sábado, febrero 28, 2015

81. Roma está en llamas

TEMAS: Vida pública, sentido.
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RESUMEN: 1. La cuestión es el modo en que cada uno nos situamos frente a la vida: como simples espectadores que miramos de forma pasiva lo que sucede, o como actores de la realidad.

2. No arriesgarse a buscar la justicia ya es una injusticia para con los que la padecen. Permanecer pasivos ante el mal, ante el engaño, ante la corrupción, ante la componenda ya es hacernos cómplices de todo eso.

3. Cada día resulta más apremiante la formación de las conciencias y de los corazones, cada día son más necesarios ciudadanos con discernimiento del bien y del mal, capaces de amar el primero y rechazar el segundo.



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Roma está en llamas. Y el problema no es quién lo empezó. Ellos ya se fueron. El problema somos nosotros. Todos. Que no hacemos nada, que tratamos de esquivar lo malo. Y hay gente allá afuera, en todo el mundo, que luchan para que todo sea mejor. ¿Cree que es mejor fracasar intentándolo, que intentar fracasar?
-¿Pero cuál es la diferencia si terminas en el mismo lugar?
-Por lo menos lo intentaste.

Roma está en llamas. Este diálogo entre el profesor Malley (Robert Redford) y su alumno Todd Hayes (Andrew Garfield) en la película Leones por corderos nos pone ante la cuestión del modo en que cada uno nos situamos frente a la vida: como simples espectadores que miramos de forma pasiva lo que sucede, o como actores de la realidad y de nuestra propia vida.

Porque si no estamos conforme con lo que está sucediendo —política, corrupción, abortos, desinformación, falta de liderazgo, etc. — la respuesta no es la queja, ni la protesta estéril. La respuesta no les corresponde a los políticos como si solamente ellos fueran los responsables de lo que sucede.

Acaso no les hemos votado. Acaso no les hemos dejado estar donde están. Acaso no les estamos manteniendo en el poder con nuestro apoyo silencioso y complaciente. ¿No será que nos resulta incómodo hacernos responsables de lo que está sucediendo? Pero no podemos dejar de ver la realidad: la realidad es terca y se empeña en ser real. No podemos seguir engañándonos: Roma está ardiendo.

La corrupción de la justicia tiene dos causas: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso (TOMÁS DE AQUINO, Expositio super Iob 8, 3). Si la sociedad está en llamas no podemos quedarnos quietos y mirar para otro lado. Hay que apagar el fuego, hay que ayudar, tenemos que hacernos cargo de la situación porque el solo hecho de no hacer nada, de mirar para otro lado ya es una manera de actuar.

No arriesgarse a buscar la justicia ya es una injusticia para con los que la padecen. Permanecer pasivos ante el mal, ante el engaño, ante la corrupción, ante la componenda ya es hacernos cómplices de todo eso. Es la manera de permitirlo.

Una de las mayores afrentas a la dignidad de toda persona es y ha sido en todos los tiempos la injusticia y la mejor colaboración de los justos con los opresores es la pasividad. Los injustos cuentan con la indiferencia de los prudentes para perpetrar su maldad.

Roma está ardiendo y es necesario apagar el fuego. Pero seguirá siendo necesario ser justos y tratar con justicia a los incendiarios. Ninguna acción mala se justifica por el fin perseguido. Por apagar el fuego no podemos convertirnos en modernos incendiarios. Cada día resulta más apremiante la formación de las conciencias y de los corazones, cada día son más necesarios ciudadanos con discernimiento del bien y del mal, capaces de amar el primero y rechazar el segundo.




Bibliografía consultada
1.      Rafael Monteverde, Leones por corderos, Entrelascumbres.blogspot.com.es

2.      Gabriel Mora, El discernimiento de lo justo y de lo injusto: un fuerte antídoto contra el veneno de los poderosos, en Díkaion, Revista de Fundamentación Jurídica, Universidad de La Sabana, dikaion.unisabana.edu.co

sábado, febrero 14, 2015

80. Sí, quiero.

Fecha: 14 de febrero de 2015


TEMAS: Familia, matrimonio.
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RESUMEN: 1. El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma.

2. Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón.

3. Muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.


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Hoy es 14 de febrero, día de San Valentín y es costumbre celebrar el día de los enamorados. Algunas parejas se felicitan y se entregan regalos de cariño que les hace presente su amor. Pero el amor de un hombre y de una mujer tiene su mayor expresión en el matrimonio que es la entrega total del uno al otro recíprocamente. Como es entrega, lo que se entrega se dispone y ya no se pertenece.

El matrimonio no es solamente un papel, un contrato que se firma delante de un sacerdote, un juez, un alcalde. No, el matrimonio es un compromiso de amor que, si es sincero, necesariamente debe ser definitivo, para siempre.

El matrimonio significa decir al cónyuge que para siempre será la persona que más amaré en esta vida. Y —como nadie puede dar lo que no tiene— eso solamente lo puede decir una persona que sea dueña de sí misma y, por tanto, pueda disponer de toda su vida.

Para querer a una persona, ¡no seamos ingenuos!, no hay que ponerla a prueba. Todos sabemos que cuando se prueba no se trata de la misma forma que si ya fuera nuestro. La razón es que cuando se prueba, por definición, no nos pertenece. La convivencia a prueba no es igual que una convivencia en firme, sin paso atrás, donde es necesario comprender al otro, conocer al otro, aceptar al otro tal y como es y, sobre todo, quedarse al lado del otro para siempre.

