencia desde la nada y, al mismo tiempo, le hace capaz de responder al mismo Creador con el lenguaje del amor por el cual fue creado.
«No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»
[4]. En la creación se encuentra el amor de Dios por el hombre, y en la desobediencia del hombre se encuentra el rechazo de la creación y la pretensión del hombre de querer administrar por cuenta propia la existencia y el actuar en el mundo como si Dios no existiera[5].

2. Evolución
Pero todo esto no se puede demostrar. No se puede reducir a una fórmula matemática que al final de un resultado con el que estemos de acuerdo. Somos hijos de la Ilustración y soportamos la servidumbre de estar sujetos a un tipo especial de certeza que es aquella que sólo puede confirmarse con el experimento y el cálculo, como si la realidad se redujera a coordenadas y abscisas. Pero ahí radica precisamente la tentación, en considerar solamente como racional y, por lo tanto, serio lo que sólo se puede comprobar por el experimento y el cálculo. Lo cual supone que lo moral y lo sagrado queda reducido a lo irracional, a lo superado, a lo no serio. Esto supone tanto como reducir la ética a conceptos físicos, y esto supone disolver el espíritu del hombre que, desde luego, no es físico
[6].
Según el naturalismo, el progreso científico manifiesta que el universo se encuentra auto-contenido y no necesita nada fuera de él. La acción divina sería innecesaria en un mundo que puede explicarse mediante las fuerzas naturales tales como las conocemos por las ciencias
[7]. Sin embargo, la ciencia presupone siempre un orden natural. El científico siempre busca el orden interior de las cosas y los fenómenos. Las leyes científicas recogen el orden natural y se puede decir que a más ciencia más orden.
A partir de este orden científico resulta inverosímil reducir el mundo creado al resultado de la actividad de fuerzas ciegas y casuales. Es más lógico admitir que el mundo es el resultado de un orden creador que viene de fuera de la misma creación. Toda la naturaleza aparece como el despliegue de la sabiduría y del poder divino que dirige el curso de los acontecimientos de acuerdo con sus planes, con su orden reflejado en las leyes de la creación que vienen a ser las leyes de la naturaleza.
Porque sólo un principio inteligente puede generar orden. Afirmar que la combinatoria del azar sea la clave del universo es contradictorio. Sería tanto como decir que el azar es la causa del orden existente en la materia porque la propia materia se auto-ordena, pero la materia no tiene intención, es solo materia, no piensa
[8]. No olvidemos que la fuerza de la gravedad existe y es la primera de las fuerzas naturales que fue tratada científicamente con éxito en la mecánica de Newton, sin embargo, y al cabo de tres siglos su naturaleza sigue siendo tan misteriosa para nosotros como lo era para el mismo Newton.
El mundo natural que percibimos por nuestros sentidos de manera ordinaria nos muestra una extraordinaria complejidad
[9]. El escarabajo bombardero posee un sofisticado sistema defensivo cuyo esquema ha sido estudiado como posible método de propulsión de cohetes. Esta complejidad hace muy difícil explicar su aparición siguiendo el esquema darwiniano de la pura necesidad y casualidad de las fuerzas naturales.
Toda la complejidad de la naturaleza hace pensar que no es casual, sino que ha sido diseñada, pensada de antemano. La probabilidad de que el diseño sea el resultado de una coincidencia múltiple resulta despreciable y, por tanto, hay que concluir que la causa del diseño de la naturaleza es una causa externa, es creada.
Desde el punto de vista cristiano entender la evolución sin Dios es un absurdo. De lo inferior no es lógico llegar a lo superior, de la materia no se llega al espíritu, de lo absurdo no se llega a lo racional, del caos no se llega al orden.
Más bien hay que entender que para que una realidad pueda ser estudiada por las ciencias, debe incluir dimensiones materiales que puedan ser objeto de experimentos científicos. Y esto no sucede, no puede suceder, con el espíritu, ni con Dios, ni con la acción creadora de Dios. Dios opera por medio de causas intermedias en las que la evolución también puede ser considerada como un proceso natural por medio del cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan
[10].
Porque al tratar del evolucionismo se considera a Dios y a las criaturas que compiten en el mismo nivel, ignorando la distinción entre causa primera que es causa de las demás causas y las causas segundas que han sido causadas y actúan conforme a un plan. Porque el azar es real y existe, no lo niego. Pero el mismo azar también está sujeto a la acción divina que es la causa primera sin la cual el azar no puede existir.
Sin embargo, la evolución tiene un límite: el espíritu. El espíritu no puede proceder de la materia, solo procede de un acto creador de Dios. Y es aquí donde la verdad de fe sobre la creación se contrapone de la manera más radical a las teorías de la filosofía materialista que reducen el universo a la materia y niegan la existencia del espíritu
[11]. Las teorías que consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple fenómeno de esta materia son incompatibles con la verdad sobre el hombre que es imagen de Dios. Además estas teorías se muestran incapaces de fundar la dignidad de la persona al carecer de referencia trascendente.
Ya en 1950, la encíclica Humani Generis de Pío XII dijo que la Iglesia no ve dificultad en explicar el origen del hombre en cuanto cuerpo mediante la hipótesis del evolucionismo. Pero hay que recordar que tal hipótesis al día de hoy es una simple posibilidad, no una certeza científica. La doctrina de la fe, en cambio, afirma invariablemente que el alma espiritual del hombre ha sido creada directamente por Dios
[12].
La reflexión cristiana acerca del evolucionismo permite comprender que la evolución puede formar parte de los planes de Dios. Puede contener muchos sucesos que para nosotros son aleatorios o casuales, pero que para Dios caen dentro de su plan. No podemos decir Creación o evolución, la manera correcta de plantear el problema debe ser Creación y evolución, pues ambas cosas responden a preguntas distintas. La historia del barro y del aliento de Dios no nos cuenta cómo se origina el hombre. Nos relata que es Dios su origen más íntimo, nos muestra el proyecto que hay detrás de cada hombre
[13].

