domingo, marzo 29, 2015

83. Los leones tienen alas

TEMAS: Cultura, vida, familia
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RESUMEN: 1. Antes los padres podían levantar una valla alrededor del peligro y decir a sus hijos algo así como “no vayas a tal sitio”.

2. Es conveniente conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarse sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida.

3. Se trata de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades.



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Nuestros hijos han nacido en una cultura donde dominan las nuevas tecnologías y las redes sociales. Para cualquier adolescente es normal comunicarse con su grupo y enviar mensajes y correos. Lo anormal sería no hacerlo, eso significaría que sería una persona rara, extraña a su tiempo.

Hasta hace poco tiempo, los padres podíamos estar relativamente tranquilos porque delimitábamos el terreno peligroso. Podíamos levantar una valla alrededor del peligro y decir a nuestros hijos algo así como “no vayas a tal sitio”, “no entres en tal lugar”, “no hables con tal persona”. Habíamos cercado el peligro, habíamos enjaulado a las fieras.

La sorpresa es que las nuevas tecnologías nos presentan un mundo virtual donde los espacios no son físicos, los lugares no se pueden vallar, las personas no están en zonas, sino que, por mucho que levantemos una valla alrededor de los leones, los nuevos leones virtuales tienen alas, sobrevuelan la valla y pueden devorar a nuestros pequeños.

¿Esto significa que las nuevas tecnologías con malas?, ¿significa que debemos mirar al pasado y renegar de los avances de la técnica? No, nada de eso. Esto significa que debemos conocer algo las nuevas tecnologías y no dejarnos sorprender por lo nuevo porque lo nuevo es avance, mejora y calidad de vida, pero hay que aprender a vivir con las nuevas tecnologías. Como señala Benedicto XVI, «si se usa con sabiduría, puede contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano».

Hay que tener presente que las nuevas tecnologías se han hecho tan presentes en nuestras vidas que forman parte de ellas y con más razón de las vidas de nuestros hijos. No se entiende la vida cotidiana sin un teléfono móvil, sin internet, sin los servicios de mensajería. Las nuevas tecnologías no son algo extraordinario, lo extraordinario es poder “desconectarse” de ellas durante algún tiempo.

Por esto, para los padres cristianos de hoy, su tarea de educar consiste en enseñar a sus hijos a utilizar las nuevas tecnologías de una manera acorde con la fe cristiana y con la dignidad del hombre. Cada hijo debe aprender a tomar sus decisiones con madurez, de manera adecuada a su edad y con naturalidad, sabiendo distinguir lo que está bien y lo que está mal aunque nadie nos vea y estemos solos delante de un ordenador.

Quizás lo más difícil de comprender es que no se trata de aprender un nuevo sistema, porque se trata de un sistema que se encuentra en constante evolución y lo que has aprendido a manejar hoy estará obsoleto pasado mañana. Se trata, más bien, de aprender a comportarse uno mismo ante un mundo digital lleno de oportunidades y terriblemente atrayente.

Porque el mundo virtual en realidad es un mundo real: detrás de cada conversación, detrás de cada imagen, detrás de cada pantalla siempre hay una persona real con una vida. La vida no es un juego y las nuevas tecnologías tampoco. ■





BIBLIOGRAFÍA
·        Libro electrónico «Tecnologías digitales y vida cristiana». http://opusdei.es/es-es/article/libro-electronico-tecnologias-digitales-y-vida-cristiana/
·        Juan Carlos Vásconez, Educar en las nuevas tecnologías, http://opusdei.es/es-es/article/educar-en-las-nuevas-tecnologias/
·        San Juan Pablo II, Carta apostólica «El rápido desarrollo», A los responsables de las comunicaciones sociales, Ciudad del Vaticano, 21 de febrero de 2005.
·        Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial De Las Comunicaciones Sociales, Ciudad del Vaticano, 12 de mayo de 2013.


domingo, marzo 15, 2015

82. Defender la vida

TEMAS: Vida, aborto, política.
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RESUMEN: 1. La defensa de la vida no es un dogma católico, ni musulmán, ni confesional. Defender la vida es humano.

2. Si quiero defender la vida debo votar al partido que me asegure que defiende la vida. Votar a un partido que no me asegure la defensa de la vida no es coherente.

3. ¿Se puede conseguir la defensa de la vida sin intentarlo siquiera?


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¿Cómo se defiende la vida? ¿Se defiende desde el silencio? ¿Se defiende a gritos?

