domingo, enero 17, 2016

93. Dignidad trascendente

TEMAS: Dignidad, Europa, cultura.

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RESUMEN: 1. Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos.
2. El hombre tiene dignidad porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno.
3. La historia del siglo XX no puede caer en el olvido para recordar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.

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En estos momentos en que reina una cierta confusión en las ideas políticas y sociales me parece oportuno recordar las ideas del discurso pronunciado por el Papa Francisco ante el Parlamento europeo en la ciudad de Estrasburgo (Francia) el 25 de noviembre de 2014 sobre la dignidad trascendente del hombre como fuente de la reconstrucción de Europa y de los derechos humanos.
Los Padres fundadores de la Unión Europa confiaban en la capacidad del hombre de trabajar junto con sus iguales, de superar divisiones y alcanzar la comunión de los pueblos. En suma y, a los pocos años de terminar la Segunda guerra mundial, confiaban en la capacidad del hombre de convivir en paz con los demás hombres.
Y esta convicción procedía de la consideración del hombre no como un individuo cualquiera, sino como una persona con dignidad, como alguien y no como algo, con un valor especial, insustituible, no intercambiable. Una convicción que se apoya en que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles. No somos un sujeto económico que forma parte de una cadena de producción industrial que genera riqueza económica para el dueño de la empresa, sino que somos seres únicos, dignos, valiosos, queridos; alguien distinto a un simple elemento de producción.
Pero esta dignidad del hombre no es solo una idea —una ocurrencia—. El hombre es digno porque es persona y no es un simple individuo. Un individuo es «uno entre los iguales de su especie» y esto es tanto como decir que no es único, ni irrepetible, ni digno. Si el hombre tiene dignidad es porque no es un «individuo» sino que es «persona». Y que el hombre sea considerado como persona implica que es un ser que diferencia el bien del mal, lo que es bueno para mí y lo que es malo para mí o para los demás.
Esto tiene más trascendencia de la que parece. Los derechos personales implican que se concibe a cada hombre como un ser digno y que, por tanto, se deben respetar los derechos de los demás hombres, además de los propios. En efecto, no se pueden imponer los propios derechos «individuales» sobre los demás porque eso no genera paz ni es fuente de una sana convivencia. Se ve claro que si el derecho de cada uno no tiene límites se convierte en una fuente de conflictos. Y la causa inicial de esos conflictos será que se concibe al hombre como «individuo» en lugar de considerarlo una persona.
Si los hombres son seres únicos quiere esto decir que son diferentes unos de otros. Todos son hombres y todos son dignos, pero también todos son únicos y, por tanto, diferentes. La sociedad civil no es uniforme, ni los hogares son cuarteles, ni el orden en la vida es disciplina militar. Al mismo tiempo, es necesario respetar al vecino, respetar al contrario en su diferencia, en su opinión, en su creencia. Y el respeto debe ser recíproco.
Cuando no se tiene una concepción digna del hombre se produce una aparente paradoja: como la persona no es única, deja de ser el centro de la política y esa centralidad la ocupa la ciencia, la técnica, la economía y otras mil cosas, en resumen, la ocupa el poder político que se considera sin ninguna limitación porque entiende que la sociedad es un conjunto de individuos intercambiables unos por otros sin mayores problemas.
La concepción humanista del hombre como un ser con dignidad trascendente es la que tuvieron los fundadores de la Unión Europea tras la «gran guerra» que mostró hasta dónde puede llegar el poder político que considera al hombre como individuo y se olvida que es una persona única e irrepetible. Esta lección de la historia del siglo XX peligra caer en el olvido y hemos de acudir a la memoria histórica —esta sí— para no olvidar que la persona es el centro de la acción política de los gobiernos y de las sociedades y que ninguna política tiene sentido si no tiene a la persona como fin y como causa de la misma.
Sin embargo, nos debemos plantear cuál es el fundamento de la dignidad del hombre. Para unos será un gran acuerdo social, un consenso producto de la cultura y la civilización que se plasma en las leyes y constituciones de una sociedad avanzada. La conquista social es la conquista de la dignidad del hombre y su respeto por los poderes políticos.
Esta concepción de la dignidad ausente de trascendencia queda a merced de las leyes, las costumbres y las circunstancias de un país, de una civilización o del poder político concreto. ¿Quién asegura que una ley posterior derogue y altere la ley anterior y deje de respetar la dignidad del hombre o de un grupo racial de hombres? El fundamento “cultural” de la dignidad se demuestra frágil y coyuntural y la historia reciente nos muestra casos de abusos y tragedias.
Existe, en cambio, otro posible fundamento de la dignidad del hombre que no se basa en los acuerdos de los hombres sino en su propio ser. El hombre es un ser trascendente y su dignidad también es trascendente. Su dignidad hace referencia a algo fuera del mismo hombre que le viene dado, que recibe y no depende de las propias fuerzas del hombre: su propia vida.
El hombre es digno porque su vida es digna y su vida es digna porque le ha sido dada por quien es capaz de crear y dar la vida. Esta dignidad trascendente no se funda en un acuerdo de voluntades, ni en un contrato social, sino que se funda en quien es el Creador de la vida que está por encima de los hombres, de sus leyes y de sus contratos y a quien las leyes humanas no pueden «derogar».■