Por el contrario, lo que sí es de todo punto necesario para saber si un matrimonio va a funcionar es conocer a la persona con la que se quiere contraer matrimonio. Conocerla no como quien conoce a un amigo o a un compañero del trabajo, ni siquiera como se conoce al amigo de toda la vida. No se trata de ese conocimiento porque con todos los anteriores no hay que compartir la vida, las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, aunque algunas de esas cosas se puedan vivir en compañía.

Conocer al cónyuge es saber quién es realmente. Es decir, qué piensa de la vida y de la muerte; que es lo que le hace realmente feliz; por qué estaría dispuesto a dar la vida; qué piensa de la familia, de los hijos y del amor para toda la vida, entre otras cosas. Porque es importante conocer a la persona con la que quiero compartir mi vida y no llevarme sorpresas al poco tiempo de estar casados al descubrir que lo blanco era de colores y que cuando dijo a rayas quiso decir con cuadrados…

Y para estar seguro de quien es la persona con la que pretendo casarme no me sirve de nada compartir casa y cama con ella, sino saber lo que pasa por su cabeza y por su corazón. Y eso realmente lo afirman sus hechos y su conducta y no las bonitas declaraciones de amor que el tiempo y el olvido pueden borrar.

Ya lo sabemos: “obras son amores y no buenas razones”.

Por cierto, muchas felicidades a todos los enamorados y las enamoradas, que los hay a miles disfrazados de padres y madres de familia. Gracias a todos por hacer este mundo mejor.



Bibliografía consultada


Aceprensa,  El romance de toda una vida,  William Lloyd Stearman, blog Family Edge.

miércoles, diciembre 03, 2014

79. Divorciados y vueltos a casar

TEMAS: Familia, matrimonio, divorcio.
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RESUMEN: 1. Se encuentran casados válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero.

2. Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural.

3. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características. La comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida.

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Con ocasión de la celebración del Sínodo de Obispos, el pasado mes de octubre de 2014, se ha vuelto a hablar de la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar. Se casaron para siempre pero las dificultades posteriores les han llevado a tomar la decisión de cesar en la convivencia primero y divorciarse civilmente para volverse a casar de nuevo, esta vez, conforme a las leyes civiles solamente.

Se encuentran casadas válidamente desde su primer matrimonio y, por tanto, el segundo matrimonio ya no es tal a menos que se declare nulo el primero. Para considerar la situación de los cristianos divorciados y vueltos a casar hay que tener presente, al menos, estas consideraciones:

1) La palabra de Jesús es la doctrina de la Iglesia y sigue siendo válida en los tiempos actuales porque es palabra eterna. Jesús insiste en la intención original del Creador que quería un matrimonio indisoluble (cf Mt 5, 31-32; 19, 3-9; Mc 10, 9; Lc 16, 18; 1 Co 7, 10-11), y deroga la tolerancia que se había introducido en la ley antigua (cf Mt 19, 7-9).

2) La segunda unión posterior a un primer matrimonio válido no puede ser un matrimonio puesto que existe un “impedimento de vínculo” para volver a contraer matrimonio.

3) Si el primer matrimonio es válido no se puede disolver por nuevo acuerdo de los esposos o por la conveniencia social o coyuntural. Ni la Iglesia, ni sus ministros son los dueños de la institución matrimonial ni tienen capacidad para disponer de su duración y características.

El matrimonio válido no depende del amor de los esposos, sino de su celebración conforme a los presupuestos y requisitos exigidos. Si existió consentimiento matrimonial para hacer lo que la Iglesia quiere que se haga en el matrimonio los esposos están casados aunque se hubiera enfriado su amor. Es Dios mismo quien ha unido ese  matrimonio de manera indisoluble.

Y cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional, cometen adulterio. Jesucristo condena incluso el deseo del adulterio.

No se puede pasar por alto que la negación de la indisolubilidad del matrimonio y la aceptación del divorcio supone una ofensa grave a la ley natural que pretende romper la promesa realizada libremente por los esposos de vivir juntos hasta la muerte. San Pablo establece expresamente la prohibición del divorcio como un deseo expreso de Cristo: “A los casados, en cambio, les ordeno –y esto no es mandamiento mío, sino del Señor– que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer” (1Cor 7,10-11).

A partir de esta posición, la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional. El matrimonio de no bautizados, si bien está orientado a la indisolubilidad, bajo ciertas circunstancias –a causa de bienes más altos– puede ser disuelto (Privilegium Paulinum).

La mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio, en especial en lo relativo a la indisolubilidad del mismo y la apertura a la vida. Esta mentalidad puede permitir apreciar que en los tiempos actuales algunos contrayentes no se casaron conforme a la doctrina católica y al no querer hacer lo que la Iglesia quiere que sea aquel matrimonio puede estar aquejado de nulidad.

Pero la comprobación y declaración de la nulidad de ese matrimonio no puede quedar al arbitrio de los esposos, ni pendiente de un estado de ánimo pasajero o de la fortuna en la vida. Corresponde a los tribunales eclesiásticos determinar con objetividad y apreciadas las circunstancias concretas si el primer matrimonio no fue válido y, entonces y solo entonces, regularizar la situación del segundo matrimonio.