Estamos en tiempo de elecciones y todos los defensores de la vida desde su concepción hasta la muerte natural se encuentran preocupados sobre cómo pueden defender la vida con su pequeña aportación electoral, con su voto. Los partidos políticos convocados a las urnas se disputan el voto de los ciudadanos presentado programas y propuestas electorales que aseguran cumplir en los próximos años si se les da el apoyo que necesitan.

Ocurre que los defensores de la vida se encuentran desengañados porque el partido político que prometió avanzar en la defensa de la vida no ha cumplido sus promesas electorales y todas aquellas promesas que figuran por escrito en el programa electoral han quedado en un incumplimiento. Para algunos ciudadanos no es un simple incumplimiento de una promesa sobrevenido por unas circunstancias imprevistas que han impedido realizar el programa ofertado. No, para algunos ciudadanos el incumplimiento es un verdadero engaño que reúne todos los requisitos necesarios para captar el voto de los defensores de la vida, asegurarse el poder político y, luego, no defender la vida.

Porque si se hubiera querido defender la vida se hubiera hecho cuanto antes, desde el primer día del mandato, desde el primer aliento, desde la primera mayoría absoluta. Además, con cuatro años por delante, el desgaste electoral que se hubiera producido se podría haber disuelto y asimilado. Además, como no es incompatible defender la vida con superar una crisis económica, como la prima de riesgo no exige la promoción del aborto, ni la píldora abortiva, ni el sostenimiento económico de las clínicas abortivas, podría haberse impedido todo lo anterior y, a la vez, superar la crisis y llegar al final del mandato electoral con todas las promesas cumplidas.

La defensa de la vida no es un dogma católico, ni musulmán, ni confesional. Defender la vida es humano. Uno de los principios naturales que se pueden reconocer en todos los animales y seres vivos es el mantenimiento y conservación de la vida y la procreación. Por este instinto natural se mantiene la vida y se defiende la propia existencia frente a los peligros exteriores. Defender la propia vida y defender la vida de los propios forma parte de la naturaleza del hombre y la defensa y protección de los pequeños y necesitados es innato al instinto natural de conservación. Para las mujeres, que son madres, la defensa de la vida de sus hijos forma parte del instinto maternal.

Defender la vida no es un principio católico. No se trata de ser un buen católico, ni tan siquiera se trata de ser un ciudadano decoroso. La defensa de la vida es algo que forma parte de una vida recta, ordenada, verdadera, una vida que acierta a vivir conforme a la propia existencia del hombre. Defender la vida es de buenos ciudadanos, de gente de conciencia, de hombre cabales, sean o no católicos, musulmanes, budistas o ateos.

Pero el tiempo pasa y así se han pasado cuatro años y nos volvemos a encontrar ante unas elecciones donde unos partidos políticos vuelven a prometernos la defensa de la vida. Pero ya sabemos lo que sucede. Ya sabemos lo que da de sí esa promesa electoral. El primer arrebato —¿es así como se dice?— nos hace pensar que no merece la pena votar a quien no cumple sus promesas, que no merece la pena votar a nadie y que se trata de un juego de chamarileros.

Sin embargo, el sistema está dispuesto de otra manera. Las elecciones se convocan para elegir candidatos. Candidatos que sobre su conciencia pesa el que cumplan sus promesas electorales. Pero los candidatos siempre se eligen y la ausencia de voto no impide esa elección ni invalida la de los elegidos. No es posible votar contra nadie. Solamente es posible el voto positivo a favor de alguna opción de las posibles. Por muy enojado que yo pueda estar las elecciones no me permiten reflejar mi enojo. Por lo menos las elecciones no me permiten reflejar mi enojo directamente contra ningún partido político, sino que debo votar o no votar. Pero si elijo no votar mi voto quedará perdido en la abstención y no aprovechará a nadie ni servirá de castigo para nadie.

Pero si elijo votar no puedo votar contra mis propias convicciones e ideas, eso sería traicionarme, algo así como suicidarme políticamente. Puedo votar a otro partido que asegura defenderla vida y cumplir su promesa. Puedo volver a votar al partido embaucador y arriesgarme a volver a ser engañado. Puedo realizar cálculos para averiguar dónde será más útil y provechoso mi voto.

Parece razonable pensar que si quiero defender la vida debo votar al partido que me asegure que defiende la vida. Votar a un partido que no me asegure la defensa de la vida no es votar con coherencia. Preferir la utilidad de mi voto y entregarlo a un partido que no defiende la vida es jugar a la utilidad de mi voto pero, desde luego, no es apostar por la defensa de la vida desde el momento en que entrego mi voto y mi confianza a quien no defiende la vida.