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
1. Discurso del Papa Francisco al Parlamento europeo, Estrasburgo, Francia,  25 de noviembre de 2014.
2. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1701 y ss.
3. Compendio de Doctrina social de la Iglesia Católica.

sábado, enero 09, 2016

92. Qué son las obras de misericordia

TEMAS: Misericordia.
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RESUMEN: 1. Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
2. Con ocasión del Año de la Misericordia se pone otra vez el sacramento de la confesión en el centro de la vida cristiana. Porque permite vivir la grandeza de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación.
3. Las obras de misericordia se inspiran en la predicación de Jesucristo que en su vida predicó la misericordia y la compasión del prójimo como medio de dar a conocer el Evangelio.

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Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos. Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447)
Con ocasión del Año de la Misericordia se pone otra vez el sacramento de la confesión en el centro de la vida cristiana. Porque permite vivir la grandeza de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación. Dios perdona todos los pecados con la mediación de la Iglesia. Acudir a la confesión será fuente de verdadera paz interior. Se prevé que la iniciativa «24 horas para el Señor» se incremente cada diócesis el próximo año, el viernes y sábado antes del IV domingo de Cuaresma.
Las obras de misericordia se inspiran en la predicación de Jesucristo que en su vida predicó la misericordia y la compasión del prójimo como medio de dar a conocer el Evangelio. La práctica de las obras de  misericordia es la forma de manifestar la autenticidad del mensaje cristiano. «El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios» (Conc. Vaticano II, Decreto Apostolicam Actuasitatem, 6).
La raíz del pecado se encuentra en el corazón del hombre, en su libre voluntad que se aparta del amor de Dios. En el corazón de cada hombre también reside la caridad, principio de las obras buenas y puras a las que hiere el pecado. El cristiano por medio de la práctica de las obras de misericordia puede remitir las penas del pecado para despojarse del «hombre viejo» y revestirse del «hombre nuevo» (Cfr. Ef 4, 24).
«Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo» (Misericordiae Vultus, 6).
Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.
Obras de misericordia corporales: 
1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos

Obras de misericordia espirituales: 
1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca
4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos. ■


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
·        http://infocatolica.com

·        Catecismo de la Iglesia Católica.

domingo, enero 03, 2016

91. Votar en blanco

TEMAS: Política, elecciones.

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RESUMEN: 1. Cuando se vota en blanco no se vota a nadie y el sistema lo interpreta así, no lo interpreta como un signo de protesta o como una opción política. No existe ningún escaño en el Congreso que diga «al voto en blanco».
2. Se vota en una provincia concreta, en la de cada uno. No es lo mismo votar en Madrid que en Soria o en Alicante. Porque los escaños se distribuyen en función de la población de cada provincia.
3. La asignación de escaños que establece la ley electoral favorece a los partidos que obtienen más votos en cada provincia.
4. Las elecciones no son un referéndum. Las elecciones se realizan para elegir diputados y lo que importa al final es el resultado: ganar un escaño de diputado en el Congreso, no los votos nacionales que se obtengan.