Porque el amor es más que un sentimiento o un instinto. Es bueno recordar el valor antropológico del matrimonio indisoluble, que libera a los cónyuges de la arbitrariedad y de la tiranía de sentimientos y estados de ánimo, y les ayuda a sobrellevar las dificultades personales y a vencer las experiencias dolorosas. En particular, protege a los niños, que, por lo general, son los que más sufren con la ruptura del matrimonio.

En su esencia, el amor es entrega más que sentimiento. En el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: sólo tú, y para siempre. A las palabras del Señor: “Lo que Dios ha unido” corresponde la promesa de los esposos: “Yo te acepto como mi marido… Yo te acepto como mi mujer… Quiero amarte, cuidarte y honrarte toda mi vida, hasta que la muerte nos separe”.



Bibliografía consultada
1.      Jesucristo, justo y misericordioso. Denis Biju-Duval
2.      Sínodo de la familia: una palabra de esperanza, Ramiro Pellitero, iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com
3.      Una primera mirada al Sínodo de la Familia, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com
4.      ¿Qué mensaje ha dado el Sínodo?, Ernesto Juliá, religionconfidencial.com

5.      Testimonio a favor de la fuerza de la gracia, Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos, S.E. Mons. Gerhard L. Müller.

domingo, noviembre 16, 2014

78. Familia 2014

TEMAS: Familia, matrimonio.

RESUMEN: 1. La Iglesia es consciente de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para la felicidad del hombre y de la sociedad.

2. La manipulación de los hechos ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

3. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.

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El año 1981 el Papa san Juan Pablo II publicaba su Exhortación Apostólica Familiaris consortio en la que se recogía las conclusiones del reciente Sínodo sobre la familia. En ella se hacía eco de la importancia y necesidad del matrimonio y de la familia para el hombre y la sociedad. La Iglesia sabe que el hombre necesita de la familia y del matrimonio para su desarrollo y subsistencia, en definitiva, para ser hombre. Al mismo tiempo, la Iglesia es consciente de las tensiones y ataques que sufren esas dos instituciones en la cultura actual dominada por una concepción ideológica del hombre.

En este contexto actual, la Iglesia quiere ponerse al servicio del hombre iluminando de nuevo la realidad de la familia y del matrimonio para hacer visibles sus verdaderos valores al mundo de hoy.

El pasado mes de octubre ha tenido lugar la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada por el papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», se desarrolló en la Ciudad del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014, se la conoce popularmente como el Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, y se lo ha considerado uno de los hechos más significativos del pontificado de Francisco.

Probablemente se trata de una de las reuniones de obispos que suscitó mayor interés mediático previo y polémicas más encendidas desde el Concilio Vaticano II. Este sínodo se caracterizó por constituir la preparación de otro más largo y más extenso, la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos (2015), que tratará un tema similar («Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia») al término del cual el papa presentará una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema.

El 26 de junio de 2014 se presentó en la Sala de Prensa de la Santa Sede el "Instrumentum laboris" que será analizado por los obispos durante el Sínodo sobre la Familia a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Como se recuerda, el 8 de octubre de 2013 el Papa Francisco convocó la tercera Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Para ello se envió a las diferentes conferencias episcopales el Documento preparatorio, sintetizado en el “Instrumentum Laboris”.

Debido a la amplitud del tema, el Santo Padre ha establecido un itinerario de trabajo en dos etapas, que constituyen una unidad orgánica. Así, en la Asamblea General Extraordinaria de 2014, los padres sinodales evaluarán y profundizarán los datos, testimonios, sugerencias de las Iglesias particulares a fin de responder a los nuevos desafíos de la familia actual. Un año después, la Asamblea General Ordinaria de 2015 reflexionará en un segundo momento –insertándose en el precedente trabajo sinodal- sobre las temáticas afrontadas para individuar líneas operativas pastorales.

Lo que ha tenido lugar es una preparación del Sínodo de 2015 que ha estado precedida por un documento preparatorio y que ha concluido con un nuevo documento que recoge las intervenciones y cuestiones sobre las que habrá que trabajar los próximos meses que se denomina Relatio post disceptationem y significa precisamente eso: una relación de intervenciones.

Pero la comunicación de los hechos no ha sido todo lo clara que cabía esperar y la manipulación de los mismos parece que ha convertido en doctrina lo que solamente es una simple relación de cuestiones a resolver sobre las que el próximo año, ahora sí, la Iglesia dará doctrina.

La cuestión central es el hombre. El hombre no se inventa a sí mismo, tampoco puede, por tanto, inventarse la familia ni el matrimonio. Otra cosa será lo que la legislación de cada país quiera decir de los mismos, pero eso y la realidad de las cosas a veces es pura coincidencia. Ésta es la verdadera preocupación de la Iglesia en estos momentos: devolver al hombre la concepción natural del matrimonio y de la familia, la propia de su ley natural inscrita en el corazón del hombre iluminada por la fe.


Bibliografía consultada
1.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea General del Sínodo, la gran confusión (I), Josep Miró i Ardèvol.
2.      La 'Relatio post disceptationem' de la III Asamblea del Sínodo, un error de método, Josep Miró i Ardèvol.

3.      Al servicio de la familia, Rafael María de Balbín.

domingo, septiembre 15, 2013

77. La familia ante la Modernidad

Fecha: 01 de septiembre de 2013                     



TEMAS: Año de la Fe.