¿Qué es lo que quiero: ganar elecciones o defender la vida? Seguro que muchos queremos ambas cosas. Pero la cuestión es que en este momento histórico no parecen posibles las dos. Si entrego mi voto a quien gana elecciones puedo comprobar que no se dedicará a defender la vida, sino que se dedicará a ganar elecciones. Por el contrario, si entrego mi voto a quien defiende la vida no creo que gane las elecciones y poco podrá hacer por defender la vida.


Sin embargo,  me surge una nueva pregunta: ¿se puede conseguir la defensa de la vida sin intentarlo siquiera?■

sábado, febrero 28, 2015

81. Roma está en llamas

TEMAS: Vida pública, sentido.
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RESUMEN: 1. La cuestión es el modo en que cada uno nos situamos frente a la vida: como simples espectadores que miramos de forma pasiva lo que sucede, o como actores de la realidad.

2. No arriesgarse a buscar la justicia ya es una injusticia para con los que la padecen. Permanecer pasivos ante el mal, ante el engaño, ante la corrupción, ante la componenda ya es hacernos cómplices de todo eso.

3. Cada día resulta más apremiante la formación de las conciencias y de los corazones, cada día son más necesarios ciudadanos con discernimiento del bien y del mal, capaces de amar el primero y rechazar el segundo.



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Roma está en llamas. Y el problema no es quién lo empezó. Ellos ya se fueron. El problema somos nosotros. Todos. Que no hacemos nada, que tratamos de esquivar lo malo. Y hay gente allá afuera, en todo el mundo, que luchan para que todo sea mejor. ¿Cree que es mejor fracasar intentándolo, que intentar fracasar?
-¿Pero cuál es la diferencia si terminas en el mismo lugar?
-Por lo menos lo intentaste.

Roma está en llamas. Este diálogo entre el profesor Malley (Robert Redford) y su alumno Todd Hayes (Andrew Garfield) en la película Leones por corderos nos pone ante la cuestión del modo en que cada uno nos situamos frente a la vida: como simples espectadores que miramos de forma pasiva lo que sucede, o como actores de la realidad y de nuestra propia vida.

Porque si no estamos conforme con lo que está sucediendo —política, corrupción, abortos, desinformación, falta de liderazgo, etc. — la respuesta no es la queja, ni la protesta estéril. La respuesta no les corresponde a los políticos como si solamente ellos fueran los responsables de lo que sucede.

Acaso no les hemos votado. Acaso no les hemos dejado estar donde están. Acaso no les estamos manteniendo en el poder con nuestro apoyo silencioso y complaciente. ¿No será que nos resulta incómodo hacernos responsables de lo que está sucediendo? Pero no podemos dejar de ver la realidad: la realidad es terca y se empeña en ser real. No podemos seguir engañándonos: Roma está ardiendo.

La corrupción de la justicia tiene dos causas: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso (TOMÁS DE AQUINO, Expositio super Iob 8, 3). Si la sociedad está en llamas no podemos quedarnos quietos y mirar para otro lado. Hay que apagar el fuego, hay que ayudar, tenemos que hacernos cargo de la situación porque el solo hecho de no hacer nada, de mirar para otro lado ya es una manera de actuar.

No arriesgarse a buscar la justicia ya es una injusticia para con los que la padecen. Permanecer pasivos ante el mal, ante el engaño, ante la corrupción, ante la componenda ya es hacernos cómplices de todo eso. Es la manera de permitirlo.

Una de las mayores afrentas a la dignidad de toda persona es y ha sido en todos los tiempos la injusticia y la mejor colaboración de los justos con los opresores es la pasividad. Los injustos cuentan con la indiferencia de los prudentes para perpetrar su maldad.

Roma está ardiendo y es necesario apagar el fuego. Pero seguirá siendo necesario ser justos y tratar con justicia a los incendiarios. Ninguna acción mala se justifica por el fin perseguido. Por apagar el fuego no podemos convertirnos en modernos incendiarios. Cada día resulta más apremiante la formación de las conciencias y de los corazones, cada día son más necesarios ciudadanos con discernimiento del bien y del mal, capaces de amar el primero y rechazar el segundo.




Bibliografía consultada
1.      Rafael Monteverde, Leones por corderos, Entrelascumbres.blogspot.com.es

2.      Gabriel Mora, El discernimiento de lo justo y de lo injusto: un fuerte antídoto contra el veneno de los poderosos, en Díkaion, Revista de Fundamentación Jurídica, Universidad de La Sabana, dikaion.unisabana.edu.co

sábado, febrero 14, 2015

80. Sí, quiero.

Fecha: 14 de febrero de 2015


TEMAS: Familia, matrimonio.
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RESUMEN: 1. El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma.

2. Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón.

3. Muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.


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Hoy es 14 de febrero, día de San Valentín y es costumbre celebrar el día de los enamorados. Algunas parejas se felicitan y se entregan regalos de cariño que les hace presente su amor. Pero el amor de un hombre y de una mujer tiene su mayor expresión en el matrimonio que es la entrega total del uno al otro recíprocamente. Como es entrega, lo que se entrega se dispone y ya no se pertenece.

El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma delante de un sacerdote, un juez, un alcalde. No, el matrimonio es un compromiso de amor que, si es sincero, necesariamente debe ser definitivo, para siempre.

El matrimonio significa decir al cónyuge que para siempre será la persona que más amaré en esta vida. Y —como nadie puede dar lo que no tiene— eso solamente lo puede decir una persona que sea dueña de sí misma y, por tanto, pueda disponer de toda su vida.

Para querer a una persona, ¡no seamos ingenuos!, no hay que ponerla a prueba. Todos sabemos que cuando se prueba no se trata de la misma forma que si ya fuera nuestro. La razón es que cuando se prueba, por definición, no nos pertenece. La convivencia a prueba no es igual que una convivencia en firme, sin paso atrás, donde es necesario comprender al otro, conocer al otro, aceptar al otro tal y como es y, sobre todo, quedarse al lado del otro para siempre.

Por el contrario, lo que sí es de todo punto necesario para saber si un matrimonio va a funcionar es conocer a la persona con la que se quiere contraer matrimonio. Conocerla no como quien conoce a un amigo o a un compañero del trabajo, ni siquiera como se conoce al amigo de toda la vida. No se trata de ese conocimiento porque con todos los anteriores no hay que compartir la vida, las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, aunque algunas de esas cosas se puedan vivir en compañía.

Conocer al cónyuge es saber quién es realmente. Es decir, qué piensa de la vida y de la muerte; que es lo que le hace realmente feliz; por qué estaría dispuesto a dar la vida; qué piensa de la familia, de los hijos y del amor para toda la vida, entre otras cosas. Porque es importante conocer a la persona con la que quiero compartir mi vida y no llevarme sorpresas al poco tiempo de estar casados al descubrir que lo blanco era de colores y que cuando dijo a rayas quiso decir con cuadrados…

Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón. Y eso realmente lo afirman sus hechos y su conducta y no las bonitas declaraciones de amor que el tiempo y el olvido pueden borrar.

Ya lo sabemos: “obras son amores y no buenas razones”.

Por cierto, muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.



Bibliografía consultada


Aceprensa,  El romance de toda una vida,  William Lloyd Stearman, blog Family Edge.

miércoles, diciembre 03, 2014

79. Divorciados y vueltos a casar

TEMAS: Familia, matrimonio, divorcio.
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RESUMEN: 1. Se encuentran casados válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero.

2. Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural.

3. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características. La comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida.

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Con ocasión de la celebración del Sínodo de Obispos, el pasado mes de octubre de 2014, se ha vuelto a hablar de la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar. Se casaron para siempre pero las dificultades posteriores les han llevado a tomar la decisión de cesar en la convivencia primero y divorciarse civilmente para volverse a casar de nuevo, esta vez, conforme a las leyes civiles solamente.

Se encuentran casadas válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero. Para considerar la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar hay que tener presente, al menos, estas consideraciones:

1) La palabra de Jesús es la doctrina de la Iglesia y sigue siendo válida en los tiempos actuales porque es palabra eterna. Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cf Mt 5, 31-32; 19, 3-9; Mc 10, 9; Lc 16, 18; 1 Co 7, 10-11), y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9).

2) La segunda unión posterior a un primer matrimonio válido no puede ser un matrimonio puesto que existe un “impedimento de vínculo” para volver a contraer matrimonio.

3) Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características.

El matrimonio válido no depende del amor de los esposos, sino de su celebración conforme a los presupuestos y requisitos exigidos. Si existió consentimiento matrimonial para hacer lo que la Iglesia quiere que se haga en el matrimonio los esposos están casados aunque se hubiera enfriado su amor. Es Dios mismo quien ha unido ese  matrimonio de manera indisoluble.

Y cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional, cometen adulterio. Jesucristo condena incluso el deseo del adulterio.

No se puede pasar por alto que la negación de la indisolubilidad del matrimonio y la aceptación del divorcio supone una ofensa grave a la ley natural que pretende romper la promesa realizada libremente por los esposos de vivir juntos hasta la muerte. San Pablo establece expresamente la prohibición del divorcio como un deseo expreso de Cristo: “A los casados, en cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer” (1Cor 7,10-11).