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Nuestra Constitución de 1978 establece en su artículo 68 que el Congreso de los Diputados estará constituido por un mínimo de 300 y un máximo de 400 diputados, y es la Ley Orgánica Electoral de 1985 la que fija el número de diputados actuales en 350 (artículo 162), determinando que la circunscripción electoral es la provincia y que cada provincia tendrá como mínimo dos diputados que puedan representar, en la mayoría de los casos, a cada uno de los dos partidos mayoritarios.
Además, las ciudades de Ceuta y Melilla tendrán cada una un diputado. Por tanto, ya están asignados un total de 102 diputados de los 350 totales. La Ley electoral también determina que los restantes 248 diputados se asignen a cada una de las provincias en proporción a la población de derecho de cada una respectivamente.
Con estos antecedentes resulta que la provincia de Soria tiene 2 diputados, la de Navarra tiene 5 y la de Madrid tiene 36 diputados, por ejemplo. La representación de cada provincia no es aritmética –a cada diputado por tantos habitantes– sino que es proporcional porque la ley quiere que todos los ciudadanos y todos sus intereses estén representados en el parlamento.
Los escaños correspondiente a cada provincia se adjudican con arreglo a unos criterios también determinados por la ley que sigue el sistema de representación proporcional de la denominada Ley d’Hondt que adjudica escaños a los partidos más votados en función del resultado de dividir el total de votos obtenido por cada partido entre el número de escaños de la provincia y luego elegir los cocientes mayores de cada división. De tal manera, que resultarán elegidos los candidatos de los partidos más votados proporcionalmente.
No se tendrán en cuenta las candidaturas que obtengan menos del 3% de los votos emitidos válidamente, incluidos los votos en blanco, porque se estima que por debajo de esta proporción la representación no es determinante.
Y los votos en blanco, que hemos visto que sirven para computar el total de votos válidos, no sirven para adjudicar escaño. Desde luego, no queda ningún escaño sin adjudicar por lo que los votos en blanco son votos que no sirven para asignar representación en el Congreso.
Las consecuencias de este sistema electoral, que es tan bueno y tan legal como cualquier otro, son las siguientes:
1) Hay que votar. No votar es renunciar a participar en el sistema político. Si no se vota no se puede pretender que algún diputado que piense como nosotros se siente en el Congreso a defender nuestras ideas.
2) Votar en blanco es votar al aire. Cuando se vota en blanco no se vota a nadie y el sistema lo interpreta así, no lo interpreta como un signo de protesta o como una opción política. No existe ningún escaño en el Congreso que diga “al voto en blanco”.
3) Se vota en una provincia concreta, en la de cada uno. No es lo mismo votar en Madrid que en Soria o en Alicante. Porque los escaños se distribuyen en función de la población de cada provincia. Pero además, el número de votantes determina el porcentaje de votos para poder acceder a un escaño. En Madrid se necesitan muchos más votos que en Soria para conseguir un escaño.
Por otra parte, el número de escaños que corresponde a cada provincia determina también el número de partidos políticos que puede conseguir representación y esto también depende del número de habitantes de la provincia. Si una provincia tiene solo dos escaños lo más probable es que obtenga los dos escaños el partido más votado o el primero y el segundo partidos más votados, los demás partidos no obtendrán ninguno porque ya no quedarán escaños para ellos.
Por el contrario, en una provincia con diez escaños es probable que obtengan representación tres o cuatro partidos distintos además de los dos más votados.
4) Los partidos pequeños lo tienen muy difícil. La asignación de escaños que establece la ley electoral favorece a los partidos que obtienen más votos en cada provincia. Esto quiere decir que los beneficiados son, de una parte, los partidos grandes con implantación nacional que obtienen votos en todas las provincias; y de otra parte, los partidos regionales o nacionalistas de implantación local en una provincia o varias concretas.
Por el contrario, con esta ley electoral, resultarán perjudicados los partidos que obtengan pocos votos en cada provincia, aunque obtengan pocos votos en muchas provincias y la suma de todas ellas sea una gran cifra. Y es que la circunscripción provincial significa que las elecciones son «por provincias» y no «por nación» porque los diputados deben obtener los votos en su provincia y no en el resto de España.
5) Las elecciones no son un referéndum. Las elecciones se realizan para elegir diputados y lo que importa al final es el resultado: ganar un escaño de diputado en el Congreso, no los votos nacionales que se obtengan. En las últimas elecciones nacionales de 2015 el partido de «En Comú Podem» ha obtenido 927.940 votos que le han significado 12 escaños en el Congreso. Por el contrario, el partido «IU» ha obtenido 923.133votos que le han supuesto 2 escaños. Como se puede apreciar no es proporcional el número de votos con el número de escaños obtenidos porque en el caso del primero los votos están concentrados, mientras que en el caso de IU los votos está dispersos en muchas provincias.
Con estos antecedentes, se ve lo necesario que resulta pensar antes de votar y votar con la cabeza antes que con el corazón. Parece que el sistema electoral español actual inclina la balanza a favor del bipartidismo, de los nacionalismos y del voto útil. Del bipartidismo porque en la mayoría de los casos resultarán ganadores de las elecciones los partidos que tengan mayor implantación en la mayoría de las provincias y esto significa que deben ser partidos grandes, de implantación nacional y con una gran base de afiliados.
Favorece a los nacionalismos porque el voto concentrado en provincias determinadas provoca que gane las elecciones en esas provincias los partidos nacionalistas o regionalistas.
Y también favorece al voto útil porque, visto lo anterior, votar a los partidos pequeños o a los partidos emergentes resulta muy arriesgado y, en la mayoría de los casos, supondrá desperdiciar el voto.