RESUMEN: 1. La mentalidad cientifista considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental.
2. El relativismo no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra.
3. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso.
4. Se entiende como bien personal solamente aquello que reporta algún tipo de utilidad o placer.


La familia es propia del tiempo y de la cultura actual en las que vive y se desarrolla. La cultura actual es consecuencia de la concepción filosófica denominada Modernidad cuyos fundamentos y errores se pueden resumir en los siguientes:

1. El positivismo cientifista:  La mentalidad positivista contemporánea se encuentra vinculada al progreso científico y a la mentalidad cientifista que considera que solamente se puede conocer con certeza aquello que se puede conocer por medio de un proceso científico, es decir, de orden experimental. Al negar la posibilidad de conocer una verdad superior a la inteligencia del hombre se está negando la existencia misma de una verdad que supera y transciende al hombre y, por tanto, se está negando cualquier tipo de creencia puesto que las creencias no son científicas.
Pero existen otras certezas no experimentales que son las que refieren ―precisamente― al hombre, a la vida y al sentido de la vida puesto que son verdades que no se fundan en la misma experiencia, sino en el origen de la creación y nos hacen conocer las cosas y la realidad tal y como son (como las ve el Creador).

2. El relativismo historicista: en nuestra sociedad domina el relativismo que no admite ninguna afirmación absoluta e indiscutida, ni tampoco ninguna verdad por encima de cualquier otra. El relativismo al negar cualquier tipo de verdad objetiva y de referencia absoluta termina en el subjetivismo más exagerado: en el “yo pienso”, “yo creo”, “a mí me parece”, “he obrado conforme a mi conciencia”.
En el fondo, el relativismo piensa que el hombre es incapaz de conocer la verdad y debe conformarse con sucedáneos de la verdad, con convicciones personales que le ayuden a vivir. Pero la verdad objetiva existe y el hombre, con ayuda de la fe, puede llegar a alcanzarla. La verdad no se puede confundir con una opinión personal. Que el hombre pueda conocer la verdad no quiere decir que la verdad sea evidente para todos los hombres: es necesario estudio, reflexión y, ciertamente, esfuerzo.
Otra versión del relativismo, que niega la capacidad del hombre de conocer la verdad, es aquella que simplemente cree una verdad que no conoce ni entiende y, además, se niega a entender. Es el llamado fideísmo y fundamentalismo. Tampoco es correcto que el hombre renuncie a su capacidad de pensar y de razonar la propia fe y deje de llegar a conocer todo aquello que puede llegar a conocer.

3. El sentido de la libertad: La cultura actual tampoco entiende el verdadero sentido de la libertad individual. En la actualidad domina la creencia de que la libertad es una libertad sin límites ni condiciones y por tanto la libertad es lo más opuesto a cualquier tipo de compromiso. Se entiende la libertad como la ausencia de límites y se concibe legítimo cualquier acto humano con la sola condición de haber sido realizado libremente con independencia de la moralidad del acto en sí mismo.
Se piensa que la libertad es algo que se pesa, que se cuenta y que se mide, como un kilo de azúcar: tengo más o menos libertad según que tenga más o menos limitaciones. Así cualquier persona llega a plantearse “cuántas cosas puedo hacer”, en lugar de plantearse “qué cosas debo hacer puesto que soy libre para hacer el bien”.
Cuando la libertad se concibe como una propiedad de la persona independiente de la verdad de la misma persona entonces se llega a concebir la libertad como la capacidad de hacer lo que cada uno quiere (aunque sea una locura que nos degrada). Por el contrario, cuando la libertad se concibe como una propiedad del hombre para realizar la verdad del hombre (realizarse, ser hombre verdadero) entonces la libertad es la capacidad de elegir el bien del hombre y desechar el mal. Entonces la libertad se convierte en un verdadero compromiso con el bien, al mismo tiempo que se reconoce una fuente de la verdad distinta de la propia opinión.

4. El “bien” entendido como placer o utilidad: cuando se concibe el bien del hombre como algo personal desvinculado de un orden moral objetivo y superior al hombre, que no transciende a la propia persona y, por tanto, queda sometido a sus propios caprichos se termina entendiendo como bien personal aquello que me reporta algún tipo de utilidad o placer.
La preferencia de la utilidad y lo placentero termina prefiriendo lo sentimental frente a cualquier tipo de exigencia o esfuerzo personal y termina en el permisivismo y en una moral de conveniencia personal.

5. Los imperativos de la ética civil: en los últimos años se ha impuesto la convicción social que entiende que las creencias religiosas son siempre una fuente de problemas sociales porque tales creencias obedecen a postulados primitivos, irracionales y antiguos que convierten a los hombres en seres antisociales, violentos y agresivos. El laicismo sostiene que la sociedad debe regirse por unas normas éticas fundadas en la razón y en el consenso civil, alejadas de cualquier tipo de imposición religiosa.
Esta ética civil es necesariamente una ética de mínimos y relativista que solo reconoce como verdadero lo que está demostrado científicamente y lo que está aceptado por la mayoría a quien solo considera legitimada para imponer sanciones y límites al individuo.

Es necesario relacionar los dos términos del binomio fe-cultura, pues, como dijo Pablo VI: La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. (Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 20). ■


miércoles, agosto 07, 2013

76. La naturaleza

Fecha: 1 de agosto de 2013                  



TEMAS: Ley natural.