A partir de esta posición, la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional. El matrimonio de no bautizados, si bien está orientado a la indisolubilidad, bajo ciertas circunstancias –a causa de bienes más altos– puede ser disuelto (Privilegium Paulinum).

La mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio, en especial en lo relativo a la indisolubilidad del mismo y la apertura a la vida. Esta mentalidad puede permitir apreciar que en los tiempos actuales algunos contrayentes no se casaron conforme a la doctrina católica y al no querer hacer lo que la Iglesia quiere que sea aquel matrimonio puede estar aquejado de nulidad.

Pero la comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida. Corresponde a los tribunales eclesiásticos determinar con objetividad y apreciadas las circunstancias concretas si el primer matrimonio no fue válido y, entonces y solo entonces, regularizar la situación del segundo matrimonio.

Porque el amor es más que un sentimiento o un instinto. Es bueno recordar el valor antropológico del matrimonio indisoluble, que libera a los cónyuges de la arbitrariedad y de la tiranía de sentimientos y estados de ánimo, y les ayuda a sobrellevar las dificultades personales y a vencer las experiencias dolorosas. En particular, protege a los niños, que, por lo general, son los que más sufren con la ruptura del matrimonio.

En su esencia, el amor es entrega más que sentimiento. En el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: sólo tú, y para siempre. A las palabras del Señor: “Lo que Dios ha unido” corresponde la promesa de los esposos: “Yo te acepto como mi marido… Yo te acepto como mi mujer… Quiero amarte, cuidarte y honrarte toda mi vida, hasta que la muerte nos separe”.



Bibliografía consultada
1.      Jesucristo, justo y misericordioso. Denis Biju-Duval
2.      Sínodo de la familia: una palabra de esperanza, Ramiro Pellitero, iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com
3.      Una primera mirada al Sínodo de la Familia, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com
4.      ¿Qué mensaje ha dado el Sínodo?, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com

5.      Testimonio a favor de la fuerza de la gracia, Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos, S.E. Mons. Gerhard L. Müller.

domingo, noviembre 16, 2014

78. Familia 2014

TEMAS: Familia, matrimonio.

RESUMEN: 1. La Iglesia es consciente de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para la felicidad del hombre y de la sociedad.

2. La manipulación de los hechos ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

3. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.

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El año 1981 el Papa san Juan Pablo II publicaba su Exhortación Apostólica Familiaris consortio en la que se recogía las conclusiones del reciente Sínodo sobre la familia. En ella se hacía eco de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para el hombre y la sociedad. La Iglesia sabe que el hombre necesita de la familia y del matrimonio para su desarrollo y subsistencia, en definitiva, para ser hombre. Al mismo tiempo, la Iglesia es consciente de las tensiones y ataques que sufren esas dos instituciones en la cultura actual dominada por una concepción ideológica del hombre.

En este contexto actual, la Iglesia quiere ponerse al servicio del hombre iluminando de nuevo la realidad de la familia y del matrimonio para hacer visibles sus verdaderos valores al mundo de hoy.

El pasado mes de octubre ha tenido lugar la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada por el papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», se desarrolló en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014, se la conoce popularmente como el Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, y se lo ha considerado uno de los hechos más significativos del pontificado de Francisco.

Probablemente se trata de una de las reuniones de obispos que suscitó mayor interés mediático previo y polémicas más encendidas desde el Concilio Vaticano II. Este sínodo se caracterizó por constituir la preparación de otro más largo y más extenso, la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos (2015), que tratará un tema similar («Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia») al término del cual el papa presentará una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema.

El 26 de junio de 2014 se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede el "Instrumentum laboris" que será analizado por los obispos durante el Sínodo sobre la Familia a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Como se recuerda, el 8 de octubre de 2013 el Papa Francisco convocó la tercera Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Para ello se envió a las diferentes conferencias episcopales el Documento preparatorio, sintetizado en el “Instrumentum Laboris”.

Debido a la amplitud del tema, el Santo Padre ha establecido un itinerario de trabajo en dos etapas, que constituyen una unidad orgánica. Así, en la Asamblea General Extraordinaria de 2014, los padres sinodales evaluarán y profundizarán los datos, testimonios, sugerencias de las Iglesias particulares a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Un año después, la Asamblea General Ordinaria de 2015 reflexionará en un segundo momento –insertándose en el precedente trabajo sinodal- sobre las temáticas afrontadas para individuar líneas operativas pastorales.