Sin embargo, en todos los casos parece que no resulta apropiada la abstención ni votar en blanco porque no aprovechan para nada ni tampoco aprovechan a ninguna opción política. ■

lunes, diciembre 28, 2015

90. Año de la Misericordia

TEMAS: Misericordia.
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RESUMEN: 1. El motivo de la convocatoria de este Año Jubilar es el amor: «Como ama el Padre, así aman los hijos».

2. La apertura de la puerta significa que se abre un camino extraordinario hacia la salvación. El Papa debe tocar la puerta con un martillo tres veces mientras dice: «Abridme las puertas de la justicia; entrando por ellas confesaré al Señor».
3. El lema de este año santo es «Misericordiosos como el Padre». «Es mi vivo deseo, dice el Papa, que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales» (n.15).
4. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es «viator», un peregrino que recorre su camino hasta llegar a la meta anhelada.

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El Papa Francisco anunció el día 13 de marzo de 2015, en la Basílica de San Pedro, un Jubileo extraordinario, la celebración de un Año Santo de la Misericordia. Este Jubileo de la Misericordia se inició el presente año con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el día 8 de diciembre de 2015,  y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
El anuncio oficial y solemne del Año Santo tuvo lugar coincidiendo con el segundo domingo de Pascua que es el Domingo de la Divina Misericordia, fiesta instituida por San Juan Pablo II.
El motivo de la convocatoria de este Año Jubilar es el amor: «Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros». (n.9)
La carta consta de 25 puntos que dan respuesta a preguntas muy concretas sobre el Jubileo, y detalla cómo quiere el Papa Francisco que vivamos este Año Santo.
En la tradición católica, el Jubileo consiste en que durante un año se conceden indulgencias a los fieles que cumplen con ciertas disposiciones eclesiales establecidas por el Vaticano. El Jubileo puede ser ordinario o extraordinario, como en este caso.
La Iglesia Católica tomó como influencia el jubileo hebreo y le dio un sentido más espiritual. En ese año se da un perdón general, indulgencias, y se invita a profundizar en la relación con Dios y con el prójimo.
El primer año jubilar fue convocado en el año 1300 por el Papa Bonifacio VIII. Se estableció que los siguientes jubileos se conmemoraran cada 25 años, con el objetivo de que cada generación experimente al menos uno en su vida.
El rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de los años permanece sellada. Tienen una Puerta Santa las cuatro basílicas mayores de Roma: San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María Mayor.
La apertura de la puerta significa que se abre un camino extraordinario hacia la salvación. El Papa debe tocar la puerta con un martillo tres veces mientras dice: Aperite mihi portas justitiae, ingressus in eas confitebor Domino- «Abridme las puertas de la justicia; entrando por ellas confesaré al Señor».
Cuando se abren, se entona el Te Deum y el Santo Padre atravesará esta puerta junto a sus acompañantes.
La misericordia es un tema muy sentido por el Papa Francisco quien ya como obispo había escogido como lema propio «miserando atque eligendo». Se trata de una cita tomada de las homilías de san Beda el Venerable, el cual, comentando el episodio evangélico de la vocación de San Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me» (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme). Esta homilía es un homenaje a la misericordia divina. Una traducción del lema podría ser: «Con ojos de misericordia».
El lema de este año santo es «Misericordiosos como el Padre». «Es mi vivo deseo, dice el Papa, que el pueblo de Dios reflexione durante el Jubileo sobre obras de misericordia corporales y espirituales» (n.15). Redescubrir las obras de misericordia corporales: dar de comer al que pasa hambre, acoger al forastero, asistir a los enfermos y visitar a los presos, etc. Y ejercitar las obras de misericordia espirituales: dar consejo a quien lo necesite, consolar al afligido, corregir al que se equivoca, perdonar ofensas, rezar por los vivos y los difuntos...
La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es «viator», un peregrino que recorre su camino hasta llegar a la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. (n.14).