RESUMEN: 1. Nos hemos dado cuenta que la naturaleza es única y no tiene recambio, si se rompe o se estropea no podemos «comprar» otra y empezar de nuevo.
2. La ley de la naturaleza rige y gobierna también la libertad del hombre. El hombre nace con su código ético que por ser natural al hombre es común a todos los hombres y la ley natural no es una opción para el hombre, sino un requisito para su existencia digna.
3. El hombre puede escuchar su naturaleza con atención para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que gobierna su libertad y así hacer de todos y cada uno de sus actos verdaderos actos naturales.
4. Esta atenta escucha de la ley natural no es otra cosa sino la respuesta positiva al bien y significa reconocerse creado y dependiente de la verdad del Ser absoluto.


1. La naturaleza
Actualmente está de moda ser amante de la naturaleza y respetarla. Nos hemos dado cuenta que la naturaleza es única y no tiene recambio, si se rompe o se estropea no podemos «comprar» otra y empezar de nuevo. También nos hemos dado cuenta que la naturaleza nos viene dada. Podremos discutir si ha sido creada por algo a por Alguien, si es una consecuencia de la casualidad ciega de la materia, de una teoría (no demostrada, por cierto,) de la evolución o si tiene un Autor que la ha creado y la sostiene en la existencia. En fin, podremos discutir el origen de la naturaleza, pero lo cierto es que la naturaleza está ahí: como decía el montañero experimentado «la realidad es como esa montaña que ves: está ahí y no queda más remedio que escalarla».
La naturaleza es un hecho que se nos presenta ante nuestros ojos y existe con independencia nuestra, tiene sus propias reglas y sus leyes que los científicos y los hombres estudiosos se afanan por descubrir. Me imagino que a estos científicos y naturalistas les hará mucha gracia que les hablen de casualidades cuando realizan un experimento tras otro para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que se esconde en la naturaleza estudiada.
Pero la naturaleza es todo lo que se presenta ante nuestros ojos y podemos descubrir que existe en el mundo con una existencia independiente de la nuestra. Son los cielos y el mar, los peces y las aves, las plantas y los minerales, los animales y los insectos, los organismos y los átomos, los fotones y las fuerzas físicas, el magnetismo y el universo. El hombre también forma parte de la naturaleza como un ser vivo más y, a nuestro entender, que es el conocimiento natural más evolucionado que conocemos, el hombre es el «rey de la naturaleza» en cuanto que es el ser natural más perfecto y que mejor se adapta a los cambios.
El hombre también es naturaleza, aunque nuestra naturaleza no es sólo mineral, ni biológica, ni física, ni tan siquiera es sólo naturaleza animal por cuanto somos conscientes que aspiramos en la vida a algo más que a vivir como el rey de los animales. El hombre tiene conciencia, pero la conciencia no tiene un lugar físico para instalarse: no está en el corazón, ni en el cerebro, ni en el estómago. Pero estamos seguros que el hombre tiene conciencia y que cualquier hombre razonable pretende hacer el bien y evitar el mal.
La naturaleza del hombre no es un simple hecho biológico que acompaña al hombre durante su existencia, sino que forma parte esencial de su manera de ser hombre. Es decir, que si el hombre fuera una máquina no podría funcionar sin instalar la conciencia como una pieza más de su naturaleza. Y con todo el conjunto de piezas que componen la naturaleza humana el hombre puede funcionar, es decir, puede vivir: comer, dormir, desarrollarse, relacionarse, amar, procrearse, crear arte y proyectos de ingeniería, pasear por el campo y el sinfín de cosas que podemos realizar y que dan a nuestra vida sentido.
La naturaleza del hombre también tiene otra pieza distintiva del hombre respecto de los animales: la libertad. El hombre es libre por naturaleza, por definición. Si el hombre no tuviera libertad no sería hombre. Los romanos  intuían que los humanos privados de su libertad no eran hombres dignos, algo les faltaba.  Y la lucha por la abolición de la esclavitud no se realizó en nombre de ningún consenso parlamentario, sino como una exigencia de la propia naturaleza de todos y cada uno de los hombres y mujeres del mundo.
Y todo es naturaleza, todo es respetable, el cuerpo, la conciencia, la libertad. Porque si falta algo falta el hombre, lo que modernamente llamamos la dignidad del hombre. Pero somos muy conscientes que no nos hemos dado la libertad, ni la conciencia, ni el cuerpo, ni la estatura… Todo es naturaleza y todo tiene, debe tener, unas leyes naturales que la rigen y la gobiernan. En lo que se refiere a la naturaleza humana las leyes naturales gobiernan al hombre por entero: su cuerpo, su conciencia, su libertad. La ley de la naturaleza rige y gobierna también la libertad del hombre. El hombre nace con su código ético que por ser natural al hombre es común a todos los hombres y la ley natural no es una opción para el hombre, sino un requisito para su existencia digna.
Por ser natural y común a todos los hombres, la ley natural puede ser accesible por la razón lo cual permite que se pueda dialogar con los demás hombres sobre el conocimiento de la ley natural y sobre su alcance y extensión al margen de las creencias personales.