Lo que ha tenido lugar es una preparación del Sínodo de 2015 que ha estado precedida por un documento preparatorio y que ha concluido con un nuevo documento que recoge las intervenciones y cuestiones sobre las que habrá que trabajar los próximos meses que se denomina Relatio post disceptationem y significa precisamente eso: una relación de intervenciones.

Pero la comunicación de los hechos no ha sido todo lo clara que cabía esperar y la manipulación de los mismos parece que ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

La cuestión central es el hombre. El hombre no se inventa a sí mismo, tampoco puede, por tanto, inventarse la familia ni el matrimonio. Otra cosa será lo que la legislación de cada país quiera decir de los mismos, pero eso y la realidad de las cosas a veces es pura coincidencia. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.


Bibliografía consultada
1.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea General del Sínodo, la gran confusión (I), Josep Miró i Ardèvol.
2.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea del Sínodo, un error de método, Josep Miró i Ardèvol.

3.      Al servicio de la familia, Rafael María de Balbín.

domingo, septiembre 15, 2013

77. La familia ante la Modernidad

Fecha: 01 de septiembre de 2013                     



TEMAS: Año de la Fe.

RESUMEN: 1. La mentalidad cientifista considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental.
2. El relativismo no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra.
3. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso.
4. Se entiende como bien personal solamente aquello que reporta algún tipo de utilidad o placer.


La familia es propia del tiempo y de la cultura actual en las que vive y se desarrolla. La cultura actual es consecuencia de la concepción filosófica denominada Modernidad cuyos fundamentos y errores se pueden resumir en los siguientes:

1. El positivismo cientifista:  La mentalidad positivista contemporánea se encuentra vinculada al progreso científico y a la mentalidad cientifista que considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental. Al negar la posibilidad de conocer una verdad superior a la inteligencia del hombre se está negando la existencia misma de una verdad que supera y transciende al hombre y, por tanto, se está negando cualquier tipo de creencia puesto que las creencias no son científicas.
Pero existen otras certezas no experimentales que son las que refieren ―precisamente― al hombre, a la vida y al sentido de la vida puesto que son verdades que no se fundan en la misma experiencia, sino en el origen de la creación y nos hacen conocer las cosas y la realidad tal y como son (como las ve el Creador).

2. El relativismo historicista: en nuestra sociedad domina el relativismo que no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra. El relativismo al negar cualquier tipo de verdad objetiva y de referencia absoluta termina en el subjetivismo más exagerado: en el “yo pienso”, “yo creo”, “a mí me parece”, “he obrado conforme a mi conciencia”.
En el fondo, el relativismo piensa que el hombre es incapaz de conocer la verdad y debe conformarse con sucedáneos de la verdad, con convicciones personales que le ayuden a vivir. Pero la verdad objetiva existe y el hombre, con ayuda de la fe, puede llegar a alcanzarla. La verdad no se puede confundir con una opinión personal. Que el hombre pueda conocer la verdad no quiere decir que la verdad sea evidente para todos los hombres: es necesario estudio, reflexión y, ciertamente, esfuerzo.
Otra versión del relativismo, que niega la capacidad del hombre de conocer la verdad, es aquella que simplemente cree una verdad que no conoce ni entiende y, además, se niega a entender. Es el llamado fideísmo y fundamentalismo. Tampoco es correcto que el hombre renuncie a su capacidad de pensar y de razonar la propia fe y deje de llegar a conocer todo aquello que puede llegar a conocer.

3. El sentido de la libertad: La cultura actual tampoco entiende el verdadero sentido de la libertad individual. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es una libertad sin límites ni condiciones y por tanto la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso. Se entiende la libertad como la ausencia de límites y se concibe legítimo cualquier acto humano con la sola condición de haber sido realizado libremente con independencia de la moralidad del acto en sí mismo.
Se piensa que la libertad es algo que se pesa, que se cuenta y que se mide, como un kilo de azúcar: tengo más o menos libertad según que tenga más o menos limitaciones. Así cualquier persona llega a plantearse “cuántas cosas puedo hacer”, en lugar de plantearse “qué cosas debo hacer puesto que soy libre para hacer el bien”.
Cuando la libertad se concibe como una propiedad de la persona independiente de la verdad de la misma persona entonces se llega a concebir la libertad como la capacidad de hacer lo que cada uno quiere (aunque sea una locura que nos degrada). Por el contrario, cuando la libertad se concibe como una propiedad del hombre para realizar la verdad del hombre (realizarse, ser hombre verdadero) entonces la libertad es la capacidad de elegir el bien del hombre y desechar el mal. Entonces la libertad se convierte en un verdadero compromiso con el bien, al mismo tiempo que se reconoce una fuente de la verdad distinta de la propia opinión.