3. Rebelión
Si aceptamos que Dios es en última instancia Creador que da a las cosas el ser y la existencia de la nada, que no transforma sino que crea de la nada, tenemos que ser consecuentes con esta idea. La primera consecuencia, muy elemental, es que Dios es el Dios Todopoderoso. No es un superhombre o un ser excepcional sino que está por encima de estas clasificaciones, está por encima de las medidas humanas.
Lo que dice Dios es Palabra de Dios, no es palabra de cualquiera que podamos aceptar o no, que sometamos a nuestro veredicto y califiquemos como quien opina sobre la última novela que ha leído «me gusta o no me gusta». Dios manifiesta que al crear el universo y cada una de las especies –al final de cada día– dice que lo creado es bueno. Dios crea el mundo en que vivimos como una manifestación de su bondad y además el mundo le salió bueno, según dijo Él mismo. Si hemos de ser consecuentes, el mundo es bueno.
Además, si Dios es el Todopoderoso no tiene necesidad de nada que le falte o que le complete. Dios no crea para completar algo que le falta porque se encontraba muy solo. Él es el Ser totalmente e infinitamente perfecto. No tiene pues necesidad alguna del mundo. ¡Y, sin embargo, Dios crea!
[14] Todo existe porque Dios lo ha creado y todo existe porque Dios lo ha querido. Esto nos debe inspirar una gran confianza...
Pero Dios también crea al hombre y se complace especialmente en su creación. El hombre no es como las demás cosas creadas, aunque sólo sea porque el hombre tiene conciencia de sí mismo y capacidad de trascender y puede darse cuenta que él mismo no se ha creado. El hombre tiene cabeza y corazón, para pensar y para querer. Ningún ser creado puede pensar o referirse a Dios, salvo el mismo hombre que por su propia capacidad espiritual puede anhelar a Dios. De hecho se podría decir que por medio de la creación del hombre, Dios se hace presente en la Creación, deja de ser ignorado por las criaturas. El hombre tiene una especial predilección de Dios, ha sido llamado especialmente, cada hombre es conocido y amado por Dios, es imagen de Dios
[15].
El hombre puede utilizar su propia libertad, regalada por el Creador, para no reconocerle, para negarle. En el relato de la creación también aparece esta actitud. El hombre quiere negar el hecho de ser una criatura, no quiere reconocer las consecuencias de esto y se convierte en contrario del Creador, en su rival y su amenaza. Es la rebelión de la criatura y es cualquier pecado que no se puede describir como una posibilidad abstracta o teórica, sino como un hecho, como una conducta concreta, como el pecado de alguien
[16].
Ser criatura significa ser limitado, no ser el dueño del Bien y del Mal. Aceptar que lo bueno y la malo lo decide el Otro, el Creador. En esencia, el hombre moderno quiere sustituir el criterio de lo bueno por el de lo perfecto. No quiere aceptar lo que es bueno y lo que es malo porque esto le limita en el arte, en la ciencia, en el progreso. Prefiere referirse a su propia capacidad –que se piensa ilimitada– y calificar las obras en perfectas o imperfectas según estén bien o mal ejecutadas y así para el hombre moderno los libros están bien o mal escritos, pero no importa si son buenos o malos libros.
El Derecho mismo intenta arreglarse sin el concepto de culpa. El legislador prefiere sustituir los conceptos de bien y mal por los de normal y anormal. De aquí se deduce que las proporciones estadísticas también pueden cambiar y hasta invertirse pues si lo anormal puede convertirse en corriente se puede hacer normal lo anormal. Con este retroceso a las categorías cuantitativas se ha perdido la noción de moralidad, todo es bueno y nada es bueno, lo que importa es que sea normal o mayoritario.