2. El sentido común
Sin embargo, el hecho de que la ley natural que gobierna la libertad del hombre pueda ser accesible por la razón no quiere significar que ese conocimiento racional sea evidente, espontáneo, transparente. No siempre es así. Es claro que matar a una madre es un acto malo que no se debe hacer y si algún hombre lo hace una de dos: o no está en su sano juicio o es un malvado que actúa contra la ley natural porque la madre nos ha dado la vida, nos ha educado, nos quiere.
Otras veces, discernir cómo se debe actuar, qué debo hacer y qué debo evitar, cómo debo ejercer mi libertad en cada situación no es una cuestión que siempre sea fácil.  Pero es seguro que al realizar cada acto, el hombre se encuentra siempre con la cuestión de la libertad y con la elección de su forma de actuar. El mismo hecho de que el hombre deba responder en cada uno de sus actos sobre su adecuación a la ley natural significa que la misma ley no es un acto de la voluntad del hombre ni depende de su capricho. El origen de la ley natural surge como un verdadero absoluto para el hombre porque se le impone a su voluntad de la misma manera que se le impone su misma naturaleza.
El hombre puede escuchar su naturaleza con atención para intentar descubrir ―que no inventar― la ley natural que gobierna su libertad y así hacer de todos y cada uno de sus actos verdaderos actos naturales, que por ser de la naturaleza del hombre son actos humanos y evitar que sean actos animales, minerales o vegetales…
En su misma naturaleza humana está la condición social del hombre que necesita de los demás hombres para crecer y realizarse como persona. Por esta ley natural el hombre nace en el seno de una unión humana de un hombre y una mujer que es algo más que una simple unión biológica. Y por la misma ley, el hombre se socializa en el seno de una familia que convive junto con otras familias en una localidad, en un lugar, con unas coordenadas. Sí, la condición social del hombre impide considerar la sociedad como un puro contrato que dependa de la voluntad de sus otorgantes.
Esta atenta escucha de la ley natural no es otra cosa sino la respuesta positiva al bien y significa reconocerse creado y dependiente de la verdad del Ser absoluto. ■

Bibliografía
1.      Tomás Trigo, Verdad y libertad. Cuestiones de moral fundamental, Eiunsa, Pamplona, 2009.
2.      Ana Marta González, A la búsqueda de una ética universal, Aceprensa, 26 de junio de 2009.
3.      Enrique Molina, Los fundamentos revelados de la moral cristiana, Cuestiones de moral fundamental, Eiunsa, Pamplona, 2009.


sábado, julio 06, 2013

75. Uno y Trino


Fecha: 01 de julio de 2013             


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TEMAS: Cultura, Fe.
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RESUMEN: 1. No deberíamos estar tan preocupados por saber qué es Dios y, por el contrario, deberíamos intentar conocer cómo es Dios y cómo se manifiesta por medio de la Revelación.
2. La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Todos los cristianos nos iniciamos en la vida de la gracia en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el sacramento del Bautismo.
3. Jesús llamaba a su Padre «abbá», papá, con el  apelativo cariñoso del término arameo en que los niños se dirigen a su propio padre.
4. El hombre racional no es capaz de entender qué es Dios, por el contrario, sí podemos entender que pretender definir a Dios es indiferente para el corazón del hombre.

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1. Misterio
Dios es un misterio y la inteligencia humana es incapaz de entenderlo. Si se tratara de un asunto de capacidad podríamos decir que el misterio de Dios no «cabe» en la inteligencia del hombre.
Por esto no deberíamos estar tan preocupados por saber qué es Dios y, por el contrario, deberíamos intentar conocer cómo es Dios y cómo se manifiesta por medio de la Revelación.
Es evidente que Dios es Creador, Juez, Legislador, el Bien, la Belleza y la Verdad. Pero todo eso son atributos y cualidades de Dios que no le definen. Si tuviéramos que definir a Dios en una sola palabra ninguna de las anteriores nos serviría. Dios es el Creador de todo lo visible y lo invisible, pero no es un creador lejano, ausente, ajeno a las cosas de los hombres y al transcurrir de la historia.
Dios, por medio de Jesucristo se ha revelado y nos ha comunicado que es Trinidad: tres personas distintas y un solo Dios verdadero. No son tres dioses, sino que solo existe un solo Dios. Pero no son la misma persona, puesto que la persona del Padre no se confunde con la del Hijo ni con la del Espíritu Santo.

2. La Trinidad
La Trinidad es el misterio central de la fe cristiana. Todos los cristianos nos iniciamos en la vida de la gracia en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el sacramento del Bautismo y siempre que hacemos la señal de la cruz nos santiguamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Por la misma razón damos gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo reparando en cada una de la “íes”  cada una de las Personas de la Trinidad.
Que Dios es Trinidad lo sabemos por Revelación divina, no por ciencia humana. Y si lo sabemos es que así es y para nuestro bien. Sin embargo, sigue siendo un misterio para el hombre que no puede entender. Decía san Agustín «si lo has entendido, no es Dios». Parece que Dios juega con los hombres a una adivinanza imposible.