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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sábado, diciembre 12, 2015

89. Voto útil

TEMAS: política, valores, democracia.
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RESUMEN: 1. Para un cristiano el ejercicio del voto se presenta como una cuestión de conciencia.
2. Si voto a un partido de ideales cristianos puede que mi voto, al no conseguir representación parlamentaria, no sirva a ningún partido político.
3. Pero si no voto a un partido que defienda principios cristianos nunca habrá un partido que defienda los principios cristianos en la vida pública.
4. ¿cuándo podrá gobernar un partido que defienda los principios cristianos en la política?


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El 20 de diciembre están convocadas unas elecciones generales y todos los españoles con derecho de sufragio activo estamos llamados a las urnas para depositar nuestro voto y elegir a los representantes democráticos que gobernarán  la nación durante los próximos cuatro años.
Para un cristiano el ejercicio del voto se presenta como una cuestión de conciencia. En primer lugar, porque supone el ejercicio de un derecho y un deber ciudadano que implica la participación individual en el bien común y no debe ser infringido salvo por causa grave. En segundo lugar, porque con mi voto puedo conseguir que gane las elecciones un programa político que lleve a cabo propuestas sociales que estén de acuerdo con la doctrina cristiana y con la dignidad de la persona y así contribuir a cambiar la sociedad actual por otra más justa.
El voto cristiano, a mi entender, debe buscar la mejor opción política que defienda aquellos principios irrenunciables de los que hablaba Benedicto XVI y que se pueden resumir en: 1) la defensa de la vida; 2) la defensa de la familia; 3) la defensa del derecho de los padres a la educación de sus hijos; y 4) la promoción del bien común para toda la sociedad.
Pero hay que tener bien presente que nuestro sistema político es una democracia representativa y los representantes elegidos resultan de la aplicación de los criterios establecidos por la ley electoral, según la cual y en aplicación del sistema de representación proporcional se atribuyen los escaños a los partidos políticos que obtengan mayor representación en cada circunscripción electoral.
La misma ley establece que los partidos que no obtengan una participación inferior al 3% de los votos emitidos no conseguirán representación y para el resto la atribución de escaños se realiza de manera proporcional  en función de los escaños correspondientes a cada circunscripción concediéndose los votos sobrantes después de las adjudicaciones al partido más votado.
Este sistema, que es el legal, provoca que los partidos grandes ganen las elecciones y que las opciones políticas de menor tamaño o de menor implantación no obtengan representación  parlamentaria y, a la postre, que los votos obtenidos por los partidos pequeños no lleguen a estar materializados en ningún escaño parlamentario.
El dilema del voto cristiano –suponiendo que exista un partido político que defienda los principios cristianos para la convivencia social– es el siguiente: si voto a un partido de ideales cristianos puede que mi voto, al no conseguir representación parlamentaria, no sirva a ningún partido político. Pero si voto a otro partido que sin defender ideales cristianos, al menos, no los ataque o no se oponga a ellos, puedo conseguir que mi voto tenga influencia política en la vida social de los próximos cuatro años.
Claro está que si me inclino por la segunda opción y no voto a un partido que defienda principios cristianos nunca podrá existir un partido que defienda principios cristianos porque los cristianos no votaremos los principios cristianos, sino que votaremos otros principios que no son cristianos pero que son los que ganan, o pueden ganar, las elecciones.
Con este proceder ¿cuándo podrá ganar las elecciones un partido que defienda los principios cristianos en política? Parece que nunca. ¿Quién defenderá la vida?, ¿y la familia y la educación y el bien común? Pues parece que nadie podrá defender esos principios porque nadie le habrá votado.
Y entonces habrá que hacerse la siguiente pregunta: ¿cuándo podrá gobernar un partido que defienda los principios cristianos en la política? La respuesta es bien sencilla: cuando los cristianos dejemos de votar a los partidos que no defienden los principios cristianos y no decidamos a votar los partidos que sí los defienden.
Sucede que hay situaciones concretas que podrían ser excepcionales y justificar el mal menor, el voto útil de los cristianos, el voto a los partidos que no defienden los principios cristianos. Pues sí, pueden existir situaciones de emergencia, excepcionales que justifiquen el voto útil. Pero lo que no puede existir es un estado de emergencia permanente, porque eso supondría convertir la excepción –el mal menor, votar lo que se considera malo, pero menor– en la regla general.
El voto útil debe ser la excepción y como tal debe estar debidamente justificada y acotada para evitar que se convierta en la regla general porque eso sería renunciar a la defensa de los principios cristianos en la vida social. La excepción puede estar justificada por la presencia de nuevos partidos políticos que alteren el equilibrio político existente con anterioridad, o por una situación política o económica o de convivencia social concreta y grave que justifique el voto útil.
Pero ¿si no existiera ningún otro partido político que representara ese voto útil? En tal supuesto, no cabría el voto útil puesto que el voto sería inútil. Quiero decir, en mi opinión, nunca un cristiano puede votar a un partido que ataque o se oponga a los principios cristianos. Por tanto, no podrá votar a los partidos que no defiendan la vida, que no defiendan la familia, que no consideren la dignidad del hombre como fin en sí mismo y no como un elemento de producción colectiva. Tampoco podrá votar opciones ideológicas contrarias a la doctrina cristiana como son las de corte marxista, socialista o liberal laicista.
En fin, difícil elección, ¿no les parece? ■