4. El “bien” entendido como placer o utilidad: cuando se concibe el bien del hombre como algo personal desvinculado de un orden moral objetivo y superior al hombre, que no transciende a la propia persona y, por tanto, queda sometido a sus propios caprichos se termina entendiendo como bien personal aquello que me reporta algún tipo de utilidad o placer.
La preferencia de la utilidad y lo placentero termina prefiriendo lo sentimental frente a cualquier tipo de exigencia o esfuerzo personal y termina en el permisivismo y en una moral de conveniencia personal.

5. Los imperativos de la ética civil: en los últimos años se ha impuesto la convicción social que entiende que las creencias religiosas son siempre una fuente de problemas sociales porque tales creencias obedecen a postulados primitivos, irracionales y antiguos que convierten a los hombres en seres antisociales, violentos y agresivos. El laicismo sostiene que la sociedad debe regirse por unas normas éticas fundadas en la razón y en el consenso civil, alejadas de cualquier tipo de imposición religiosa.
Esta ética civil es necesariamente una ética de mínimos y relativista que solo reconoce como verdadero lo que está demostrado científicamente y lo que está aceptado por la mayoría a quien solo considera legitimada para imponer sanciones y límites al individuo.

Es necesario relacionar los dos términos del binomio fe-cultura, pues, como dijo Pablo VI: La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. (Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 20). ■


miércoles, agosto 07, 2013

76. La naturaleza

Fecha: 1 de agosto de 2013                  



TEMAS: Ley natural.

RESUMEN: 1. Nos hemos dado cuenta que la naturaleza es única y no tiene recambio, si se rompe o se estropea no podemos «comprar» otra y empezar de nuevo.
2. La ley de la naturaleza rige y gobierna también la libertad del hombre. El hombre nace con su código ético que por ser natural al hombre es común a todos los hombres y la ley natural no es una opción para el hombre, sino un requisito para su existencia digna.
3. El hombre puede escuchar su naturaleza con atención para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que gobierna su libertad y así hacer de todos y cada uno de sus actos verdaderos actos naturales.
4. Esta atenta escucha de la ley natural no es otra cosa sino la respuesta positiva al bien y significa reconocerse creado y dependiente de la verdad del Ser absoluto.


1. La naturaleza
Actualmente está de moda ser amante de la naturaleza y respetarla. Nos hemos dado cuenta que la naturaleza es única y no tiene recambio, si se rompe o se estropea no podemos «comprar» otra y empezar de nuevo. También nos hemos dado cuenta que la naturaleza nos viene dada. Podremos discutir si ha sido creada por algo a por Alguien, si es una consecuencia de la casualidad ciega de la materia, de una teoría (no demostrada, por cierto,) de la evolución o si tiene un Autor que la ha creado y la sostiene en la existencia. En fin, podremos discutir el origen de la naturaleza, pero lo cierto es que la naturaleza está ahí: como decía el montañero experimentado «la realidad es como esa montaña que ves: está ahí y no queda más remedio que escalarla».
La naturaleza es un hecho que se nos presenta ante nuestros ojos y existe con independencia nuestra, tiene sus propias reglas y sus leyes que los científicos y los hombres estudiosos se afanan por descubrir. Me imagino que a estos científicos y naturalistas les hará mucha gracia que les hablen de casualidades cuando realizan un experimento tras otro para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que se esconde en la naturaleza estudiada.
Pero la naturaleza es todo lo que se presenta ante nuestros ojos y podemos descubrir que existe en el mundo con una existencia independiente de la nuestra. Son los cielos y el mar, los peces y las aves, las plantas y los minerales, los animales y los insectos, los organismos y los átomos, los fotones y las fuerzas físicas, el magnetismo y el universo. El hombre también forma parte de la naturaleza como un ser vivo más y, a nuestro entender, que es el conocimiento natural más evolucionado que conocemos, el hombre es el «rey de la naturaleza» en cuanto que es el ser natural más perfecto y que mejor se adapta a los cambios.
El hombre también es naturaleza, aunque nuestra naturaleza no es sólo mineral, ni biológica, ni física, ni tan siquiera es sólo naturaleza animal por cuanto somos conscientes que aspiramos en la vida a algo más que a vivir como el rey de los animales. El hombre tiene conciencia, pero la conciencia no tiene un lugar físico para instalarse: no está en el corazón, ni en el cerebro, ni en el estómago. Pero estamos seguros que el hombre tiene conciencia y que cualquier hombre razonable pretende hacer el bien y evitar el mal.
La naturaleza del hombre no es un simple hecho biológico que acompaña al hombre durante su existencia, sino que forma parte esencial de su manera de ser hombre. Es decir, que si el hombre fuera una máquina no podría funcionar sin instalar la conciencia como una pieza más de su naturaleza. Y con todo el conjunto de piezas que componen la naturaleza humana el hombre puede funcionar, es decir, puede vivir: comer, dormir, desarrollarse, relacionarse, amar, procrearse, crear arte y proyectos de ingeniería, pasear por el campo y el sinfín de cosas que podemos realizar y que dan a nuestra vida sentido.
La naturaleza del hombre también tiene otra pieza distintiva del hombre respecto de los animales: la libertad. El hombre es libre por naturaleza, por definición. Si el hombre no tuviera libertad no sería hombre. Los romanos  intuían que los humanos privados de su libertad no eran hombres dignos, algo les faltaba.  Y la lucha por la abolición de la esclavitud no se realizó en nombre de ningún consenso parlamentario, sino como una exigencia de la propia naturaleza de todos y cada uno de los hombres y mujeres del mundo.
Y todo es naturaleza, todo es respetable, el cuerpo, la conciencia, la libertad. Porque si falta algo falta el hombre, lo que modernamente llamamos la dignidad del hombre. Pero somos muy conscientes que no nos hemos dado la libertad, ni la conciencia, ni el cuerpo, ni la estatura… Todo es naturaleza y todo tiene, debe tener, unas leyes naturales que la rigen y la gobiernan. En lo que se refiere a la naturaleza humana las leyes naturales gobiernan al hombre por entero: su cuerpo, su conciencia, su libertad. La ley de la naturaleza rige y gobierna también la libertad del hombre. El hombre nace con su código ético que por ser natural al hombre es común a todos los hombres y la ley natural no es una opción para el hombre, sino un requisito para su existencia digna.
Por ser natural y común a todos los hombres, la ley natural puede ser accesible por la razón lo cual permite que se pueda dialogar con los demás hombres sobre el conocimiento de la ley natural y sobre su alcance y extensión al margen de las creencias personales.