3. Padre, Hijo y Espíritu Santo
En primer lugar, Dios es Padre, es el Creador no creado del cielo y de la tierra, de lo visible y lo invisible. Es el principio y el fin, el alfa y el omega, es todo lo que debemos adorar. Pero Dios, además, se revela como Padre, como un padre cariñoso que busca y quiere a sus hijos. Jesús llamaba a su Padre «abbá», papá, con el  apelativo cariñoso del término arameo en que los niños se dirigen a su propio padre.
Dios Padre es el padre de la parábola del hijo pródigo que sale a buscar y a esperar al hijo, el que va a buscar la oveja perdida, el que compra el campo para buscar el tesoro. A ese padre cariñoso y familiar es al que podemos dirigirnos como hijos necesitados y pedirle su ayuda y amparo. No debemos tener miedo a un padre cariñoso.
El Hijo ha sido engendrado por el Padre, no creado sino engendrado por el Padre, y por eso es de la misma naturaleza del Padre y es Dios. El Padre engendra al Hijo en la eternidad, en cada momento, fuera de la historia y del tiempo, no existe un antes ni un después, sino un eternamente engendrado.
El Padre que es la Sabiduría conoce todo con perfección absoluta y se conoce a Sí mismo de manera perfecta. De tal manera que ese conocimiento perfecto de Sí mismo engendra al Hijo que es la Palabra y la Razón de Dios. Se podría intentar explicar diciendo que el Padre tiene una imagen de Sí mismo que es tan perfecta y tan fiel que no es una imagen sino una realidad y que es otra Persona distinta del Padre pero que no puede ser menos que el Padre y es también Dios, aunque no puede ser otro Dios porque habría dos dioses y el Dios absoluto no puede ser más que uno. Luego la imagen que el Padre tiene de Sí mismo es Dios Hijo, que también es Dios pero es la persona del Hijo.
El Hijo se ha encarnado, se ha hecho un hombre como nosotros para redimirnos de la esclavitud del pecado y por amor se ha dejado clavar en la cruz para ganarnos la vida eterna. Jesús es el Salvador, pero no un salvador cualquiera de entre varios posibles, sino el Salvador necesario. Fuera de Cristo no hay salvación, fuera de las palabras de Cristo —el Evangelio—, no hay salvación. Y además, Cristo es nuestro modelo es el modelo a quien imitar en la vida para alcanzar la vida eterna.
El Espíritu Santo no ha sido creado, ni tampoco ha sido engendrado, sino que procede del Padre y del Hijo. El Padre y el Hijo se aman eternamente y el acto de voluntad de querer tan perfecto produce en el que quiere una nueva realidad que es el Espíritu Santo.
La relación de amor entre el Padre y el Hijo tiene como fruto la procedencia del Espíritu Santo. Es el Amor, el Consolador de los cristianos, el Santificador que con sus dones nos alcanza la vida eterna con Dios, es el Señor y dador de vida que habló por los profetas.
Es llamado Espíritu por analogía con el soplo vital que nos anima y nos marca el ritmo de nuestras emociones. Es el don por excelencia porque lo propio de Dios es darse. La voluntad tiende hacia lo que fue el principio del conocimiento. Dios Padre pensando en Sí mismo concibe el Verbo y partiendo del Verbo ama todas las cosas en Sí mismo.

El hombre racional no es capaz de entender qué es Dios, por el contrario, sí podemos entender que pretender definir a Dios es indiferente para el corazón del hombre. Lo que el mismo Dios quiere cuando nos revela el misterio trinitario es mostrarnos la esencia divina para dar verdadero sentido a nuestras vidas. Y si tuviéramos que resumir a Dios en una sola palabra en justicia solo podríamos decir que Dios es Amor. ■


Felipe Pou Ampuero

Bibliografía
1.      Catecismo de la Iglesia Católica, 232-267.
2.      Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 44-49.
3.      Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, Roma 11 de octubre de 2011.
4.      San Josemaría, Homilía Humildad, en Amigos de Dios, 104-109.
5.      J. Ratzinger, El Dios de los cristianos. Meditaciones, Ed. Sígueme, Salamanca 2005.
6.      Resúmenes de fe cristiana,  Tema 5: La Santísima Trinidad, www.opusdei.org

domingo, junio 16, 2013

74. Globalización


Fecha: 01 de enero de 2013                       


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TEMAS: Cultura, Globalización.
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RESUMEN: 1. Globalización puede ser definida como un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo que unifican sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.
2. A la abundancia de datos y la inmediatez de los mismos se enfrenta la idea sosegada, meditada y asimilada, hecha propia, personalizada por medio del conocimiento.
3. La realidad es la verdad de las cosas y también del mismo hombre que dice que la verdad del hombre es su valor único e insustituible: su dignidad.
4. La característica fundamental del humanismo cívico debe ser anteponer el valor de la verdad a cualquier interés práctico o coyuntural. Ninguna estrategia puede justificar el sacrificio deliberado de la verdad.


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1. Mercado global
Alejandro Llano citando a santo Tomás de Aquino dice que «dos cosas hay que corrompen la justicia: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso».
Los que se dedican a las encuestas y estadísticas nos recuerdan que el 65% de las personas que habita la Tierra no ha realizado nunca una llamada telefónica. También nos dicen que en la isla de Manhattan  hay más conexiones electrónicas que en toda África.
La globalización puede ser definida como un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo que unifican sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global.  Pero la realidad es que hoy por hoy, la globalización mundial es un gran zoco donde los que dominan el mundo pueden vender más caro y comprar más barato, sobre todo, porque se rige por las leyes económicas y no por las leyes morales.
Convendría reparar en que las relaciones electrónicas que son la base técnica de la globalización tienen una índole fundamentalmente técnica, mientras que las relaciones familiares son básicamente humanas. La cuestión central es que el hombre sigue siendo hombre y no se ha convertido en una máquina que encaja en un engranaje global.
Así sucede que el hombre global tiene medios técnicos que le permiten recibir abundante información en tiempo real, pero en muchas ocasiones carece del criterio y la formación necesaria para poder entender y asimilar la ingente información recibida: «información mucha, pero conocimiento poco».