BIBLIOGRAFÍA
Miseria del voto útil, Francisco J. Contreras.
http://www.actuall.com/criterios/democracia/miseria-del-voto-util/

domingo, noviembre 15, 2015

88. Cabeza, corazón y sentido

TEMAS: matrimonio, amor, sexo.

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RESUMEN: Es necesario aprender a amar.

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Otra de las ideas que sobrevuelan la crisis de tantos matrimonios es la que sostiene que el amor se reduce a una relación físico-sexual que se siente y que —sobre todo— se hace. Dicen: “lo importante es hacer el amor”; lo cual no es lo mismo que vivir el amor, ni —mucho menos— vivir para el amor o vivir amando.
Quien piensa de esta manera concibe la sexualidad humana como un instrumento de placer y de agrado y no como la manera de expresar el amor. En realidad, la sexualidad humana constituye la persona, me hace ser persona. Yo no soy cualquier cosa, soy un hombre porque tengo el sexo masculino. De la misma manera, una mujer es mujer porque tiene sexo femenino. Pero, además, la sexualidad humana no es solo como la sexualidad animal. Un principio biológico de sexualidad animal tenemos porque también somos animales. Pero no somos solamente animales. Además de animales somos personas.
Lo que diferencia a una persona de un animal es que es capaz de darse del todo. Y la sexualidad humana también tiene como finalidad expresar mi entrega total a la persona a quien quiero. Así el amor humano no es solamente un acto agradable que se hace, sino que —sobre todo— es una manera de vivir para el ser amado dándome del todo y entregándole todo lo que soy y tengo: mi vida.
Cuando se entiende el amor así está claro que el amor no «se hace» sino que el amor se «vive». Y cuando se vive así, el matrimonio no es un lugar de placer, ni los cónyuges son los que se proporcionan placer, ni sus cuerpos son objetos, ni mucho menos son cosas que se utilizan. El matrimonio, entonces, se convierte en el lugar de la vida.
Se ve que es necesario que para comprender mejor el matrimonio no basta con asistir a unos cursos matrimoniales sobre los fines y las características de la unión conyugal, sino que es necesario aprender a saber amar con el cuerpo. Porque en esto —como en todo— nadie ha nacido enseñado, ni por el solo hecho de contraer matrimonio los esposos ya saben quererse como es debido quererse entre un hombre y una mujer para ser felices toda la vida.
«Hacer el amor», realmente, consiste en aprender a amar con el cuerpo y con toda el alma, es decir, aprender a amar con toda la persona y esto requiere un aprendizaje y un esfuerzo. Requiere poner cabeza, corazón y sentido y no dejarse llevar por los sentimientos que van y vienen, ni por las pasiones que aparecen y se marchan, ni por la ansiedad que depende de los nervios o de la tensión del trabajo.
Para no tratar a mi cónyuge como una «cosa» debo aprender a educar mis sentimientos y a querer lo mejor para ella porque en eso consiste el amor que le tengo y no en otra cosa. Debo aprender a quererla con todo mi ser y eso significa lo ya dicho: cabeza, corazón y sentido. Y por este orden.■



BIBLIOGRAFÍA

·        Santamaría Garai, Mikel-Gotzon, Saber amar con el cuerpo,  Eunsa, Pamplona, 1996.

domingo, noviembre 01, 2015

87. El amor es más que un sentimiento

TEMAS: Matrimonio, amor, fidelidad.
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RESUMEN: El amor no es un sentimiento, es un querer.