2. El sentido común
Sin embargo, el hecho de que la ley natural que gobierna la libertad del hombre pueda ser accesible por la razón no quiere significar que ese conocimiento racional sea evidente, espontáneo, transparente. No siempre es así. Es claro que matar a una madre es un acto malo que no se debe hacer y si algún hombre lo hace una de dos: o no está en su sano juicio o es un malvado que actúa contra la ley natural porque la madre nos ha dado la vida, nos ha educado, nos quiere.
Otras veces, discernir cómo se debe actuar, qué debo hacer y qué debo evitar, cómo debo ejercer mi libertad en cada situación no es una cuestión que siempre sea fácil.  Pero es seguro que al realizar cada acto, el hombre se encuentra siempre con la cuestión de la libertad y con la elección de su forma de actuar. El mismo hecho de que el hombre deba responder en cada uno de sus actos sobre su adecuación a la ley natural significa que la misma ley no es un acto de la voluntad del hombre ni depende de su capricho. El origen de la ley natural surge como un verdadero absoluto para el hombre porque se le impone a su voluntad de la misma manera que se le impone su misma naturaleza.
El hombre puede escuchar su naturaleza con atención para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que gobierna su libertad y así hacer de todos y cada uno de sus actos verdaderos actos naturales, que por ser de la naturaleza del hombre son actos humanos y evitar que sean actos animales, minerales o vegetales…
En su misma naturaleza humana está la condición social del hombre que necesita de los demás hombres para crecer y realizarse como persona. Por esta ley natural el hombre nace en el seno de una unión humana de un hombre y una mujer que es algo más que una simple unión biológica. Y por la misma ley, el hombre se socializa en el seno de una familia que convive junto con otras familias en una localidad, en un lugar, con unas coordenadas. Sí, la condición social del hombre impide considerar la sociedad como un puro contrato que dependa de la voluntad de sus otorgantes.
Esta atenta escucha de la ley natural no es otra cosa sino la respuesta positiva al bien y significa reconocerse creado y dependiente de la verdad del Ser absoluto. ■

Bibliografía
1.      Tomás Trigo, Verdad y libertad. Cuestiones de moral fundamental, Eiunsa, Pamplona, 2009.
2.      Ana Marta González, A la búsqueda de una ética universal, Aceprensa, 26 de junio de 2009.
3.      Enrique Molina, Los fundamentos revelados de la moral cristiana, Cuestiones de moral fundamental, Eiunsa, Pamplona, 2009.