2. Conocer o saber
Porque tener información no es lo mismo que estar informado. Para estar informado es necesario conocer la información recibida. El conocimiento es una actividad humana que hace referencia al saber, al entendimiento y la inteligencia que son actividades netamente humanas que precisan de tiempo, reflexión y estudio. Y aquí reside la mayor dificultad. La reflexión exige tiempo, lentitud, sosiego, tranquilidad, distancia y perspectiva.
A la abundancia de datos y la inmediatez de los mismos se enfrenta la idea sosegada, meditada y asimilada, hecha propia, personalizada por medio del conocimiento. Y esto es algo que la globalización no permite, no quiere y hasta casi hace suponer que es precisamente a lo que se opone. Globalización y pensamiento parece que se excluyen.
Sin embargo, el hombre debe empeñarse en ser precisamente hombre y eso significa tanto como volver a pensar, hacerse preguntas y aprender a responderlas. En una palabra, saber qué hay detrás de toda la información que le llega a toda velocidad. Y aquí aparece un problema: el hombre no nace enseñado, sino que la propia vida es aprendizaje hasta poder decir que «para saber hay que llegar a saber».
Conocimiento y sabiduría que excede de la mera información, de la acumulación de datos, de la inmediatez de la noticia, para llegar hasta la fecundidad, a la profundidad y con ellas a las raíces y el sentido de todo.

3. De la eficacia a la dignidad
Uno de los principios de la Ilustración es la racionalización del mundo y de la sociedad por medio de la ciencia y la tecnología, del progreso histórico y la democracia liberal como la solución a todos los problemas políticos y sociales.
Sin embargo, la toma de conciencia de la crisis de la modernidad viene dada por la comprobación histórica de que ninguna de sus aspiraciones racionalistas se ha cumplido: el hombre no ha sido más feliz bajo los postulados racionalistas. Al final, se comprende que la realidad no es lo que nosotros comprendemos con nuestro entendimiento, sino que solamente podemos ver lo que es real.
La realidad es la verdad de las cosas, de la naturaleza entera y también del mismo hombre y la realidad nos dice que la verdad del hombre es su valor único e insustituible: su dignidad. La dignidad humana hace referencia necesariamente a su valor ético por encima de parámetros económicos, mercantiles o de intercambio. El hombre no vale mucho ni poco, el hombre «es». Y este reconocimiento ético del hombre nos lleva a entender que debemos aprender a distinguir entre lo que parece bueno y lo que es bueno; lo que apetece y lo que conviene; lo que distrae y lo que enriquece. Y esto se aprende, no se lleva en el “adn” de origen, sino que se debe adquirir.

4. Ante todo el hombre
El eje decisivo ahora es el hombre: lo humano o no-humano. Lo que importa es el desarrollo de la persona en toda su amplitud ética, cultural, social, técnica y científica. Y lo no-humano que se opone al hombre es la masificación, la cosificación del hombre considerado como mercancía, como elemento de producción, como material sustituible y reciclable.
Y es que debemos recordar la vieja enseñanza de la metafísica: aunque nosotros no lo seamos, la realidad es siempre fiel a sí misma. Y lo más interesante de esta globalización en la que vivimos y estamos inmersos es que lo humano —la calidad ética y cultural— se pondrá de manifiesto cada vez de manera más clara gracias a la transparencia que aportan las nuevas tecnologías.
En esta sociedad global donde importa el conocimiento más que la información el valor por antonomasia debería ser la verdad. Por esto mismo, resulta más llamativo aún cómo se ha trivializado la verdad en la sociedad tecnológica y global. La característica fundamental del humanismo cívico debe ser anteponer el valor de la verdad a cualquier conveniencia práctica o coyuntural. Ninguna estrategia puede justificar el sacrificio deliberado de la verdad.
Cuando una sociedad sacrifica la verdad se convierte en una sociedad que busca otros fines distintos. Sin el referente de la verdad, sin la medida de los valores que la buscan y la hacen presente entre los hombres, la convivencia social se convierte en un totalitarismo más o menos visible que sólo atiende a fines de poder a costa del sacrificio del hombre. De este totalitarismo práctico no está exenta la sociedad global del mercado único de compras y ventas.


Felipe Pou Ampuero

Bibliografía
1.      Alejandro Llano Cifuentes, Globalización y cultura, en su libro Cultura y pasión, Eunsa, Pamplona, 2007.
2.      Card. Bertone, respuesta en nombre de Benedicto XVI, al primer ministro británico Gordon Brown, 18 junio 2008.
3.       Juan Pablo IIMensaje a los empresarios, 3 marzo 2004.
4.      Rafael Domingo, Nuevos principios para un nuevo orden mundial, ABC, 2 de mayo de 2006.
5.      Benedicto XVI, Los tres desafíos del mundo globalizado, carta a Mary Ann Glendon, Vaticano 28 abril 2007.
6.       Alejandro Navas, La generación Ipad, La Razón.