4. Adoración
Aunque el hombre lo negara, la realidad –la verdad– es que Dios ha creado el mundo. Y el Creador explica su razón para crear el universo. Es posible que al hombre no le parezca una buena razón, hasta es posible que el hombre no comprenda las razones del Creador. Pero Dios, el Todopoderoso, el que no necesita de nada ni de nadie sólo puede crear por amor y además ama lo creado. Y crea con un orden y unas leyes que incluye en cada criatura a modo de instrucciones de funcionamiento y al llegar al hombre, además, le concede la ley natural escrita en su corazón.
Del relato de la Creación se puede deducir que existe un orden interno en el que se llega hasta la creación del hombre, capaz de reconocer a Dios y amarle libremente. Y siendo esto tan significante vemos que todavía resta un día en el proceso creador. El Creador se guarda el último día de la creación para Sí, para complacerse en todo lo creado y para que todo lo creado se complazca en su Creador. Podemos entonces comprender que la Creación se ha hecho para ser un espacio de adoración. Y este es el mandato de la Creación que no es capaz de escuchar ni de entender el hombre moderno de la actualidad: dar gloria a Dios, creador del Cielo y de la Tierra
[17].
La primera adoración al Creador es el respeto de la Creación. La naturaleza misma se resiste a ser cambiada: cada vez que se intenta no sale una naturaleza nueva y distinta, ni mucho menos mejorada, sino una degradación de la que antes existía. Cuando un hombre usa de las cosas sin referirlas a su Creador se hace a sí mismo daños incalculables
[18].

5. Existe
Lo que sí está claro es que nadie estuvo allí el día de la creación del mundo y nadie vio quién ni cómo se hizo. Me tengo que fiar. Pero puestos a razonar tiene poco sentido que todo tenga su origen en el caos o que sea fruto de una casualidad. Es más razonable que todo tenga un principio y más razonable aún que todo el proceso de la creación tenga una explicación razonable, aunque yo no sepa darla.
Porque la tentación no comienza con la negación más absoluta de Dios y la declaración de un ateísmo total. La tentación comienza con la sospecha de la Alianza del Creador, comienza con la desconfianza en Dios. La tentación comienza cuando el hombre desconfía de las limitaciones de su ser, cuando piensa que no debe aceptar las limitaciones del bien y del mal, las de la moral, que le impone su Creador, sino que debe suprimirlas porque entonces será como dios
[19].
Pero qué es más fácil decirle a un paralítico tus pecados te son perdonados o decirle levántate y anda. Para todas las curaciones milagrosas, como para la creación del mundo es suficiente un Dios Todopoderoso, el Dios clásico que han definido los filósofos. En cambio, para perdonar los pecados es necesario un Dios que además de Omnipotente sea Misericordioso, atributo éste que no se encuentra en la definiciones ilustradas de los dioses
[20].
Dios nos habla por medio de todo lo creado. La creación entera habla de su Creador y tenemos que aprender a leer en la Creación. ¿Quién es el hombre? Es la pregunta que se realiza cada generación, porque el hombre, a diferencia de los demás animales, no nace con la vida trazada hasta el final. Vivir la vida es para cada hombre una tarea, una llamada a ejercer su libertad. Si solamente es la ciega casualidad la que nos ha arrojado al mar de la nada, entonces existen motivos más que suficientes para considerarlo una desgracia. Sólo si sabemos que no somos una casualidad sino que procedemos de la libertad y del amor podemos estar agradecidos y saber, agradeciéndolo, que no es sino un don el ser hombre
[21].


Felipe Pou Ampuero

[1] Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo. www.interrogantes.net
[2] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 27.
[3] Juan Pablo II, El misterio de la creación del hombre: varón y mujer. 2 de enero de 1980.
[4] Benedicto XVI, Homilía de inauguración de su pontificado. Vaticano, 24 de abril de 2005.
[5] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Librería Editrice Vaticana, Vaticano, 2005, n. 27.
[6] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 71.
[7] Mariano Artigas. Evolucionismo. www.arguments.blogspot.com
[8] Julio de la Vega-Hazas Ramírez, ¿Creación? Por qué sí, www.fluvium.org/textos/vida
[9] Santiago Collado, Debate en torno al “Diseño Inteligente”, www. Arguments.blogspot.com
[10] Mariano Artigas. Evolucionismo. www.arguments.blogspot.com
[11] Cfr. Juan Pablo II. Audiencia General, 5 de marzo de 1986.
[12] Juan Pablo II. Catequesis sobre el Credo, www.interrogantes.net
[13] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 75.
[14] Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo. www.interrogantes.net
[15] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 70.
[16] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 98.

[17] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 51.
[18] Juan Pablo II. Catequesis sobre el Credo, www.interrogantes.net.
[19] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 93.
[20] Cfr. Cabodevilla, José María, La sopa con tenedor, ed. BAC.
[21] Card. Joseph Ratzinger. Creación y pecado. Eunsa, Pamplona, 2005, p. 79.

1 comentario:

Roberto Iza Valdes dijo...
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