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Otra de las ideas que sobrevuelan la crisis de los matrimonios y las familias es la que entiende que el amor conyugal en el cual se funda el matrimonio y la familia se basa en la atracción de dos personas. Reconocen que no es una atracción solamente física o sexual, sino que también es una atracción moral y personal que abarca la totalidad de la persona, que es una admiración personal  pero  –a fin de cuentas– es una atracción y las atracciones ya se sabe… un buen día se acaban.
En el fondo están aceptando que el amor es solamente un sentimiento, algo que se siente y que puede suceder que se deje de sentir. Piensan que el sentimiento igual que viene se va. Estas ideas confunden el amor con una de sus manifestaciones, con los sentimientos. Y además reducen el amor a los sentimientos dejando fuera la voluntad de la persona para querer o no querer  y olvidando que somos libres para querer o no querer o para seguir queriendo por encima de lo que en un momento sentimos o dejamos de sentir.
Se empieza a amar porque se siente algo especial por una persona. Pero no se ama porque se sienta algo especial solamente. Ese “algo” puede ser muy emocionante, puede ser interesante, pero nadie entrega su vida por una emoción. El “cosquilleo” es como una señal que despierta nuestro interés. Si ese sentimiento va a más porque la otra persona nos llena, porque queremos compartir la vida con ella, entonces el sentimiento deja paso al amor, aunque el sentimiento no se olvida, pero el amor supera el sentimiento porque ya no solo se desea estar con la persona amada, sino que se la quiere, es decir, se quiere lo mejor para ella.
El amor necesita de la inteligencia para amar bien, para no equivocarse. Esto parece muy elemental. Cuando uno está enamorado quiere hacer las cosas bien y para eso se esfuerza, piensa, aprende. El amor no renuncia a pensar, ni se opone a la inteligencia, más bien, el buen amor quiere ser un amor inteligente, que acierta. Y cuando el amor se olvida de pensar se queda en las formas externas, en las formalidades, en el envoltorio del regalo: de un regalo que está vacío por dentro.
Y cuando se quiere de verdad o con inteligencia se quiere “querer siempre” a la persona amada y se cuida ese amor para que no se pueda romper, se cuida para que no disminuya, se protege de la rutina, del olvido, de la falta de interés. Cuando de verdad se quiere a una persona se quiere quererla para siempre.

Amor es tanto como compartir, tener en común. Amar a otra persona es querer construir una vida en común, no tanto para ser mejor, sino para estar juntos, es querer aprender juntos a vivir. El amor es un acto de la voluntad, es una decisión y no es un sentimiento. Los sentimientos vienen y van, dependen de muchos factores, de la salud, del cansancio, de las preocupaciones. El amor es una decisión de la voluntad libre que se quiere comprometer con quien un día le hizo sentir algo especial. Cada día decide volver a quererle como el primer día y esto mismo es ser fiel al primer amor. ■

sábado, octubre 17, 2015

86. ¿Libertad es no comprometerse?

TEMAS: Libertad, matrimonio.
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RESUMEN: La libertad es para el compromiso, para  obligarse libremente en el ejercicio de ese don que tenemos porque somos hombres.


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Una de las ideas que se sobrevuelan la crisis de la fidelidad de los matrimonios y de la propia existencia de las familias es la creencia de que la libertad personal de cada persona es una cualidad que tenemos y se pierde cuando nos comprometemos con alguien. Por eso mismo, si una persona le promete amor y fidelidad a otra para siempre y por cualquier circunstancia estaría perdiendo su libertad porque –por virtud de ese compromiso– ya no podría ser libre nunca más.

Todos tenemos libertad, es así, y somos libres porque somos humanos. Los animales no son libres ni pueden hacer lo que su voluntad quiera, sino que obedecen ciegamente a su instinto. Pero la libertad personal del hombre no es un fin en sí misma. No somos libres para ser libres y ¡ya está! Como si ser libres fuera el fin de la vida del hombre, lo que le hace feliz, aquello para lo que ha nacido: para ser libre.

No parece que las cosas sean así. El hombre nace libre y es libre. Incluso en las situaciones más extremas de prisión o esclavitud el hombre tiene su libertad interior de conciencia y de voluntad que le permite seguir siendo libre a pesar de todas las cadenas que le aten. La libertad es un don muy valioso, pero con la libertad a solas el hombre no consigue nada más que eso mismo: ser libre; y la pregunta es la siguiente: ¿y luego qué?

Parece que la libertad no es un fin en sí misma, es un medio para conseguir otras cosas más importantes que la misma libertad como es la propia felicidad de la persona. Porque una persona es feliz cuando puede sentirse llena, satisfecha, realizada, cuando encuentra un sentido a su vida y a sus actos. Y esto es independiente y hasta concurrente con las dificultades y los problemas. Son como dos planos distintos.

Para que la persona encuentre su sitio en la vida debe elegir entre los posibles sitios que la vida le presenta. Y para elegir hay que ejercer la libertad. Ahora se hace presente cuál es el sentido de la libertad personal. Es un medio para poder elegir y también para mantener esa elección en el tiempo por encima de las circunstancias temporales e históricas que sucederán.

La libertad es un medio. Un medio para elegir. Y para elegir hay que saber qué elijo y qué no elijo, no vaya a ser que elija mal y luego me arrepienta o no tenga remedio. La elección exige conocimiento, saber lo que se elige no vaya a suceder como a aquel niño que llegó a la estación de trenes de alta velocidad de una gran ciudad y quedó fascinado por los trenes y sus máquinas. Una como una góndola, otra como una flecha, otra más como una lanza. A cual más aerodinámicos y más modernos. Nuestro niño miró todas las máquinas, sus colores, sus cristales, las antenas, el uniforme de los maquinistas y las azafatas y eligió el tren más bonito: el mejor. Se subió al tren y el tren se puso en marcha y se fue a su destino y nuestro niño se fue con el tren sin saber dónde iba ni cuán lejos estaría.

Qué razón tenía san Juan Pablo II cuando dijo “En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente.” (Juan Pablo II, Carta Encíclica Fides et Ratio, Ciudad del Vaticano, 14 de septiembre de 1998, n. 90.)

La libertad es precisamente para el compromiso, para  obligarse libremente en el ejercicio de ese don que tenemos porque somos hombres. La libertad que no se compromete, que no se ejerce, que no decide, acaba oxidada y ese óxido es la cara de la soledad y del egoísmo. ■

sábado, mayo 30, 2015

85. Principios no negociables

TEMAS: política, dignidad, valores.
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RESUMEN: Negociar es una necesidad y una virtud propia del buen político. El resultado electoral puede ser una oportunidad de hacer de la necesidad una solución de convivencia ciudadana.


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El resultado de las elecciones municipales y autonómicas recientemente celebradas ha dejado una sensación de perplejidad entre los votantes. A primera vista las elecciones ofrecen una variedad de partidos y de opciones políticas sin un claro vencedor. Este resultado obliga a entenderse a los políticos y provoca la creación de pactos y alianzas de gobierno.

Una cosa buena tendrá este resultado: parece que ha llegado el tiempo del entendimiento y el final de los bloques ideológicos. Los políticos no solo tienen el mandato representativo procedente de su cargo electo, sino que ahora han recibido además el mandato de entenderse unos con otros para llegar a formar un gobierno posible para todos los ciudadanos.

La política es “el arte de lo posible” y dentro de esta definición entran todas las posibilidades reales de gobernar y de administrar las cosas comunes. Puestos a sentarse a negociar los políticos deben aceptar que todo no se puede negociar, pero esto no significa que nada sea negociable. Habrá que descubrir cuáles son los principios no negociables a partir de los cuales se puede empezar a negociar con el adversario político y, por tanto, se podría empezar a ceder posiciones, conceptos, planteamientos, etc.

En este punto relativo a los principios que no se pueden ceder es bueno recordar el discurso de Benedicto XVI a los participantes en unas jornadas de estudio sobre Europa pronunciado el día 30 de marzo de 2006. En dicho discurso se refiere a tres principios que no se pueden negociar y no porque sean creencias religiosas o dogmas de fe católicos, sino porque pertenecen a la naturaleza humana y los necesitamos todos los hombres del mismo modo que necesitamos el aire para respirar.  Estos principios son:

·        protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;
·        reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social; y
·        protección del derecho de los padres a educar a sus hijos.

Los políticos y todos nosotros debemos meditar sobre la necesidad de estos principios no negociables y sobre la posibilidad de negociar en todos los demás. Si podemos ceder y no hemos sabido convencer parece que debemos ceder. ■




BIBLIOGRAFÍA

·        Benedicto XVI Discurso del santo padre Benedicto XVI a los participantes en unas jornadas de estudio sobre Europa organizadas por el partido popular europeo, Ciudad del Vaticano, 30 de marzo de 2006,  http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/march/documents/hf_ben-xvi_spe_20060330_eu-parliamentarians.html